El cuarto orden de estado (primera parte)

El mes de diciembre del año pasado me regalaron el libro denominado EL CUARTO ORDEN DE ESTADO, del doctor Raúl Olmedo, a quien aprecio y respeto por su calidad académica, ética y política; hombre profundamente conocedor de la concepción federalista y del papel del municipio y la comunidad dentro del orden federal de gobierno.

 

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El Doctor Olmedo, desde hace varios años, ha planteado elevar a la comunidad como el CUARTO ORDEN DE ESTADO, basado en el principio de República Federal que como Estado Nacional nos hemos dado los mexicanos.

Cuanto más pasa el tiempo, la propuesta y justificación del Doctor Olmedo se vuelve necesaria, y más aún, urgente debido al crecimiento poblacional en los municipios y sus comunidades. Guerrero y Michoacán muestran fehacientemente  la necesidad de un nuevo trato, más directo y cercano entre el poder estatal, municipal y las propias comunidades.

En esta primera entrega deseo resaltar el principio básico de la descentralización como “la forma de la distribución del poder que todavía no es traducida de manera cabal en los programas de gobierno, pero se encamina a otorgar cada vez más poder de organización y de decisión a las comunidades urbanas y rurales de los municipios”, según nos dice el propio Raúl Olmedo.

Plantea que la descentralización es una idea que ha estado presente en nuestro país como un elemento fundamental para modernizar a la nación, “para distribuir equitativamente los recursos del Estado entre federación, entidades y municipio”, propuesta en la que el suscrito ha coincidido desde antes de fundar y coordinar la maestría en Desarrollo Regional y la Licenciatura en Desarrollo Municipal en la UAZ de mi natal Zacatecas.

El estado central fuerte fue necesario para darle curso y sosegar al país después de la Revolución; sin embargo, a partir de los 80 el modelo central,  basado en la sustitución de importaciones comenzó a dar resultados negativos que hasta la fecha persisten.

Como ejemplo de la necesidad descentralizadora en México, el autor menciona diferentes etapas, primero la democratización política que promovió el Presidente Miguel de la Madrid a partir de la reforma al Artículo 115 de la Constitución y que dio mayores facultades a los municipios; este proceso no avanzó y hasta la fecha se concentra el poder y las decisiones con muy poco margen de participación de las comunidades.

Dos experiencias exitosas se dieron en la década de los 80 en Tabasco y Tlaxcala, y pudieron ser el principio del establecimiento del cuarto orden de poder en el Estado con su correspondiente nivel de gobierno.

En Tabasco, en 1985, se crearon los “Centros Integradores” para darle servicios y participación a cerca de 3 mil asentamientos dispersos donde habitaba el 60 por ciento de la población; esta experiencia permitió la creación de 17 municipios y 185 “Centros Integradores”, los cuales eran a su vez delegaciones municipales con autoridades propias pero coordinadas y subordinadas al ayuntamiento municipal. En el caso de Tlaxcala se creó la figura del “Presidente de comunidad”, autoridad elegida por los propios pobladores con voz y voto dentro de sus ayuntamientos y cuyo objetivo era una mejor redistribución del poder local.

Lamentablemente ambas experiencias, muy válidas y exitosas en su tiempo, fueron anuladas por la inercia centralista de los gobernantes.

La revisión anterior obliga a pensar que la profundidad de la crisis actual es resultado de ese excesivo centralismo, ha propiciado que las comunidades busquen nuevas formas sociales que les ayuden a encontrar solución a los problemas que no se han podido resolver en ninguno de los tres ámbitos de gobierno.

Los hechos actuales en tierra caliente de Michoacán y Guerrero, en donde los ciudadanos, ante la urgencia de ser partícipes en la toma de decisiones, principalmente en el reclamo de seguridad, ahora reclaman la autonomía de sus comunidades, avanzan en sus formas propias de organización, en algunos casos transgrediendo la ley, sobre todo por el vacío que deja una autoridad distante y alejada de las aspiraciones comunitarias.

Ante la realidad actual, la tesis de Raúl Olmedo se vuelve además de vigente, urgente en la perspectiva de recomponer el tejido social y el verdadero poder municipal ejercido a través de la organización y participación comunitaria, pues la experiencia demuestra que cuanto más se concentre la toma de decisiones, más se trabará la participación y habrá más obstáculos para desatar la energía social que existe en cualquier núcleo poblacional. Por el contrario, en cuanto más se descentralice y se desconcentre la toma de decisiones, la sociedad será más responsable de sus propias necesidades y de sus tareas. Descentralizar es empoderar al ciudadano y la comunidad para hacer frente  a sus necesidades y tareas.

Y si usted, lectora, lector querido, no tienen inconveniente, nos leemos el próximo jueves.

P. D. Coincidiendo con el Doctor Raúl Olmedo, en la perspectiva descentralizadora, se inscribe la propuesta de crear un Fondo Federal Concurrente, equivalente al FAIS, para ser aplicado por y desde los municipios y sus comunidades en el combate a tres carencias básicas: alimentación, servicios públicos y calidad en la vivienda.

contacto@pedrodeleon.mx      twitter: @Pdeleonm                       15 de Enero de 2014. Facebook: Pedro de Leon Mojarro. *Coordinador de Delegaciones de la SEDESOL.

Pedro de Leon Mojarro

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