El autorretrato de la estafa sindicalista

 

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   Seguro que hay sindicalistas dignos de encomio pero pocos habrán en las filas de quienes lideran una mafia en toda regla por su funcionalidad basada en la coacción social.

   Cuando se les pilla con las manos en la masa, prontos están para reverdecer las campañas de la derecha contra el sindicalismo. Ni se imaginan estos vividores lo hartos que están los españoles de la política cuando, simple y llanamente, bien saben que tratan con sinvergüenzas que sin las siglas serían  delincuentes sin escudarse en ninguna organización. En todo caso las siglas convierten en mayor el delito estando de acuerdo todos los que participan en él.

 http://www.libertaddigital.com/espana/2013-10-20/ugt-a-defiende-su-derecho-a-cobrar-de-los-ere-porque-no-son-hermanitas-de-la-caridad-1276502228/

En pocas palabras queda retratada la actividad ilícita de quienes, de vivir sólo de los afiliados, deberían ser las hermanitas de la caridad en defensa de los derechos de los Trabajadores. La chulería, la disposición al enriquecimiento basado en la explotación instrumental de las dantescas condiciones del empleo en España, han convertido a estas monjitas sin hábito- así se pretendían en apariencia mientras saqueaban a diestro y siniestro ayudando a destrozar el tejido empresarial en España- en depredadores sin escrúpulos y en sacos rotos por donde la riqueza del país se ha ido colando con mil y una estratagemas encubiertas por el PSOE, que usaba a los sindicatos como esbirros del miedo para imponer las criminales políticas económicas que terminaron llevándonos a la ruina… en tanto UGT y CCOO acostumbraron a vivir de la sopa boba de los entresijos de corruptelas que en Andalucía poseía un feudo propio, avalado por treinta años de hermetismo y confabulación izquierdista bajo el mandato de la Junta.

  Qué lejos quedan estos personajes de esperpento que lideran los sindicatos mayoritarios de aquellos añorados Nicolás Redondo y Marcelino Camacho, adalides verdaderos de los derechos de los Trabajadores y que contribuyeron a la justicia social que luego otros usaron como pretexto para el enriquecimiento aplastando lo luchado lícitamente desde la Transición. Digno de recuerdo por su honorabilidad y honradez es también aquel Gerardo Iglesias, líder comunista, que ejerció su actividad tan lejos de la dignidad de un Cayo Lara que parece estar resentido con traumas infantiles para proyectar un odio propio de un acomplejado radicalizado con la excusa política.

  Méndez es lo más parecido a un matón de colegio con imposibles barbas en un siglo XXI, al lado de un aparentemente pusilánime histrión que se convierte en payaso del demonio en cuanto abre la boca. Los Pepe Gotera y Otilio que tocaron en suerte a esta castigada ciudadanía, son los chapuzas que ayudaron a Zapatero en el desmantelamiento institucional y económico que ahora todos sufrimos.

  No es pues extraño que se manifiesten en lo que el alma roída de desempeño de las codicias les ha inspirado todo este tiempo. No son hermanitas de la caridad,no,  ni tampoco han pretendido ser sindicalistas honrados al montarse un chiringuito de favoritismos que han lucrado a unos pocos a costa de la ruina de todos.

  Hora estaba siendo para que algunos de estos estafadores dejaran aflorar su cínica caradura ahora que se ven al borde del abismo judicial, para explicar el gran chanchullo que se han montado con las razones del berrido y la coacción que no dudan en practicar ante la Juez que los investiga.

  A lo mejor se acaba esa inercia de despotismo cuando, abriendo el frasco de las esencias de la defensa del trabajador, se destape la hediondez pútrida de unos parásitos que se enriquecieron cuando todo un país caía en desgracia, con ayuda de de liberados, organizados en piquetes coactivos,  que quizá más justo sería denominarlos en el futuro como condenados.

  Monjas no serán, ni caritativos, pero honrados tampoco y ellos mismos se retratan cuando pretenden defenderse de la inexorable acción judicial. Alguna vez tanta pestilencia tenía que llamar la atención en algún tribunal.

UNETE



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