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Valparaíso: pensando en Reconstrucción


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15/04/2014


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El Foro Valparaíso Posible fue una instancia de encuentro y convergencia ciudadana que agrupó el 2004 una serie de voluntades en torno a Valparaíso. De esto han transcurrido 10 años, pero se mantiene viva la fuerza de colaboración que allí se incubó y que afortunadamente se ha replicado en grupos más jóvenes que mantienen como común denominador la pertenencia vivencial y el amor por Valparaíso.


Retomando ese diálogo ciudadano a través de las redes sociales, con la experiencia de haber vivido los terremotos de 1971, 1985 y 2010, han surgido miradas de futuro cuando se está incluso en medio del shock.  Por eso, cuando se colocó el tema #PensandoEnReconstrucción se activó una gran lluvia de ideas que ahora intentamos resumir en esta crónica, para dejar abierto el debate ciudadano.

La solidaridad explotó en Valparaíso en medio del desastre. Miles de voluntarios treparon por los cerros para colaborar en la remoción de escombros. El fenómeno de las redes sociales permitió comunicar y levantar ideas para la reconstruir los cerros, con respeto a su historia, empoderando a los vecinos para que puedan levantar de nuevo sus casas. Ese nuevo ánimo de cooperación debe ser el cimiento de la reconstrucción asociativa.

Una visión errónea de la realidad de Valparaíso se reflejó en la odiosa comparación que hizo algún notero ignorante al señalar que los cerros del puerto serían favelas. Porque cada barrio tiene su noble historia, son familias centenarias que hicieron los barrios. Lo que se remonta a 1906 cuando se reconstruye la ciudad y se generan los grandes muros de contención, los embalses, la red de cauces y las quebradas limpias que perduraron hasta los años cincuenta. Las familias de estos barrios porteños pagan impuesto territorial, son la clase media histórica de Valparaíso y, en general, mantienen una cohesión vecinal que ahora ha servido de base para un ánimo positivo frente a la gran tragedia vivida.

Los criterios que se marcaron como básicos para una reconstrucción profunda de Valparaíso es que el Estado asuma el rediseño de los espacios públicos en los cerros devastados, respetando la disposición geográfica de las distintas propiedades existentes, pero dotando a los barrios de conectividad segura, con caminos de doble vía y diseños que permitan el tránsito de carros bombas o camiones. Además, se hará necesario construir muchos muros de contención que aseguren el terreno, dejar áreas verdes y asegurar que las quebradas y los embalses que decantan el flujo de aguas lluvias hacia los cauces del plan. Mantener despejadas las quebradas exigirá que se erradique las tomas ilegales y se despeje esos espacios logrando que la junta vecinal colabore en su mantenimiento y limpieza, con un cambio de actitud que signifique no esperar todo del municipio sino cultivar la autoayuda y la colaboración vecinal.

Para las familias que haya que sacar de las quebradas, será necesario definir alternativas de reubicación en zonas seguras.

Los requerimientos de urbanización exigirán que la sanitaria ESVAL deba asegurar presión suficiente y considerar la instalación de estanques de Agua que aseguren el suministro, lo que fue un factor crítico del desastre vivido en las zonas altas del puerto.

 Medidas para respaldar la reconstrucción:

La estimación de 10 mil damnificados y de 800 hectáreas afectadas nos habla de un 30% de la superficie siniestrada. La ciudad ha recibido un golpe bajo y un Estado subsidiario no sirve para empujar la reconstrucción. Por ello, basados en el Estado de Catástrofe es necesario generar medidas profundas para apalancar la reconstrucción. Las ideas barajadas son las siguientes:

·         Tal cual el gobierno militar en 1983 generó la compra por parte del Banco Central de toda la cartera vencida a la banca privada en quiebra, lo que se conoció como “deuda subordinada”, hoy se propone que el Estado, usando el mismo mecanismo otorgue un crédito de refinanciación para las familias damnificadas que signifique la compra de todas sus sus deudas financieras y que les deje una liquidez suficiente para encarar la reconstrucción de sus barrios. Que las personas tengan unos 3 años de gracia y que a partir de allí comiencen a pagar, con una tasa nominal, un crédito blando de largo plazo que podría canalizarse a través del Banco del Estado, con una nueva impronta de fomento a la reconstrucción.. Si este mecanismo financiero se aplica, los propietarios podrán mantener y recuperar sus viviendas. Icluso puede servir para la zona de catástrofe del norte de Chile.

·         Organizar a los barrios destruidos en cooperativas habitacionales de autogestión asistida, donde el Estado de cobertura en urbanismo, pero asegurando que los vecinos mantengan la propiedad y puedan emprender la autoconstrucción. Que los subsidios lleguen a los propietarios y sus cooperativas y no a las constructoras como ocurre hasta la fecha.

·         En la reconstrucción imprimir una mirada ambientalista que asegure que las propiedades tengan acceso a tecnologías limpias de construcción y autoabastecimiento energético, con una impronta que les dé a los barrios sustentabilidad.

·         Que también se potencie la reconstrucción con la incorporación de los adultos mayores, que llevan la memoria viva de los barrios  y que es preciso compartir en las nuevas generaciones. En este sentido, que la reconstrucción integre a los vecinos mayores que fueron pioneros y que pueden imprimir identidad a cada barrio.

En este debate incipiente, pensando la ciudad a partir de la experiencia de convergencia del Foro Valparaíso Posible, la invitación en las redes sociales ha sido abrir el debate, exigiendo a la autoridad una mente abierta a la innovación, sumando alianzas para que estas demandas puedan plasmarse y ser hechas suyas por la clase política, entendiendo que la reconstrucción ocupará a varios gobiernos y es preciso consensuar la estrategia de una ciudad que se reconstruya a escala humana.



Hernán Narbona Véliz, 14.04.2014



Etiquetas:   Ciudadanía   ·   Urbanismo   ·   Banca   ·   Sociedad Civil

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