Visten a la última y su patrón de moda lo marcan las firmas populares que fotocopian a las chicas temporada tras temporada. Ya apuntan maneras durante la carrera, haciendo resonar sus tacones por pasillos, clases y, lo que es peor, por bibliotecas. Maquillan su rostro antes de abrir sus apuntes y afilan sus perfiladores en vez de sus lápices, porque la sencillez no cabe en su mundo de futura presentadora de moda. Pasean sus palmitos entre los alumnos, clavando sus ojos en los más agraciados, dispuestos a formar una pandilla de modernos chic que marcarán el paso al ritmo de taconeo de charol. Pero también las hay, y no son pocas, las que dominan el arte de encandilar al profesorado, que aprende antes los nombres de las minifaldas cortas que los de las notas altas.



