Hoy he sido testigo de excepción de una de esas escenas que no dejan indiferente a nadie, o por lo menos a mi. En un viaje que calificaría como trivial, típico trayecto doméstico en el cual recorres casi por inercia los escasos kilómetros que te separan de tu hogar, me he encontrado absorto en mis pensamientos ante una de esas imágenes tan bonitas como tristes, que inundan nuestro día a día.



