En la política mexicana existe una gran proclividad a simular en el discurso, como si se tratara de que por repetir insistentemente una postura o idea, esta se fuera a convertir en realidad.
En la política mexicana existe una gran proclividad a simular en el discurso, como si se tratara de que por repetir insistentemente una postura o idea, esta se fuera a convertir en realidad.
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