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La Magia de la Cocina


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02/03/2014


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La magia de la cocina


Conversar sobre calidad de vida, puede llevar a una gran retórica sobre la felicidad. Dándole vueltas al tema, concluí que la felicidad del hombre por milenios, ha partido por la comida compartida con amor, con preparaciones que halagan el paladar y el espíritu, que permiten la comunicación de pareja, de familia, de camaradas y amigos.

Todo ocurre en torno a una mesa compartida y por ello, para hablar de vida plena se requiere tener buena salud. Para lograrla se precisa una buena alimentación. Las comidas de nuestras abuelas y bisabuelas tienen que ser rescatadas, corrigiendo sus excesos. Tenemos el derecho de saber qué estamos consumiendo o qué nos quieren hacer consumir. Lo que me lleva a sostener, con convicción libertaria, el etiquetado de los productos alimenticios para saber cuáles contienen transgénicos. Y decidir si los compro o no.

 Anoche, mientras mi mujer cocinaba carne mechada, y yo era su pinche de cocina, comprobé en las redes que había mucha gente amiga también cocinando para el almuerzo dominical. Emilia hacía humitas, había quien preparaba un caldillo. La amiga Patricia preparaba postre para sus hijos, otras hacían panqueques. Todas trabajando hasta tarde, de manera silenciosa, inspiradas en el amor. Los hombres, hasta allí, sólo ayudando. Y fíjense que a ninguna de estas amigas  se les caían los títulos o los galardones por el hecho de cocinar, todo lo contrario, ellas aprecian ese talento como un regalo que les permite darle cariño al alma y a sus seres queridos.

No sé por qué panfleto machista-feminista las mujeres de pronto relacionaron que atender la cocina era sumisión al machismo. Quizá las propias mamás resentidas les metieron en cabeza que si ellas iban a ser profesionales, no tenían que meterse en la cocina, como si ello fuese algo vil. El resultado ha sido catastrófico en el seno de los hogares. Mujeres que no saben ni cocinar un huevo duro ya que por ser profesionales universitarias nadie les enseñó que en la vida hay que saber ser autosuficientes y todos, hombres y mujeres, tenemos que cooperar en las labores domésticas. Conclusión, Se perdió una rica tradición de conocimiento culinario. La comida chatarra inundó la sociedad y los resultados han sido visibles en obesidad mórbida y mala nutrición. El consumismo hizo presa de una generación completa que perdió el hábito de cocinar. Hoy, en general, cocinan mejor los jóvenes varones que las mujeres y este tema está en el meollo de la armonía familiar. Cocinar en familia, exige trabajo, pelar verduras, comprar, limpiar, tareas que los varones y mujeres pueden realizar por igual y eso es democracia doméstica.  

Para dejar instalado este tema, les regalo mi poema Hora de Almuerzo, que forma parte de mi libro “Eroscidio, Amática contra el Desamor” 1988: “Declaro esta instancia del amor mi fundamento, rescato el amor de los canastos y aplaudo las vetas sensuales del amarte… Cuando voy contigo a la feria, temiendo los ajíes, pero deseándolos, eligiendo el perejil y el cilantro, oxigenándonos el alma con los llantos de las valencianas nuevas, probando, pellizcando, colocando aretes de guindas en tu pelo anárquico, besándonos con el disimulo de jugosos duraznos, por sandías caladas el vientre clamando, descubriendo en la semilla de los melones caribeño espacio, regateando, por gusto, el racimo anhelado, ¡le vamos poniendo aromas a la vida autodidacta! Cuando trémulo presencio la preparación de los mariscales, o practico mi gimnasia única en los pesados bolsones de la papa chilota indispensable, estoy en la antesala cotidiana del amor no teorizado, del deber prehistórico de vivir y reproducirnos… Por eso aplaudo las vetas sensuales del amarte. Por eso cocino contigo, sin quejarme, cebollas, tomates y mis infaltables ajos. En aromas de albahaca, los pasteles de choclo me gritan que existo como hombre americano, que florece en lo propio cuando llega el verano. Amarte es por eso, una mesa dispuesta, la ensalada, el vinagre, es el pan que nos une con su mágica estera. ¡Vivan, amor, la gracia que prodigas en la mesa modesta! ¡el aroma, el aliño y el vino, antejardines de todo mi espíritu!  Algún día ese espíritu, ya sin dientes ni muelas, extrañará el embrujo terreno de almorzar charquicán en enero.”

Seguimos conversando.



Periodismo Independiente, 2 de marzo de 2014. Una mirada libre a nuestro entorno

 @hnarbona en Twitter.



Etiquetas:   Ciudadanía   ·   Salud   ·   Felicidad

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