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Constitución: Pantalla de la corrupción política


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05/12/2013


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 Al margen de ideología política siempre me ha movido un afán de Justicia impelido por lo que parece un instinto arraigado en mí y que no puedo ignorar. El engaño procurado durante décadas aguza aún más, ahora que ya lo conocen todos, ese pulso por lo justo que en los tribunales se ha vencido a favor de la prevaricación y la vileza de la decisión bajo influencia política. Como yo hay millones de personas alertadas del calibre de desintegración provocado por una clase política execrable y algunos jueces comparsas de esta asintonía del sectarismo. Política y Justicia es lo mismo desde que aniquilaron la separación de poderes. Lo corrupto implica necesaria complicidad.

Anteriormente fui uno de los millones de ciudadanos visceralmente indignados que vio las muchas trampas y engaños que llevaron a la muerte a 192 seres inocentes el 11-M. Pensaba que la corrupción salvaje se inició con oscurantismos vividos antes y durante el gobierno de Zapatero. Sin embargo, en mis altruistas esfuerzos por hallar soluciones al drama de los Inversores, descubrí que las corruptelas se remontaban a 30 años con la delictiva expropiación de Rumasa. Permitir una estafa tan singular, elevó el listón del oscurantismo político para conseguir objetivos de mayor calado criminal, siempre bajo la protección de algún juez afín a la consigna del mandato partidista.

No fue el zapaterismo quien inauguró la opacidad del poder. Siempre fue igual, sólo que el tiempo debía develar la inmundicia acumulada desde que nos hicieron creer que el fin democrático había llegado después de la dictadura.

Comprendiendo la batalla noble contra la injusticia padecida por José María Ruiz-Mateos, advertí el teatrillo constitucionalista de una aparente democracia que siempre estuvo en manos de forajidos, siempre. Silenciar a la víctima fue consigna en los medios de comunicación. El sistema era basura con aromas de libertad pero entonces sólo lo supo el primer saqueado por razones legales. Mentira. En tres décadas siguen atufando las aranas de entonces. El hedor traspasa todo muro impuesto por la incomunicación y las decisiones contra el ciudadano, la primera víctima de unos pactos llamados Constitución  que presentaron como el gran logro de una Transición, en realidad a medida de ladrones con influencias. Al día de hoy ya no guardan disimulo para seguir saqueando un país bien intencionado, sí, pero en garras de miserables a los que les cuesta ocultar sus crímenes sin que la ciudadanía advierta ya el grado de pútrida sustancia que destila una Constitución violada y prostituida al servicio de poderosos malhechores capaces de parcializar la Justicia.

De este modo ha sido posible tal grado de aberración estatal que repugna la hipocresía de las magnas manifestaciones que nos han llevado a la ruina y a una sociedad presa de un totalitarismo encubierto. En el 2013 millones de ciudadanos piensan que no hay celebración constitucional que valga, cuando ya se ha captado la excusa que ha servido durante décadas como un engaño muy a propósito para enmascarar el verdadero carácter criminal de los que han dirigido, mediante diversas estafas gubernamentales, los destinos de un pueblo que no merece la lacra política que lo ha lacerado sin piedad.

Un afiliado del Partido Popular, con influencia para comprender los entresijos de los intereses que mueven a codicias más allá del servicio a los ciudadanos, me comentaba que dignificar a los padres de la Constitución era un error que había que subsanar, culpabilizándoles de una mala siembra con intención de reparticiones del botín que ha supuesto la explotación permanente de un país confiado hasta que no dio más de sí.

Celebrar una Carta Magna con la situación actual de España, devenida de una matanza sin esclarecer durante una década, del mismo modo que no se clarificó un expolio de Rumasa que enriqueció intereses particulares-esos misterios en que se basa nuestra existencia "democrática"-,es una burla ante el drama devenido de una farsa que tampoco da más de sí, con una Constitución prostituida en todos los poderes, sin orden, ni ley , ni justicia que puedan preciarse de haber obrado en favor de una ciudadanía harta de estafas institucionales.

Ahora llega el momento cumbre de culpar de las crisis ajenas al pueblo presionado por unos gobernantes que pretenden callar la protesta y censurar la crítica. Gobiernan después de engañar a todo el electorado que los votó y no hay punición contra quienes mandan sin justificación democrática. El voto se ha convertido en pretexto para hacer lo que venga en gana.

En ciernes se impone una Ley Mordaza al más puro modo totalitarista. ¿Qué motivos hay para celebrar un espejismo constitucionalista que sirvió como coartada para robar e incluso matar más allá de la voluntad del pueblo? Más bajo no puede caerse hasta sumergirnos en un proceso de incertidumbre que podía desembocar en una rebelión popular, con una Constitución inservible que el mismo Estado ha desechado sin miramientos, descaradamente y bajo la atenta observación de la gente que percibe sus derechos aplastados; ésos por los que siempre se acaba luchando en la hartura de una paciencia que milagrosamente aún no ha estallado.

Una pantalla es lo que supuso una Carta Magna para disfrazar las intenciones delictivas con las que se ha escrito la historia de esta España post franquista. Una simple y engolada pantalla que justificó todo.

La Constitución ha posibilitado la legalidad de lo inadmisible. Silenció a las víctimas de continuados crímenes escudados tras la decisión política; facilitó una ceguera generalizada ante la corrupción y convirtió en sordos a los tribunales ante las reiteradas peticiones de Justicia convirtiendo en usual la decisión sectaria en contra de los intereses verdaderos de un país esquilmado. Nada que celebrar y mucho de lo que avergonzarse.



http://www.outono.net/elentir/2013/12/04/cual-de-estas-partes-de-la-constitucion-piensan-celebrar-los-politicos-el-viernes/







Etiquetas:   Corrupción   ·   Constitución

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