Estrasburgo sí, Estrasburgo no

 

. Plumas de cobardía, cobardes plumíferos, ejemplos de la desvergüenza por lo convenido que no es digno de respeto ante una ciudadanía harta de corrupción permitida desde los tribunales.

  La Justicia en España nunca fue. En los grandes asuntos fue comprada, en los magnánimos conculcada, en los ocultos descaradamente silenciada. No hay dignidad y el país acusa el sectarismo de sinvergüenzas vendidos capaces de sentencias que no son más que el reflejo pútrido de los delincuentes advenidos a la Justicia que administran las corruptelas, los enjuagues políticos, los crímenes de sangre solapados, los caminitos de jerez que nunca se supieron hacia dónde dirigían, pero cuyos artífices fueron premiados por osar disimular las intenciones prevaricadoras con órdenes de máximo nivel. No hay Justicia ahora porque no la hubo antes. No han de engañar las apariencias pues lo justo dista mucho de ser la virtud que podemos esperar de ciertos tribunales, cuya utilidad es perfecta para politizar las decisiones aparentemente imparciales.

La delictiva expropiación de Rumasa es paradigma de vergüenza que se debe a aquellos jueces que se vendieron al postor político, el criminal encubierto bajo las siglas del gobierno felipista. Algunos jueces deben de llevar tatuado el Psoe en las bajas partes, las insondables e indetectables del favoritismo.

http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1993/06/24/021.html

  Una Justicia de quita y pon es un juguete roto que ha costado muy cara en un país que recela cada vez más de algunos apoltronados togados. A diferencia de otras profesiones, ser juez es una labor sobrevalorada que convierte en patente de corso cualquier decisión por mucho que hieda a intereses ocultos y contra la propia ciudadanía. No se comprende el carácter vitalicio de lo insigne, cuando se puede colar un sinvergüenza escudado tras la propia Ley para hacer lo que venga en gana. Hay jueces honrados pero otros habrá que encubren intenciones delictivas. Últimamente las caras de algunos sinvergüenzas se repiten en decisiones que sólo pueden comprenderse desde la compra política o la actitud de un proselitismo afín a la radicalidad más inmunda.

  Paradigma de la hipócrita condición que los ciudadanos sospechan es el reciente fallo del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo que ha contravenido la Doctrina Parot, para que con celeridad los jueces españoles tomen la sentencia como un imperativo cuya consecuencia es una excarcelación masiva que ya se está produciendo de manera inexorable.

  La justicia de juguete se arma y se desarma a conveniencia y eso es algo que indigna, repulsa y desquicia. Los jueces son causa de escisión y confrontación. No se sabe lo que esconden bajo las togas además de las impúdicas vergüenzas. Algunos sabrán pero ya no engañan.

  El mismo Tribunal de Estrasburgo dictó sentencia favorable a José María Ruiz-Mateos en 1993, condenando al Gobierno del latrocinio felipista por las irregularidades e indefensión practicadas contra el empresario y financiero. La cara dura politizada de esos jueces no dudó en hacer caso omiso de la sentencia al no considerarse subordinada la Justicia española a la europea. Quizá entonces debajo de esas togas no sólo se escondía la impudicia moral, sino también la política y muy seguramente la económica pues muy sospechoso es que a todo el mundo les apeste fallos que avergonzarían a la Justicia de cualquier país y aquí todo vale si se viste de negro, se muestra severidad en el gesto y se cuela gato por liebre, una y otra vez, hasta convertir algunos tribunales en un nido de conchabamiento, encubrimiento y funcionalmente en desintegradores de los derechos más elementales como los robados, engañados, estafados y consentidos jurídicamente de José María Ruiz-Mateos.

  Ninguna decencia puede existir en un país donde un ciudadano reivindique durante treinta años un juicio justo, además avalado por una sentencia de un Tribunal de Derechos Humanos de Europa.

  Llegado el momento de este país en que se ve cómo el carácter delictivo se adueña de los oscuros secretos deliberados por no se sabe qué nefastas influencias, hay que rebelarse contra ese nocivo efluvio servil de algunos que permiten el libertinaje delictivo tras la aparente honorabilidad de quienes lejos de dar ejemplo se han convertido en lacras y sospechosos de continuidad que favorecen los daños que todo el país ha padecido. Incluida la delictiva expropiación de Rumasa que sólo el vergonzante silenciamiento judicial permitió para que Felipe González y una pandilla elitista de cuatreros desplumaran el Holding  pasando, además, factura de dos Billones de pesetas al sufrido españolito de a pie que invitó al banquete.

  A propósito de plumeros, no sería extraño que los que desplumaron un Patrimonio de 700 empresas y 23 bancos se aseguraran de que algunas plumas se escondieran, junto a las impudicias morales, bajo las togas de honorables sinvergüenzas que, decisiones incongruentes tras decisiones incongruentes, han llevado a España hacia el abismo permitiendo golpes de estado, crímenes de sangre o excarcelaciones masivas para cumplir una hoja de ruta con ETA ¿bajo el Gobierno del Partido Popular que acata lo que digan sin rechistar?

Aquí huele que apesta cuando un ciudadano como José María Ruiz-Mateos demanda durante décadas un juicio justo, mientras en un santiamén las Víctimas del Terrorismo ven ,consternados e indignados, cómo se respetan dilatados derechos  a costa de la humillación de los asesinados.

Una Justicia que se dejó en el tintero algo tan evidente como una expropiación delictiva no juzgada, era previsible que llegaría a una absoluta bajeza radical sin importar las consecuencias. En España nos han acostumbrado mal. Sucede al  dar por hecho que la Justicia es justicia, cuando eso pasará con jueces justos-los hay y muchos, afortunadamente-… siendo otros miserables que deberían estar enjaulados para erradicar el mal que sigue inflingiendo tanto daño sin límites y consentidos.

  La toga no hace el juez como tampoco el hábito al monje.Son millones de españoles los que piensan que el Tribunal Constitucional desbarra; en realidad saben muy bien lo que hacen, desgraciadamente.

   España es ejemplo indignante del disfraz togado que algunos visten actuando como delincuentes.La percepción generalizada es que no hay Justicia y eso es peligroso cuando se se deja de confiar en el último bastión que puede impedir una rebelión social en el hartazgo para acabar tomándose la justicia por su mano.

UNETE



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