. Producen
lluvias, truenos, relámpagos, terremotos, nubosidades, mareas fuera de tiempo,
plantas que florecen o se secan rápidamente, granizos, calentamiento espontáneo
de objetos, levitaciones, perturbación en la vida animal, plagas de insectos o
expulsión de ellos, etc.
De allí que es común ver que en
la China tradicional se llame a un maestro taoísta para acabar con alguna
sequía de varios años, y en una semana
de meditación silenciosa la lluvia llega trayendo nueva vida a la tierra y a la
aldea alejada de la armonía con el Tao. Lo mismo sucede con famosos shamanes
que también hacen llover con oraciones y sus tambores.
La leyenda del flautista de
Hamelin y de la vida de Krishna nos muestra poder sobre ratones y vacas,
respectivamente. Historias indias de Norte-América nos narran dominio sobre
osos y lobos. Y respecto de los más grandes avatares las sincronicidades
significativas ya comienzan desde su nacimiento, y en sus leyendas puede leerse
que la naturaleza entera sonríe ante su advenimiento. Caen lluvias de
estrellas, la primavera llega entes, los demonios se esconden en cavernas, los
pajaritos cantan otras melodías, los dioses derraman pétalos de flores en el
sitio del nacimiento de ese personaje enviado a la tierra a una gran misión.
Como los libros orientales son
muy poéticos y prolíficos en ese tipo de narraciones, que desde luego contienen
elementos simbólicos mezclados con los datos estrictamente históricos, la
persona de Jesucristo queda un poco eclipsada. Los evangelistas son narradores muy
austeros y enfocados en lo humano-divino y en el mensaje del Nazareno, y casi
no mencionan los signos cósmicos de su advenimiento y del desarrollo de su
misión en la tierra. Les basta una o dos líneas para indicar la respuesta de la
naturaleza ante la presencia de Cristo. Y se debe hacer un trabajo especial
para rastrear esos fenómenos.
Así las cosas se nos menciona la
famosa estrella de Belén, que vieron los reyes magos en Persia y guiados por
ella viajaron a Palestina y conocieron al niño Jesús. Al investigar
matemáticamente la época del nacimiento de Jesús en los mapas del cielo que
hacen los astrónomos se descubrió que si
existió tal estrella. Tres veces en aquel año 7 antes de Cristo, hubo una
conjunción de planetas muy brillantes en la constelación de Picis. Se juntaron,
por única vez en varios milenios, el gigante de Júpiter y el gigante anillado
de Saturno. Tres veces en aquel mismo año. El 29 de Mayo, el 3 de Octubre y el
4 de Diciembre del año 7 A. de C. No en vano el número tres es sagrado en varias
tradiciones religiosas. Y las tres conjunciones en la misma constelación de
Picis. Nunca más se ha repetido ese triple fenómeno en la historia de la
astronomía mundial.
Desde luego que ha habido otras
ocasiones de conjunciones de Júpiter con Saturno, pero no tres seguidas en el
mismo año y en la misma constelación.
El asunto tomo un gran interés
para los Magos persas pues ellos estaban esperando desde hacía varios siglos el
retorno de Zoroastro-Zarathustra, según anunciaba el propio Avesta. Y al mirar
el cielo entendieron los signos y decidieron que había que venir a presentarle
honores a su gran profeta y maestro ausente de la tierra por siete siglos. Y
así lo hicieron y el resto de la historia es muy conocida. La memoria de las
tres conjunciones se perdió pero se conservó el dato del tres en la historia de
los tres reyes magos. Los Apócrifos nos hablan de otras cifras de reyes magos 7
o 9 o 12. La iglesia infiere que son tres por que los regalos eran tres: Oro,
Incienso y Mirra, ya que el texto de Mateo no dice nada del número exacto de
personas de la comitiva que vino de Oriente. Son sacerdotes persas acompañados
de sus servidores o discípulos.
Luego también existen
repercusiones en los mundos paralelos o invisibles cuando viene un Avatar a la
tierra. Por eso los pastores que cuidaban sus ovejas en las cercanías a Belén
de Judea tuvieron visiones de espíritus gloriosos, -ángeles o seres de luz-,
que les indicaron que en la ciudad de David había nacido el Mesías. Y fueron a
verle para adorarle. (Ver cap. 2 de Lucas.) Los pastores encontraron a Jesús y
a sus padres en el pesebre, pero cuando llegaron los reyes magos ya Jesús,
María y José habían encontrado una casa y en ella les recibieron. (Ver Mateo
2,10). De esas manifestaciones del mundo invisible también nos cuentan las
narraciones de Budha, de Krishna y de Mahoma.
