El experimento canallesco del Partido Popular

 

 

. La indiferencia por el sufrimiento en pro de los resultados del experimento es una de esas premisas de investigación que se acatan desde hace décadas.

  No importan los resultados porque la destrucción de las cobayas no implica que la experimentación cese. Al fin y al cabo son a propósito para la explotación, el aislamiento, la degeneración como la regeneración a voluntad, los perfectos voluntarios sumisos cuyos derechos acaban en la mesa de las  operaciones políticas.

    El campo de la investigación llamado España  es inmensamente adecuado para convertirla en una perpetua excusa de financiación de "proyectos"-como el 11-M- que con el tiempo se han descubierto proporcionalmente eficaces al oscurantismo con que se han desarrollado y ocultado.

  El socialismo parece abonado al carácter vitalicio de estas experimentaciones con el químico Rubalcaba, experto en encubrir terrorismo de Estado como también en solapar masacres terroristas que dan como resultado una desintegración institucional de un país. De ese experimentador ya se sabe el carácter sádico de sus intervenciones  a costa de esas cobayas ciudadanas que son sacrificadas en aras de resultados analizados pormenorizadamente a espaldas de la sociedad experimentada. Pero hasta que Rajoy asumió el poder, nadie imaginaba que las mascarillas también estuvieran puestas en el Partido Popular, dispuestos a diseccionar un país desentrañando las vísceras de la ciudadanía, tal y como el PSOE acostumbra en cuanto usa el poder para destriparlo todo.

  El experimento ETA es uno de esos procesos que pueden mezclar equívocos componentes que desembocarían en intención fallida. Dar por hecho que ETA está unida en criterio para entregar armas es como retrotraerse a los años en que la ETA político-militar y la ETA militar dirimieron sus diferencias ideológicas incrementando la violencia contra los españoles. Incluso con esa entrega siempre estaría el riesgo del rearme si, por ejemplo, el brazo político perdiera unas elecciones democráticas en el futuro.

  En todo laboratorio hay experimentadores arriesgados que, pretendiendo ambiciones más allá del propio conocimiento, sobrepasan la prudencia y se arriesgan a que les exploten las probetas en la cara.  Del mismo modo el Partido Popular da por hecha esa autosuficiencia del seguro resultado, siendo inconsciente del mal que puede propiciar esa ligereza a la hora de manipular elementos muy peligrosos.

  Cualquier desavenencia entre la misma banda armada puede constituir un peligro, máxime cuando han quedado con las manos libres los mismos experimentadores del terror que asolaron España con una estrategia permanente de auténtica destrucción, sólo al alcance de manipuladores de elementos peligrosos a los que no les importa que acabe reventando el propio laboratorio.

Si este experimento con la ciudadanía como cobayas fracasara, el Partido Popular y la Justicia serían directos responsables de las consecuencias de un error en que está en juego la supervivencia de los ciudadanos. Regresar a los infiernos de los años ochenta y noventa conllevaría un punto de inflexión en que sería evidente ese carácter manipulador que el gobierno y los jueces han ejercido de manera rastrera, contra la seguridad de la población y provocando un sufrimiento mayúsculo con total indiferencia. Lo mismo que el experimentador disecciona ausente de emociones.

  En tanto el laboratorio no explote por una mezcla arriesgada de componentes, todo es válido si empíricamente se demuestra el propósito para arriesgar en la ambición  y evolucionar hacia la fórmula perfecta- ya entonces perteneciente a la alquimia de lo político-: la piedra filosofal del gobierno corrompido pero impune con toda la codicia sectaria convertida en poder omnímodo, pertrechados al fin de ese metal precioso que todo lo compra, incluida la justicia y a bajo coste;  Justicia de saldo  que en España ya está amortizada viendo cómo los criminales tiene más derechos que las cobayas sacrificadas del experimento social.

  Si a todo se une el carácter explotador permanente, la coacción y la imposición; la delimitación de las libertades pudiéndose convertir cualquier ciudadano honrado en reo de la ley inquisitorial... podría ser que los confiados experimentadores se encontraran con que la cobaya no acepta esa sumisa condición y les arrancara el dedo de un bocado. A mordiscos también se defiende la existencia.

  Si revientan las probetas de estos canallescos y ruines experimentos que lo hagan en la cara de los politicos y jueces que han jugado con la vida de todos,  del mismo modo que otros fueron asesinados como cobayas, importando muy poco la vida de los inocentes como la inexistente ley en España que debería velar por ella.

UNETE



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