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Vapuleada por las aristas de los agrestes roquedos
en donde se perfila, agudiza y purifica, el agua se cierne ladera abajo, desbocada, con la inconsciente osadía de la juventud, persiguiendo un sueño eterno e inalcanzable. Corre cantarina hacia el abrazo final… pues el mar la espera con sus guiños de plata. No teme desaparecer en la inmensidad, no argumenta miedos innecesarios. Se sabe querida y anhelada por la madre. Se engalana de brillos nuevos y azulada armonía,de apacible y sedosa piel que aguarda el amor prohibido. El mar, a lo lejos, le hace promesa de límites infinitos, de una hermandad insondable y desconocida, y ella siente querencias antiguas y ancestrales. El mar aguarda silente como un arquetipo insondable, hierático, majestuoso, ensimismado en su propio misterio, pero el agua no le teme, pues en una sola gota encierra la belleza y perfección de todas las formas posibles, el código oculto pretendido por magos y alquimistas.El mar ya se adivina, se presiente…respira con su rumor de espumas,y el agua lo anhela con toda el alma, como un murmullo enamorado, y cuando al fin lo divisa en el horizonte de sus sueños inmediatos corre gozosa y se ofrece hacia el abrazo final, libre de ataduras y de las siete máscaras primarias…