. En la bienvenida de compromiso que la comparsa de pista brindó a la recauchutada estrella de los espavientos y de las muecas, todo han sido halagos fingidos de compromiso a la nueva y gruesa carrocería que presenta la estrella. Los adefesios, a veces, para aparentar lo que no son, tienen que recurrir a la estética del retoque y del botox.Con el regreso de la dicharachera tertuliana a los dramas circenses del cotilleo, de las tragedias idílicas, de las infidelidades, de los encuentros y desencuentros, de las intimidades destapadas, de los desencantos amorosos, de las cornamentas y derivados, vuelven a recuperarse determinadas escenas para el chismorreo, la denigración, y la atrofia clientelar. Tanto es la influencia que en algunos momentos ejercen los integrantes del equipo de los amoríos turbulentos que, basta con que un personajillo de estos pronuncie una frase afortunada o necia, para que alcance la categoría de populachera.
En ocasiones se suele escuchar aquella desafortunada frase puesta de moda por Belén Esteban que decía: “por mi hija mato”. Tamaña barbaridad solo puede ser pronunciada por una persona de limitada cultura y de escasos conocimientos éticos y morales. Una madre en ningún caso debe amenazar con matar por el solo hecho de mencionar el nombre de su hija. Hay muchas formas de defender a una criatura descendiente. La defensa ante una injusticia se debe plantear de forma enérgica pero responsable, justa pero serena, contundente pero no ruin, decidida pero no violenta, firme pero no agresiva.
La protección y la honorabilidad de una menor se ha de defender con valentía y determinación, pero nunca con la amenaza de “matar”, sino todo lo contrario. Una madre debe de estar dispuesta a todo en la defensa de sus hijos, hasta a dar su propia vida por ellos, pero sin amenazas de muerte. Esto último es mejor dejarlo para los desalmados, para los individuos sin principios. Es muy triste que una hija pequeña escuche de labios de su propia madre que por ella ‘es capaz de matar’. Lo más lógico es que la oiga decir que por ella ‘es capaz de vivir’.Con el regreso de la Esteban el equipo circense del griterío, de las cornamentas y de las bufonadas está nuevamente al completo bajo la tutela de ese conductor del programa que se da más importancia que una mosca sedienta en un inodoro.