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La enseñanza de la agricultura en primaria y secundaria en el reinado de Isabel II


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21/09/2014

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En este artículo estudiaremos cómo se articuló la enseñanza de la agricultura en los niveles de primaria y secundaria en el reinado de Isabel II. Para ello, debemos realizar un recorrido legislativo sobre estos niveles educativos[1]. La primera reseña será el Real Decreto de 4 de agosto de 1836, que estableció el Plan General de Instrucción Pública. En la instrucción primaria se establecía que en las escuelas de localidades rurales se procuraría educar a los niños en trabajos manuales, cultivo de árboles y otras labores del campo, según los cultivos de cada zona. En cuanto a la secundaria, impartida en los institutos públicos o en establecimientos privados, no aparece ninguna mención a la agricultura, ni en el nivel elemental ni en el superior, que eran las dos etapas en las que se dividía esta enseñanza.


            Tenemos que llegar hasta la Ley de Instrucción Pública o Ley Moyano del año 1857 para encontrar el más acabado diseño escolar español durante mucho tiempo y donde la agricultura aparecerá como asignatura en ambos niveles educativos. La educación primaria se dividía en dos etapas: una elemental y otra superior. En la elemental se incluían unas breves nociones de agricultura, junto con otras de industria y comercio, en función de las localidades, intentando, pues, adaptar en cierta medida la escuela al lugar donde estaba establecida. En la primera enseñanza superior se establecía, en primer lugar, la ampliación de las seis materias de la elemental –la sexta era el combinado de agricultura, industria y comercio- y una serie de nuevas asignaturas, entre las que se incluía la agrimensura en el primer grupo de materias de los dos en que se componía este grado. Así pues, la agrimensura iba asociada con una evidente lógica, a la geometría y el dibujo lineal. La enseñanza femenina era especial y afectaba a la materia que aquí nos tiene ocupados. Las niñas no estudiarían en el nivel elemental el sexto grupo –agricultura, industria y comercio- ni el primer grupo de la superior donde estaba incluida la agrimensura, sino “labores propias de su sexo”, además de un dibujo aplicado a estas labores e higiene doméstica.

            En cuanto a la enseñanza secundaria, también se articulaba una división entre los estudios generales y unos estudios de aplicación a las profesiones industriales. Entre estos últimos se incluía:

            -Dibujo lineal

            -Nociones de agricultura

            -Aritmética mercantil

            -Otros de aplicación a la agricultura, artes, industria, comercio y náutica.

            Para estudiar estos estudios de aplicación había que haber cumplido diez años y pasar un examen general de las materias que se habían cursado en la primera enseñanza superior. Esta secundaria venía a ser, con todas las salvedades temporales, una especie de moderna formación profesional, mientras que los otros alumnos que terminaban la primaria pasaban a la secundaria de estudios generales, más cercano a lo que entendemos como bachillerato. Terminados con éxito los estudios de aplicación se les daría a los alumnos el título de peritos en la carrera elegida, mientras que los otros serían bachilleres en artes. Es la primera vez que aparece la figura del peritaje en agricultura, como grado inferior frente a la ingeniería en agronomía, en esta misma ley.

            Para enseñar agricultura en las escuelas e institutos hacía falta un libro de texto. Durante la etapa previa de cátedras de agricultura en el reinado de Fernando VII  se había empleado la obra Lecciones de Agricultura de Antonio Sandalio de Arias. Pero, una vez que el Estado liberal decidió institucionalizar esta enseñanza se hacía imprescindible establecer un manual. Esta cuestión ha sido estudiada por Peset, Garma y Pérez Garzón en un libro clásico sobre la enseñanza de las ciencias en la época de la Revolución burguesa[2]. Según estos autores, en 1849 había sido adoptado como texto oficial y obligatorio para los ejercicios de lectura para los niños más atrasados, así como para las lecciones que servirían para ejercitar la memoria de los alumnos más aventajados, el Manual de agricultura de Alejandro Oliván. La Ley Moyano había establecido la obligatoriedad de impartir agricultura y este fue el libro que se adoptó en las escuelas públicas, con una nueva edición, mientras que en las privadas se permitía elegir entre el Oliván y el Catecismo de agricultura de Julián González de Soto, obra que había quedado segunda en el concurso del año 49. Los autores hacen una reflexión sobre los aspectos ideológicos que encierra tanto el texto de Oliván como de las circunstancias históricas en las que fue premiado, en plena década moderada. En el texto se resaltaría una agricultura de signo capitalista. Aunque era un libro para los alumnos de las escuelas públicas, los autores afirman que por esta razón existía una cierta contradicción en la obra, ya que, en realidad, se dirigía a los hijos de las clases propietarias, como lo demostrarían los consejos que realiza sobre la conducta de los criados, mozos y peones de las explotaciones agrarias.

 

[1] Hemos consultado, Historia de la Educación en España. II. De las Cortes de Cádiz a la Revolución de 1868. Breviarios de Educación, Madrid, 1985.



[2] PESET, JL., GARMA, S., PÉREZ GARZÓN, J.S., Ciencias y enseñanza en la revolución burguesa, Madrid, 1978, págs.. 21 y ss.







Etiquetas:   Agricultura
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