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Historia y reflexión del escudo heráldico de la ciudad de Oaxaca de Juárez


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12/05/2014


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Existe un sistema de fértiles valles ubicados al centro del estado de Oaxaca, a una altitud promedio de 1550 metros sobre el nivel del mar, con un clima semicálido sub-húmedo (según Köppen), en los cuales han habitado los zapotecas desde el temprano preclásico mesoamericano y los mixtecos a partir del


siglo XIII d.C.

En uno de estos valles se ubica la actual ciudad de Oaxaca, en los alrededores de la cual surge esta historia.

Cuenta la leyenda que hubo a finales del siglo XV una guerra entre zapotecas y aztecas, siendo el rey de los primeros Cosijoeza y de los segundos Ahuizotl. Éste fue vencido y propuso la paz ofreciendo a Cosijoeza, como prueba de amistad, la mano de su hija Coyolicatzin.

Cosijoeza aceptó pero aplazó la ceremonia de su boda ya que tenía cierta desconfianza.

Según la leyenda, estando en una ocasión el rey zapoteca tomando un baño en un manantial, repentinamente apareció ante él una hermosa mujer; preguntándole Cosijoeza quién era y qué quería, la dama respondió -soy Coyolicatzin la hija más amada del emperador Ahuizotl y elegida por él para casarme contigo. Deseando conocerte les pedí a los dioses que me condujeran hacia ti.

El rey Cosijoeza quedó enamorado de ella y envió embajadores al emperador Ahuizotl para concertar la boda. Al poco tiempo se desposaría con Coyolicatzin convirtiéndose de esta manera en yerno de su antiguo enemigo.

De este matrimonio se engendraron cinco hijos, siendo el último en nacer una niña. El rey zapoteca pidió al pontífice Tiboot un pronóstico respecto a la recién nacida y éste respondió -Señor, en el momento de nacer la pequeña, allá en el oriente el fuego continuo abrazaba el horizonte y sobre el cenit de Teotzapotlán una nube negra y pavorosa se cernía. Estas señales indican que la niña es precursora de funestos sucesos, en los que por amor a su pueblo se sacrificará. El rey dijo entonces, conviene que su nombre sea Donají “alma grande”.

Pasaron unos cuantos años y Cosijoeza sintiéndose fuerte le declara la guerra a su antiguo aliado Dzahuindanda. Sin embargo los sahayuquenses (pueblo mixteco del cual Dzahuindanda era rey) atacan fieramente a los zapotecos y los derrotan. De esa batalla los guerreros zapotecas capturaron a un soldado herido.

Éste vestía y portaba elementos que denotaban que era de alta alcurnia. 

Donají era ya una adolescente cuando vio llegar a este guerrero moribundo, se compadeció de él, le lavó las heridas y le escondió en sus aposentos. El nombre de este guerrero era Nucano “fuego grande” y entre ellos surgió un amor intenso.

Nucano al recuperarse de sus heridas pidió a Donají que le dejara ir a lo cual ésta aceptó.

Cosijoeza preparaba una revancha para reivindicar su honor, cuando llegó a sus oídos la noticia de la llegada de hombres blancos barbados al señorío de Tlaxcala. El rey zapoteca, preocupado por la antigua profecía de que la llegada de hombres blancos y barbados significaba el fin de los pueblos del maíz, envió embajadores a que se entrevistasen con ellos; especialmente con un señor conocido como Hernando Cortés.

Distraído en esto, los mixtecos se reorganizaron y atacaron a Cosijoeza en su misma capital. El final de todas estas escaramuzas llegó a su fin cuando un enviado de Cortés apellidado De Orozco obligó a zapotecas y mixtecas a firmar un tratado de paz y como resultado de éste Dzahuindanda recibió de rehén y como garantía de paz a la princesa Donají.

La princesa fue hecha prisionera y llevada a la fortificación mixteca de Danni Dipaa, lugar conocido actualmente como Monte Albán. Una noche en que los mixtecos dormían confiados, Donají envió a su padre, a través de sirvientes que regularmente la visitaban para verificar su salud y bienestar, un mensaje en el cual le informaba que la fortaleza estaba poco protegida.

