ETA volverá a matar, según la triste coherencia deducida de unos antecedentes violentos que se alimentan hoy de sí mismos para subsistir en el futuro. La esencia pura de un asesino es la razón de ser de sus actos, no los objetivos por los que se dice luchar; es la ambición sin límite porque el asesinato rentabiliza de tal modo que no existe barrera desde la imposición del miedo para el asesino irredento. Si no hay consciencia del mal no cabe una oportunidad para el perdón. La experiencia del odio es un grado que pocos logran desterrar en la recapacitación de la conciencia.




