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Utopía y distopía. Jano en el presente, Jano como proyección


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14/12/2013

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Siempre hay un recurso de pensar el momento utópico a ese horizonte de expectativas, ubicado como espacio donde las subjetividades proyectan desde el presente un conjunto de posibilidades presentes en el acontecimiento, horizonte incumplido, pero catalizador del conjunto de esperanzas individuales y colectivas.


La estrecha relación entre horizonte utópico y proyectos políticos emancipatorios durante el siglo XX, ha vuelto a renacer, con el nuevo siglo, en el conjunto de proyectos políticos emergentes de las sociedades periféricas del capitalismo, recuperación frente al acta de defunción propuesta por el canon neoliberal de un conjunto finalizaciones de la historia, de la utopía, junto a todo una serie de categorías y sensibilidades sociales que constituían las arquitecturas de lenguajes de los proyectos emancipatorios: revolución  imperialismo, lucha de clases; hoy estamos ante la presencia de la construcción de una nueva arquitectura de lenguaje, que implica recuperar las tradiciones conceptuales, pero incorporando nuevas claves de lecturas, de temporalidades, que logran instituir, en el conjunto de procesos, la pregunta sobre la posibilidades de constitución de horizontes igualitarios y emancipatorios, que disputan y construyen una nueva contra-hegemonía a la matriz del conjunto de escuelas que sustentan la ideología neoliberal, matriz cuyo eje central es la construcción de una etapa del desarrollo del capitalismo en su fase financiera, como la entelequia que representa al capitalismo, es decir, la fase neoliberal deja de ser el capitalismo realmente existente, para ser el capitalismo, frente al cual no la posibilidad de instituir un proyecto alternativo, presente en las contradicciones propias del mismo, esas posibilidades cercenadas en el acontecimiento actual se convierten en espacios exploratorios de la institución de una mirada post-capitalista, frente al momento utópico presente en nuestros proyectos continentales, nos enfrenta el momento distópico del capitalismo rampante, imponiendo sus reglas en los países europeos.

En este contexto, la relación entre utopía y distopía ha de entenderse como la figura de la Jano romana del acontecimiento, presentes como proyecciones hacia el futuro, como espacios de critica del orden establecido como también la potencialidad extrema del status quo proyectada en el tiempo1.

La disputa sobre estos procesos de proyección colectiva sobre el futuro, es una proyección política de las partes integrantes de una comunidad politica, implica el reconocimiento de una disputa sobre las cargas que las subjetividades políticas incorporan como lectura de las posibilidades del presente, que significan al futuro, lo construyen como parte de sus experiencias, de las tradiciones desde cual el sujeto situado incorpora un mundo de significantes, contra-hegemonicos, es decir, las disputas políticas del presente, tienen en si, la disputa sobre el pasado y sobre las constituciones de un conjunto de futuros posibles dentro del acontecimiento político.

El modo utópico es definido por Ainsa como la:



“(...) la facultad de imaginar, de modificar lo real por la hipótesis y de crear un orden diferente al real, lo que no supone renegar lo real, sino profundizar en lo que podría ser. Sintéticamente se pude decir que el modo utópico es un “ejercicio mental sobre los posibles laterales””2

La cual, podemos complementar con las características dadas propuestas por Ricoeur, donde la utopía es la expresión de todas las potencialidades de que un grupo encuentran representadas por el orden existente, es un ejercicio de la imaginación para pensar otra manera del ser social3.

El momento presente contiene en si, un conjunto de posibilidades de desarrollo en la proyección de las subjetividades en su devenir en el tiempo, de esta manera, tanto en el momento utópico, como en el momento distópico, los grupos sociales inician rastreos imaginarios alternativos de un futuro contenido el momento, posibilidades que no solo son una construcción que produce una exteriocidad espacio temporal del mismo, sino como mundo posible presente.

Por lo cual, en el proceso de construcción utópico y distópico se juega su destino sobre los lugares donde se produce el ejercicio del poder, construyendonse en variaciones imaginativas sobre el poder en una sociedad determinada, ya sea como cuestionamiento de la vida social, como constitución de un orden alternativo, o como expresión de las expectativas de desarrollo de los modelos del presente.

Con la recuperación de las tradiciones latinoamericanas, de las lecturas sobre lo real en clave pensamiento de significados en disputa, se produce una recuperación de la utopía, pero como espacio dirimido en forma agonistica, también estamos frente a la construcción de un momento distópico para las sociedades, por parte del pensamiento de derecha latinoamericano, tanto el momento utópico como el momento distópico es disputa sobre un sentido de futuro, que definen las posibilidades del ser de las clases subalternas.

