.jw.org/es/publicaciones/revistas/wp20140701/por-qu%c3%a9-pasan-cosas-malas/#footnote1" data-anchor="#footnote1" class="footnoteLink jsNoScroll">*
ha creado todas las cosas y es todopoderoso, mucha gente lo
responsabiliza por todo lo que pasa en el mundo, incluidas las cosas
malas. Sin embargo, la Biblia dice lo siguiente acerca de él:
- “Jehová es justo en todos sus caminos.” (Salmo 145:17.)
- “Todos [los] caminos [de Dios] son justicia. Dios de fidelidad, con quien no hay injusticia; justo y recto es él.” (Deuteronomio 32:4.)
- “Jehová es muy tierno en cariño, y [es] misericordioso.” (Santiago 5:11.)
Está claro que Dios no hace cosas malas. Sin
embargo, hay quien piensa que sí motiva a la gente a hacerlas. ¿Es
cierto eso? De ningún modo. La Biblia dice: “Al estar bajo prueba, que
nadie diga: ‘Dios me somete a prueba’. Porque con cosas malas Dios
no puede ser sometido a prueba, ni somete a prueba él mismo a nadie” (Santiago 1:13).
Él no prueba a la gente incitándola a hacer el mal. No hace cosas malas
ni empuja a los demás para que las hagan. Entonces, ¿a qué o a quién
hay que culpar?
ESTAR EN EL LUGAR INDEBIDO EN EL MOMENTO INOPORTUNO
La Biblia explica con estas palabras una de las
razones por las que el hombre sufre: “El tiempo y el suceso imprevisto
les acaecen a todos” (Eclesiastés 9:11).
Cuando ocurre un accidente o una situación inesperada, puede o no haber
afectados. Eso depende en gran parte del lugar y el momento en que
suceda. Hace dos mil años, Jesucristo habló del derrumbe de una torre
que mató a 18 personas (Lucas 13:1-5).
Las víctimas no murieron debido a la clase de vida que llevaban:
simplemente estaban cerca de la torre cuando se vino abajo. En nuestros
días, el terremoto que devastó Haití en enero de 2010 se cobró
300.000 vidas, según informes del gobierno, y arrasó el país sin hacer
ningún tipo de distinción. También las enfermedades pueden sobrevenirle a
cualquier persona y en cualquier momento.
¿Por qué no protege Dios a la gente buena de los desastres?
Quizás alguien se pregunte: “¿No pudo haber
evitado Dios esos desastres? ¿No pudo haber protegido a la gente buena
de la calamidad?”. Pues bien, para poder intervenir, Dios tendría que
saber cuándo van a suceder dichos sucesos. Y aunque es cierto que él
tiene la capacidad de predecir el futuro, hay una pregunta que debemos
hacernos: ¿utiliza su poder de predicción para predecirlo todo? (Isaías 42:9.)
La Biblia dice: “Nuestro Dios está en los cielos; todo lo que se deleitó en hacer lo ha hecho” (Salmo 115:3).
Así es, Jehová hace todo lo que considera necesario, pero no todo lo
que es capaz de hacer. Eso es particularmente cierto en lo que tiene que
ver con predecir el futuro. Por ejemplo, cuando las
antiguas ciudades de Sodoma y Gomorra se llenaron de maldad, Dios le
dijo al patriarca Abrahán: “Estoy completamente resuelto a bajar para
ver si obran del todo conforme al clamor que acerca de ello ha llegado a
mí, y, si no, podré llegar a saberlo” (Génesis 18:20, 21).
Durante un tiempo, Jehová no quiso conocer el grado de maldad que
existía en aquellas ciudades; de modo que él decide no predecirlo todo (Génesis 22:12).
Ahora bien, esto no quiere decir que sea imperfecto o débil. La Biblia
dice: “Perfecta es su actividad”; de modo que él equilibra su capacidad
de prever el futuro con el cumplimiento de su propósito. No obliga a
nadie a obedecer sus normas (Deuteronomio 32:4). La conclusión es, simple y llanamente, que Dios decide qué cosas predecir y qué cosas no.
¿Por qué no protege Dios a la gente buena de la delincuencia?
¿TIENE EL HOMBRE LA CULPA?
Parte de la culpa por la maldad la tiene el ser
humano. La Biblia explica así el proceso que da origen a un acto dañino:
“Cada uno es probado al ser provocado y cautivado por su propio deseo.
Entonces el deseo, cuando se ha hecho fecundo, da a luz el pecado; a su
vez, el pecado, cuando se ha realizado, produce la muerte” (Santiago 1:14, 15). En efecto, cuando una persona lleva a cabo sus malos deseos, lo más seguro es que sufra las consecuencias (Romanos 7:21-23).