Aunque los milagros de sanación y
de expulsión de demonios ya muestran un dominio sobre la naturaleza y una
influencia sobre el kosmos visible e invisible, trataremos en esta exposición
de no referirnos a esos efectos de la acción de Jesucristo, para concentrarnos
en lo extrahumano, y en las llamadas coincidencias significativas, que también
son un modo de lenguaje de Dios inscrito en el kosmos. Se les llama
significativas por ser signos, señales o letras de un lenguaje divino que va entendiendo el que los recibe o los
observa.
El evangelio de San Lucas es el
que nos informa de uno de los primeros milagros que superan el ámbito de lo
humano y entra en lo cósmico. Es la Pesca milagrosa. Pedro y su gente habían
navegado toda la noche y no habían pescado nada. Y ya habían perdido la
esperanza de capturar algunos peces ese día. Jesús acababa de predicar su
mensaje desde arriba de la barca. Y le ordena a Pedro que conduzca la barca
hacia aguas más profundas y que tire las redes. Según la experiencia de Pedro y
sus amigos no había peces en esa área del lago. Pero por fe en la palabra de su
Maestro, arrojo las redes y sacó de inmediato cientos de peces y tuvo que pedir
ayuda a otros pescadores para levantar las redes rebosantes de peces.
Dos fenómenos deben entenderse
aquí. El primero es que la voluntad omnipresente de Cristo, armonizada con la
naturaleza, convocó a los peces de todo el lago ese lugar, y dos, que la mente
de Jesús percibió la presencia de los peces en el momento justo y dio la orden
de su captura. Y, además, el milagro era una manera de objetivar el llamado
divino a Pedro de convertirse en Pescador de Hombres. Y así lo dice la misma
narración del capítulo 5 de Lucas. Los peces, como parte del kosmos natural,
obedecieron a la convocatoria de Jesucristo y sellaron el llamado al Príncipe
de los apóstoles y a los demás discípulos. Eso indica una especial relación con
la posición de las tres conjunciones de Júpiter y Saturno en la constelación de
los peces, antes que el naciera e inmediatamente después de nacer. Cielo,
tierra y agua unidos en una misteriosa comunión conspirativa por la salvación
de los hombres.
Otra sincronicidad significativa
es un pago de impuestos por medios milagrosos. En Mateo 17, 24 al 27 se narra
que a Jesús y a Pedro le cobraron impuestos para el templo, y como él no tenía
con que pagarlo le dijo a Simón que
fuera al lago tirara un hilo con anzuelo y el pez que sacara tendría adentro
una moneda que serviría para pagar esa deuda sagrada. Y así fue. Eso demuestra
que la Omnisciencia estaba unificada con
Cristo otorgándole los datos objetivos y las soluciones que deberían surgir del kosmos que le rodeaba.
Otro tipo de fenómenos son
extraños temblores de la tierra, que se presentaron en la muerte de Jesucristo
y un poco después de la resurrección, tras una flagelación que se aplico a Juan
y a Pedro por predicar la Divina Palabra y se reúne con los demás discípulos y
piden confianza y valor para seguir adelante con su Misión. Ver Mateo 27,51 y
Hechos 4,31. Tal como si la tierra sintiera la solemnidad y la trascendencia de
los hechos que están ocurriendo sobre ella. El cosmos responde a los hombres
santos con esas señales que refuerzan la decisión y la fe de esos compromisos
sagrados, pues el cosmos es el cuerpo físico de una entidad que podemos llamar
el alma de la tierra.
Fenómenos como esos no son tan
extraños. La literatura sagrada conoce el caso de San Pablo de la Cruz que toco
una pared de una casa en Italia y el edificio tembló, y en Santiago de Chile,
cuando el Venerable Pedro de Bardesi juró seguir el camino de San Francisco de
Asis en a los finales el siglo 17, el templo franciscano tembló también. Desde
luego son vibraciones telúricas locales, que abarcan un área pequeña, no
registrada por los sismógrafos. Pero así responde el cosmos a los que unen sus
mentes a un propósito superior a la mera ganancia de poder político o
económico.
Esta respuesta de la madre tierra
narrada por el evangelio es concordante con lo dicho en algunos textos
orientales, como los Bhakti Sutras de Narada, donde se afirma que la presencia
de un avatar o de un mahatma en el mundo hace que el alma de la tierra se
sienta más segura, y al mismo tiempo hace que el mundo psíquico se mantenga unificado.
