Las Redes Sociales y La Política en la Calle

Durante las últimas semanas hemos sido testigos –o partícipes según sea el caso- de una serie de movilizaciones sociales que tuvieron su punto de partida tras la disconformidad a la aprobación ambiental obtenida por HidroAysén en mayo pasado, que dio paso a multitudinarias manifestaciones a lo largo de todo el país generadas por este sorpresivo -para el mundo político- movimiento ciudadano, de carácter nacional, en repudio al proyecto hidroeléctrico.  A éstas se han sumado las manifestaciones de estudiantes universitarios y secundarios, las que han venido acompañadas con la toma de una serie de universidades y liceos públicos.

 

.  A éstas se han sumado las manifestaciones de estudiantes universitarios y secundarios, las que han venido acompañadas con la toma de una serie de universidades y liceos públicos.
 

Como hemos sostenido, la masificación de las movilizaciones sociales en nuestro país, se enmarca en un fenómeno similar en diferentes partes del mundo, que es resultado de un descontento general de los ciudadanos con sus sistemas políticos –falta de representación y participación- y económicos, ello producto de la desigualdad social, la falta de empleo, la corrupción y en definitiva al distanciamiento entre el ciudadano común y la forma de hacer política en la actualidad. 

 

Según la encuesta Auditoría de la Democracia 2010, los chilenos siguen manifestando su preferencia por la democracia sobre cualquier otra forma de Gobierno (58%), mientras que sólo una minoría se inclina por gobiernos autoritarios (20%), sin embargo la mayoría de éstos sólo evalúan de manera “regular” su funcionamiento (56%).  Donde las instituciones que gozan de menor confianza para los encuestados son: el Congreso (28%), los Tribunales de Justicia (23%) y los partidos políticos (15%).

 

Con respecto a estos últimos, si bien un 41% de los chilenos está de acuerdo con que los partidos son indispensables para la democracia, hay signos que preocupan.  Por ejemplo, tres de cada cuatro chilenos señala que su principal virtud es “ninguna” (78%), mientras que su principal defecto es que “privilegian sus intereses por sobre los intereses del país” (61%).  A los parlamentarios tampoco les va mejor en su evaluación, la mayoría de los entrevistados señala que los diputados y senadores en el Congreso sólo “representan al partido político al que pertenecen” (53%), y si bien, su principal función debería ser “representar los intereses de las personas” (45%), no obstante, la gran mayoría de los chilenos evalúa negativamente esta función (59%).

 

Como lo afirman éste y otros estudios de opinión, la ciudadanía vive un proceso de desafección y desconfianza cada vez mayor frente al mundo y actores políticos, ya que en su gran mayoría se siente poco representada por algún partido o líder político.  Es en este escenario donde se potencian, con la influencia protagónica de las “redes sociales” -como Twitter, blogs o Facebook-, demandas como la protección del medio ambiente, la causa mapuche, el AVC o el mejoramiento de la calidad de la educación, medio que ha servido de canalizador de un descontento social no sólo con el Gobierno del Presidente Sebastián Piñera sino que con el sistema político –gobierno y oposición- y económico en general –crecimiento versus redistribución de la riqueza-, por lo cual restringir las actuales manifestaciones a un descontento sólo contra la administración de la Coalición es claramente no entender el momento político-social actual del país.

 

La efervescencia social de estos días, no nos debe hacer caer en una paranoia colectiva sobre la fragilidad de nuestra democracia y sus instituciones, sino que por el contrario ésta es síntoma de su madurez y es un reflejo del empoderamiento de los ciudadanos que ven a través de las redes sociales una vía directa de comunicación e interpelación con los actores políticos en tiempo real y sin intermediarios –aquí y ahora-, que conducen su descontento de los diversos problemas que los aquejan a través de la movilización social.  Por ejemplo, la Concertación debe agradecer que las redes sociales hace 5 años no tuvieran la masificación actual, sino las protestas seguramente habrían sido monumentales contra el Transantiago.

 

Si bien, el derecho a manifestarse y movilizarse en la calle está dentro de las reglas de nuestro juego democrático, la principal igualdad y participación no se da en la calle, sino que al momento de ejercer el derecho a voto como ciudadano.  A través de la entrada en funcionamiento de la inscripción automática y el voto voluntario ésta se ampliará y renovará.

 

Con todo, Chile goza de una democracia estable, madura pero perfeccionable, donde los ciudadanos manifiestan aún su predilección hacia ella sobre otras formas de gobierno.  La prueba de fuego será la puesta en marcha de la inscripción automática y el voto voluntario, en la cual la mayor generación de incentivos estará entregada a los partidos políticos, los respectivos candidatos y otros actores electorales, quienes deberán cautivar al votante y lograr su participación en las elecciones, por lo que deberán necesariamente sintonizar con las necesidades de los ciudadanos.  Difícil tarea, pero no imposible para que nuestra democracia continúe madurando.

UNETE



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