Por otro lado, el hombre ha cometido actos espantosos que han causado
muchísimo sufrimiento a los demás, tal como lo demuestra la historia.
Y no solo eso, sino que los malvados influyen en otras personas y las
corrompen, con lo cual se crea un círculo vicioso que no acaba nunca (Proverbios 1:10-16).
El hombre ha cometido actos espantosos que han causado muchísimo sufrimiento a los demás
¿Debería intervenir Dios? ¿Debería impedir que
hiciéramos cosas malas? Bueno, pensemos en la manera en que hemos sido
hechos. La Biblia dice que Dios nos creó a su imagen y semejanza.
Gracias a ello podemos imitar sus cualidades (Génesis 1:26). Además, nos dio un hermoso regalo: la libertad de elegir. Podemos decidir si vamos a amarlo y a obedecer sus normas (Deuteronomio 30:19, 20).
Si nos obligara a actuar de cierto modo, ¿no estaría quitándonos el
regalo que nos ha dado? ¿No nos convertiríamos en robots programados
para hacer lo que él quisiera? Lo mismo pasaría si el destino, o kismet, determinara
todo lo que hacemos y lo que nos ocurre. Es de agradecer, sin duda, que
Dios nos trate con dignidad y nos permita elegir el camino que
tomaremos en la vida. Ahora bien, eso no significa que estemos
condenados a sufrir para siempre debido a los errores y malas decisiones
de los demás.
¿PODRÍA SER UNA CUESTIÓN DE KARMA?
Si le hiciéramos la pregunta de la portada de esta revista a un hindú o a un budista, lo más seguro es que respondieran: “A la gente buena le pasan cosas malas debido a la ley del karma: están pagando por las cosas que hicieron en alguna vida anterior”.
A fin de entender mejor este asunto, veamos lo
que dice la Biblia sobre la muerte. En el jardín de Edén, donde tuvo su
comienzo la humanidad, el Creador le dijo lo siguiente a Adán, el primer
hombre: “De todo árbol del jardín puedes comer hasta quedar satisfecho.
Pero en cuanto al árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo,
no debes comer de él, porque en el día que comas de él, positivamente
morirás” (Génesis 2:16, 17).
Si Adán hubiera obedecido a Dios y no hubiera pecado, habría vivido
eternamente. La muerte es un castigo por su acto de desobediencia.
Cuando él comenzó a tener hijos, “la muerte se extendió a todos los
hombres” (Romanos 5:12). Por eso se puede decir que la muerte es la paga del pecado (Romanos 6:23). Además, la Biblia dice que “el que ha muerto ha sido absuelto de su pecado” (Romanos 6:7). En otras palabras, la gente no sigue pagando por sus pecados después de morir.
Hoy día, millones de personas aseguran que el sufrimiento del ser humano se debe al karma. Quien
tiene esta creencia normalmente acepta el sufrimiento (el suyo y el de
los demás) sin inquietarse demasiado. No obstante, la idea del karma no ofrece
ninguna esperanza de que dejen de pasar cosas malas. Se piensa que el
único alivio que puede obtener el individuo es ser liberado del ciclo de
reencarnaciones mediante una conducta socialmente aceptable y un
conocimiento especial. Dichas ideas, por supuesto, son muy diferentes de
las que contiene la Biblia.
LA PRINCIPAL CAUSA
¿Sabía que el principal causante del sufrimiento es “el gobernante de este mundo”, Satanás? (Juan 14:30)
Sin embargo, la principal causa de la maldad
no es el hombre, sino Satanás. Él es un ángel que al principio fue fiel a
Dios, pero “no permaneció firme en la verdad” e hizo que apareciera el
pecado en el mundo (Juan 8:44). ¿Cómo? Organizando una rebelión en el jardín de Edén (Génesis 3:1-5). Jesucristo lo llamo el “inicuo” y “el gobernante del mundo” (Mateo 6:13; Juan 14:30).
La mayor parte de la humanidad satisface su impulso de pasar por alto
las normas de Jehová, lo cual es una manera de seguir a Satanás (1 Juan 2:15, 16). “El mundo entero yace en el poder del [maligno]”, señala 1 Juan 5:19.
Pero hay otras criaturas espirituales que se han corrompido y se han
unido a Satanás. La Biblia asegura que él está “extraviando a toda la
tierra habitada” junto con sus demonios, lo cual nos causa un enorme
dolor a todos (Revelación [Apocalipsis] 12:9, 12). Así que el principal culpable de la maldad es el Diablo.
Queda claro, pues, que Dios no es el responsable
de las cosas malas que les ocurren a las personas. Tampoco es cierto
que las haga sufrir. Al contrario, ha prometido eliminar la maldad, como
se verá en el próximo artículo.www.jw.org