Hay momentos en que uno quiere ver una película sólo para desconectarse de la realidad por al menos una hora, pero no está de humor para historias deprimentes, de terror, románticas o graciosas. Sólo lo que queremos es ver como todo estalla sin sentido y nada más. Para estas ocasiones funciona Battle: Los Angeles (2011) del director sudafricano Jonathan Liebesman.