Poco tiempo después una saeta penetró al sitio donde se encontraba Donají; era la señal de que los suyos iban a rescatarla. Sin embargo, en pleno proceso de huida unos guardianes mixtecas lograron re aprehenderla y esta vez tomaron venganza en su persona.

Bajaron de la guarnición hasta el río; en el camino los labios de la princesa musitaban un nombre, Nucano, Nucano, aquel guerrero enemigo el cual era su amor imposible y ahora sólo era un recuerdo. Los ojos de Donají se entrecerraron pensando finalmente en Zaachila, su patria, su gente y su familia.

Los jefes mixtecos reunidos todos en la margen izquierda del rio Atoyac, decapitaron a Donají y la enterraron ahí mismo presurosamente para no dejar huella a los zapotecas de aquel asesinato. El presagio de la muerte de la princesa por su pueblo estaba consumado.

Después de un tiempo los zapotecas averiguaron que el cadáver de Donají descansaba en un lugar de la margen izquierda del río y que el sitio exacto era donde brotaba un lirio en flor morada. Ubicaron el sitio y al cavar encontraron el cadáver. Sorprendidos quedaron al ver la cabeza con el cuello hacia abajo, la cara al oriente, algo inclinada hacia la izquierda con las raíces del lirio sobre la frente y sien derecha. Dicha cabeza se encontraba sin corromper.

Casi cinco siglos después el profesor J. Robert Von Dick Hoheustaufen de la universidad de Heidelberg, Alemania, descubrió unos jeroglíficos grabados en una lápida de una tumba a los cuales les dio la siguiente interpretación: “la concha que aparece al centro y arriba, cuando no tiene otros dibujos que los propios, significa estéril o doncella. Por encima del dibujo de la concha y a la derecha hay un dibujo en ángulo recto cuyo significado es cuchillo que corta y terminando el dibujo hacia arriba, un círculo que señala cabeza. A los lados de la concha hay dos jeroglíficos duplicados e invertidos que significan mujer y nobleza.

Tenemos pues los siguientes conceptos: mujer, nobleza, doncella, decapitada y cuchillo; que coinciden muy bien con la leyenda de la princesa Donají”. Presumiblemente es la lápida de su tumba. La cabeza de esta princesa zapoteca se eligió en 1827 como escudo de armas de la ciudad de Oaxaca de Juárez.



Cabe destacar que la primera versión del escudo fue elaborada sobre un marco ovalado de oro, pero en una revuelta fue burlada la seguridad y robado. Entonces se repuso por una segunda versión en tela y puesto en custodia de Don Manuel Martínez García.



Esta heráldica ha tenido muchas modificaciones a lo largo de su historia; los elementos que la integran varían de posición (como las raíces del lirio que a veces aparecen en el oído y otras veces en la frente, o el cocodrilo que en unas variantes es transfigurado a perro).

La versión que estudio aquí es la más rara de todas, ya que no se sabe a ciencia cierta su origen; por su trazo y estilo se ubica en período de tiempo que va de 1920 a 1935. Se trata de un rostro femenino el cual apaciblemente reposa sobre su perfil izquierdo.

Sobre su perfil derecho brota un lirio en flor; el cual orgullosamente se yergue sobre la cabeza de su anfitriona. Con sus raíces, tallo y hojas se aferra, abraza, aprieta y acaricia la cabeza sin tocar nunca el rostro de la princesa. El carcaj bajo el arco contiene cinco flechas; junto a éste ligeramente atrás y muy cerca del cuello de la dama, aparece también una estilizada macana.

Finalmente un cocodrilo pequeño se posa atrás de la composición, siendo perceptible sólo el hocico, el ojo y la cola enroscada en el cuello mutilado de la doncella.

Vemos cejas medianamente pobladas, una nariz que, si no es completamente recta, tampoco es aguileña. Los labios carnosos encajan en una boca pequeña. Los pómulos tampoco llegan a ser prominentes y es el rostro ovalado.

Por la serie de atributos de la composición podemos denotar que José María Melo devenía de una tradición pictórica europea y lo reflejó en su trabajo alegórico. De ninguna manera aparecen los rasgos estereotípicos de una mujer indígena zapoteca en su creación. De hecho el escudo estudiado es un típico Flapper de los años 20.

