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Asalto a Rectoría: Se Equivocaron de Estrategia


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29/01/2014


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Testimonio de un basquetbolista que se transformó en político




LA ÉPOCA DEL ESTUDIANTE BASQUETBOLISTA

Ingresé al Instituto de Ciencias Autónomo de Zacatecas (ICAZ) en enero de 1962. En esa época el ciclo escolar iniciaba a principios del año, y a partir de ahí se fue recortando un mes cada ciclo hasta homologarse con el resto del sistema educativo. En el ICAZ estudie la secundaria y la preparatoria y en 1968, sin movilización ni debate de por medio, por voluntad del gobernador en turno el Instituto se transformó en UAZ, en cuya escuela de Ciencias Químicas (C. Q.) cursé la licenciatura de Ingeniería Química. Durante los diez años de mi vida estudiantil combiné los estudios con la práctica deportiva, especialmente el basquetbol, habiendo tenido la fortuna de formar parte, desde la preparatoria, de los equipos representativos de la institución y del estado, lo que definió mi identidad ante la comunidad universitaria y los círculos del deporte estatal.

Durante la década de los sesentas la política estudiantil era extremadamente limitada, pues la lucha por la conducción de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEUZ) se daba entre estudiantes ligados a los grupos priístas y el discurso programático se reducía a ofrecer privilegios, como pagar medio boleto para entrar al cine. La política universitaria empezó a cambiar después de 1968 con la llegada de los economistas Noé Beltrán, Jesús Pérez Cuevas y Sergio Corichi en calidad de maestros, quienes muy pronto constituyeron desde la Escuela de Economía una corriente política de izquierda. Durante esa década no participé en la política estatal y muy poco en la política universitaria. Cuando lo hice, fue en compañía de amigos unidos por el deporte más que por alguna causa o ideología; así participé en 1970 apoyando a Antonio de la Torre Dueñas para presidente de la FEUZ, al margen de las dos planillas fuertes: la de “los rojillos”, como se denominaba a la naciente izquierda, y la de los priistas. Como era de esperarse, perdimos, pero acumulé la experiencia necesaria para ganar la sociedad de alumnos de Ciencias Químicas.



INCURSIÓN EN LA UNAM

En junio de 1971 fui recibido por el Dr. Jesús Romo Armería, Director del Instituto de Química de la UNAM, en su oficina del piso 12 de la torre de ciencias de Ciudad Universitaria. Yo era portador de un mensaje del QFB Manuel Escobar Luján, quien habiendo sido mi maestro de Química Orgánica durante la licenciatura, me recomendaba para llevar a cabo la tesis profesional en el Instituto. Después de revisar mis calificaciones, el Dr. Romo llamó al Dr. Eduardo Cortés C. para pedirle que me encomendara una de sus investigaciones con el Espectrómetro de Masas a su cargo. Así fue como de buenas a primeras me enfrenté a un complejo instrumento que muy pocas instituciones tenían y que el Dr. Cortés manejaba para descubrir la estructura de distintas moléculas complejas estudiadas por los investigadores del propio Instituto de Química y del Instituto Mexicano del Petróleo.

Mi trabajo consistiría en llegar temprano, encender el aparato y “correr” las muestras pendientes, y solo entonces podía dedicar tiempo a mi propia investigación, la que consistiría en elucidar los mecanismos de fragmentación de unas sustancias llamadas esteres de fenilo en el aparato que fui manejando con mayor soltura cada día. A las pocas semanas descubrí que los tesistas del Instituto teníamos derecho a asistir como oyentes a las clases de distintas maestrías y doctorados que se impartían ahí mismo, de manera que pronto organicé mi trabajo para asistir a las que impartían los profesores más destacados.

Igual que yo, profesionales de la química recién egresados de universidades de provincia arribamos en calidad de fuerza de tarea a la catedral de la investigación en la materia de México. Todos estábamos alucinados por la calidad de los conferencistas que podíamos escuchar, pero pronto descubrimos que además de ser “vacas sagradas” en sus disciplinas, algunos de ellos tenían opiniones políticas solidas y comprometidas con una visión progresista y democrática sobre el momento que vivía el país y en particular la UNAM, dado lo reciente del alcohonazo del 10 de junio y del movimiento del 68, que habían dejado heridas que estaban lejos de cerrar.

Sus opiniones se discutían en corrillos informales a la hora de comer o de la siesta en alguna de las “islas” de la explanada entre las torres de ciencias y de rectoría. El debate más encendido ocurría cuando coincidían en el corrillo algunos compañeros egresados del politécnico, la UANL y por supuesto de la UNAM, y el tema era el de la guerrilla. Casi siempre se hacían alusiones al activismo en las escuelas de origen de varios becarios, de gente de Raúl Ramos Zavala o de Ignacio Salas Obregón quienes habiendo sido líderes estudiantiles se convirtieron en los dirigentes de la Liga Comunista 23 de Septiembre, llamando a combatir al régimen por la vía armada. También se comentaban la “apertura democrática” de Luis Echeverría y las posiciones de Heberto Castillo y Carlos Fuentes que llevarían a la formación del PMT y las de los “peces” (miembros del partido comunista) que libraban un debate intenso sobre las formas de lucha contra el sistema. En esas reuniones de sobremesa en las islas, que no duraban más de una hora, escuche las primeras opiniones críticas sobre el naciente sindicalismo universitario.

En esas charlas intensas yo escuchaba y preguntaba, tratando de entender la polémica sobre las vías para el cambio en México, consciente de que no contaba con la formación política suficiente para sustentar alguna tesis. Durante esa estancia en el DF empecé a leer con mayor atención la prensa diaria, especialmente El Excélsior, que conocía desde la casa familiar porque era el periódico de Don Cruz, mi padre, que pasaba largas horas leyendo de cabo a rabo la primera sección. El ambiente que reinaba en la UNAM también me condujo a leer algunos libros de marxismo, el primero de los cuales fue el de Federico Engels titulado “La familia, la propiedad privada y el Estado” y textos sobre la educación superior de diferentes autores.

Ver artículo completo en ayudaparalamemoria.com







Etiquetas:   Política   ·   Políticas Sociales   ·   Gobierno   ·   Sociedad

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