En este sentido, podemos decir, en contra lo afirmado por Ricouer, que en nuestras sociedades la utopía permite que los horizontes de expectativas se fusionen con el campo de la experiencia de los sujetos, ya que en nuestras sociedades, recuperación de las tradiciones emancipatorias implica un acercamiento con la esperanza de los pueblos.4

La distopía, como momento, comparte ciertos elementos con la utopía, la distopía es también una forma lateral de imaginación sobre los posibles reales, es un acto de pensamiento sobre la relación entre el poder, y su ejercicio, aunque frente a la utopía como espacio de esperanza de los oprimidos, la distopía es la expresión del status quo desarrollado sobre la totalidad de lo real de la visión de las clases dominantes.

El modelo distópico, es una proyección por afuera de lo real, la misma es un pro-yecto por parte de las clases dominantes en el cual el futuro se presenta como una consumación del orden policial que establece un mundo de sensibilidades, en momentos de tensión política, donde nace la pregunta sobre el horizonte de expectativas de las clases en conflicto, lo distópico puede ser caracterizado como ese ejercicio de la imaginación de un determinado proyecto de poder, donde se produce un entramado por el cual se sobredimensiona la presencia de las maneras e intereses de quienes dejan de ser clases dirigentes de una sociedad, construcción de un marco espacio temporal concreto, donde el acto de pensar e imaginar se establece como un despliegue del orden que algunos sectores pretenden instituir, mientras tanto, podemos pensar al momento utópico como ese ejercicio de imaginación sobre el cual se despliegan las potencialidades del orden que se va instituyendo, fusión en el marco de las tradiciones populares de horizontes de expectativas e imaginación de un orden emancipado.

Es en momento de la aparición del acontecimiento, como momento político que contiene en su devenir las posibilidades de proyección de la constitución de un orden emancipatorio, en las sociedades, los momentos utópicos y distópicos son espacios donde nace la dispusta, el desacuerdo, ya que la disputa central de lo político como proyecto, la capacidad de concreción o no de esa fusión en un campo de experiencias de la esperanza y el conjunto de entramados de las tradiciones populares.

Tanto la utopía como la distopía, constituyen formas literarias de intervención en el debate público, un proceso de escrituras donde las subjetividades políticas intervinientes en el conflicto sobre lo real, proyectan el conjunto de esperanzas sobre las posibilidades del acontecimiento futuro, escritura del devenir de una subjetividad en consolidación, escrituras que tratan de suprimir la trama única espacio-temporal, para incorporar en la misma las voces de los derrotados en el pasado, recuperación en el presente del futuro del pasado, de esas temporalidades encerradas entre las cadenas del olvido constituido como acto fundador de la idea de presente continuo, recuperación de la memoria como instancia de recuerdo, sino en su fuerza política de continuar pensando las palabras que el poder acallo.

Subjetividades que dejan de ser meros géneros literarios, ya que en el acto de la escritura hay un hecho implícito de realizar una supresión de la trama espacio-temporal, que nos ordena y genera lecturas sobre lo real, momento constituyente de un nuevo orden de lo cotidiano, generando la conformación donde cada una de las posibilidades contenidas en el devenir del acontecimiento se transforman en un espacio de desarrollo de las no-posibilidades de la cotidianidades no nacidas.

Pensar el acontecimiento, como instancia de proyección, incorporando la dimensión utópica al pensamiento político es realizar la apertura, recuperación de una nueva temporalidad que establezca un dialogo entre pasado y presente, y la capacidad de los sujetos políticos de instaurar una temporalidad utópica en el futuro, de esta manera la dimensión de la temporalidad neo-liberal, sus conexiones del presente continuo proyectado como unicidad del futuro, es puesta en tensión, momento distópico de lo político.

Utopía, temporalidad emancipatoria, tradición, durante las primeras décadas del presente siglo se convierten en parte integrante de esa arquitectura del lengua que nos permite construir un nueva sensibilidad y subjetividad política, parte de esa búsqueda de un nuevo lenguaje político para unos tiempos nuevos.

1Dentro del presente escrito no incorporaremos la dimension geografica de la utopía y la distopía.



2AINSA, Fernando, La reconstrucción de la utopía, Buenos Aires, Ediciones del Sol, p. 33



3Ver RICOEUR, Paul, Educación y política. De la historia personal a la reunion de libertades, Buenos Aires, Prometeo, 2009, p. 89



4Ricouer plantea que la utopía: “...es aquello que impide que el horizonte de expectativas se fusione con el campo de la experiencia. Es la que mantiene la distancia entre la esperanza y la tradición”.Idem, p. 91





Etiquetas:   Política

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