Actualmente el municipio de Oaxaca de Juárez utiliza una versión basada en la de 1910.

La historia tanto de la princesa Donají como del origen del escudo nos dejan claros tres panoramas: el primero de ellos lo llamo “Geográfico” el cual a continuación explico.

Donají (Juana Cortés, nombre cristiano después de su bautizo en 1521) era una princesa zapoteca que vivía en Zaachila. Este municipio se encuentra actualmente a 12 km de la ciudad de Oaxaca. Pero ubicándonos históricamente en las dimensiones de la misma a principios del siglo XVI la distancia entre Zaachila y Jalatlaco (la guarnición que existía en el territorio que hoy ocupa la capital) se incrementa a 18 km.

Concluyo entonces que Jalatlaco siendo una guarnición militar no era aposento de Donají, ni siquiera del mismo Cosijoeza. Incluso para ir a Mitla ellos transitaban por una ruta de 45 km que comunicaba a Zaachila con los asentamientos zapotecos de Coyotepec, Teitipac, Papalutla, Guelavía, Tlacolula y Yagul (aún quedan vestigios de ese camino real), el cual no pasa cerca de la actual ciudad de Oaxaca.

La doncella fue ejecutada por los mixtecos en la margen izquierda del río Atoyac. Ubicándonos geográficamente el lugar del crimen fue la margen cercana a la ladera oriental del cerro del jaguar (la ruta más corta hacia el río) y eso nos coloca en una zona limítrofe entre el municipio de Oaxaca de Juárez y el de Atzompa. Por lo tanto geográficamente Donají no tiene relación con los territorios que ocupa la actual ciudad de Oaxaca; ya que no nació, ni vivió, ni murió en el territorio de la verde Antequera.

El segundo panorama es el “representativo” en el cual me refiero a la forma en que está representada la princesa zapoteca. Casi no posee rasgos indígenas y la composición alegórica está saturada de elementos no relacionados con la cultura zapoteca; incluso algunos elementos llegan a ser fantasiosos como el caso del cocodrilo, el cual no tiene ninguna justificación, ya que en el río Atoyac no se tiene documentado que hayan habitado nunca (ni cocodrilos ni caimanes).

El tercer panorama es el “electivo” en el que problematizo acerca de cómo una imagen fue elegida por un gobernador sin someterla a concurso popular; no se hizo ninguna convocatoria que dotara al gobierno de opciones de elección. Simplemente se eligió desde la gubernatura estatal esta imagen (la única presentada) de manera autoritaria, coartando la oportunidad de dotar a la ciudad de opciones quizá mucho más precisas y con mejor calidad técnica de representación.

Con los tres panoramas expuestos anteriormente me atrevo a precisar que este escudo ha existido como símbolo de la ciudad de Oaxaca gracias a la complacencia popular, generada quizá por un desconocimiento del origen de una heráldica llena de imprecisiones históricas y con defectos representativos muy puntuales.

Me queda sólo preguntar al lector que poco más de 180 años de la creación e implementación de la imagen de Donají como escudo heráldico de la ciudad y

conociendo el panorama histórico del mismo; ¿no sería adecuado proponer un rediseño del escudo o siendo más atrevidos, convocar a la ciudadania a que participe en el diseño de uno nuevo que cumpla mucho mejor con las características sociales, naturales y culturales de la verde Antequera?

Sin pretender de ninguna manera demeritar el trabajo de José María Melo; el objetivo de este artículo es el de concientizar al lector sobre la realidad de una imagen la cual se asume como propia de la ciudad sin cuestionarse la realidad histórica de la misma.

















Etiquetas:   Debate   ·   Historia   ·   México

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1 comentario  Deja tu comentario


, ¿Hay imágenes de lo que describe el profesor alemán? ¿Qué otros elementos se tienen para asegurar que se trata del personaje de Donají?

La iconografia, en general, es un mito, de cierta manera. Sin duda es rico, para el placer intelectual, descubrir la verdad de las cosas.

Sigamos la discusión que se antoja agradable.
Saludos,




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