Otro tipo de fenómeno es la
presencia de extraños movimientos de nubes en torno de la persona de
Jesucristo. Tres veces se observan esos movimientos nubosos en momentos
cruciales de la misión de Jesucristo. El primero es una nube luminosa que se poso
sobre el monte Tabor, o monte de la Transfiguración, cuando Jesús y los tres
apóstoles más avanzados de la iglesia naciente,
-Pedro Juan y Jacobo el mayor- , ascendieron a su cumbre y vieron
resplandecer a su maestro. Ver Mateo 17,5. Marcos 9,7 y Lucas 9,34.-
El segundo fue en el momento de
la crucifixión. Entre las 12 del día y las 15 horas se oscureció el cielo
completamente con oscuros nubarrones. Ver Mateo 27,45, Marcos 15,33 y Lucas 23,44.
Y el tercero fue la nube que lo
ocultó de las miradas en el momento de la Ascensión de Jesús al cielo. Ver
Hechos de los Apóstoles 1,9.-
Esos fenómenos de nubosidad
también ocurrieron en el Antiguo Testamento sobre el monte Sinaí como respuesta
a las oraciones de Moisés, y en Palestina por plegarias del Profeta Samuel. Y
en el momento de la muerte de algunos santos católicos. Es conocido el caso de
que cuando el catafalco con el cadáver del Padre San Alberto Hurtado fue
conducido por las calles de Santiago de Chile hacia su sepultación definitiva
en la Parroquia Jesús Obrero, una enorme cruz de nubes se mostró en el cielo sobre la muchedumbre que acompañaba
al Padre a su última morada. El hecho motivo el asombro de la gente y muchos le
sacaron fotografías. El autor de estas líneas las ha visto. El hecho ocurrió al
medio día del 20 de Agosto de 1952. Y se comentó en la prensa de la época.
Para los kabalistas y los
místicos judíos estas manifestaciones nubosas son signos de la Shejinah, o de
la Presencia Divina en el mundo. Por eso en el caso de la Transfiguración de
Jesús en el Monte Tabor, el Padre Divino habló con los tres apóstoles desde el
interior de la nube. En rigor esa nube oculta un portal interdimensional. Y se
ha producido espontáneamente hasta en el interior de ciertos edificios sagrados
como el templo de Jerusalén y en más de algún monasterio Tibetano. Y si nos
atenemos a la leyenda del rey Arturo y a narraciones de Shamanes también esas
nubes misteriosas se han hecho presentes en medio de ceremonias de ese
carácter. Ver obras de Mircea Eleade para verificar lo dicho en estas líneas. Y
si uno lee literatura de los grandes taoístas y observa cómo se describe esa
realidad misteriosa que es el Tao, descubriremos que es una niebla o nubosidad
sin límites, tal como se describe en la Biblia. Es un gran Vacío que está lleno
de esa nube consciente que responde al llamado de los hombres que siguen el
Sendero Antiguo.
Lo dicho sobre las nubes que se
acercan a Cristo es concordante con el control de los vientos, pues Jesús calmo
una tormenta que amenazada la vida y la navegación de la barca de Pedro, con su
sola voz y su palabra de mando. Ver Mateo 8,23-27, Marcos 4,35-45, Lucas
8,22-25. Según el Korán el Rey Salomón controlaba el espíritu de los vientos, y
no se podría esperar menos de otro hijo de David como era Jesús. Recordemos que
hasta algunos Shamanes de Hawai y de la Polinesia son famosos por controlar los
vientos y el clima por añadidura, usando conjuros o invocaciones. En el caso de
Jesucristo el usó mandatos directo. Y le resulto bien, impresionando profundamente
a sus discípulos. Como el Tao es el Ordenador del kosmos debemos entender que
Jesús es Uno con ese ordenador omnipresente.
Eso concuerda con las mismas
palabras de Jesús, registradas por San Juan: “Mi Padre y Yo somos Uno”. Ver Evangelio de Juan 10,30. Para un ser así
no es de sorprendernos que camine sobre las aguas, o que resucite muertos o que
conozca el futuro como un San Juan Bosco.
Ya sabemos que caminar sobre las
aguas es una forma de levitación, y otra forma encubierta de levitación se produjo
al moverse sola enorme piedra que cubría la puerta de su tumba a la hora de su
resurrección. Ver Lucas 24,2. Marcos 16,4. Las estrellas y el Tao tenían razón
al mandarnos su triple mensaje desde la constelación de Picis en aquel año 7
antes de Cristo.