Juez Coro Cillán/ 11-M: Aviso para navegantes

 

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  En momentos claves, cuando se ha podido vislumbrar la cara oculta de un país dominado por el oscurantismo, se ha echado el cerrojo a la transparencia sin ningún disimulo. La conveniencia se ha impuesto a la dignidad de lo justo de tal modo que se ha acrecentado la sospecha de que no se puede confiar en la Justicia, un extraño factor de continuista irregularidad que ha determinado la situación de crisis que ,sentencia a sentencia, nos ha dirigido hacia un abismo institucional y económico por el que milagrosamente todavía no nos hemos precipitado.

  La Justicia ha demostrado no ser confiable en miembros como los que integran el Tribunal Constitucional, culpable sin paliativos de decisiones que no se dudarían en tildar de criminales si los méritos de los jueces fueran medidos más allá del formalismo de vestir una toga para encubrir vergüenzas personales. La Política como La Justicia han estado sobrevaloradas institucionalmente sin percibir que no todo el que se coloca tras un atril para arengar a las masas con pretextos de justicia social,  o el que dicta sentencias ocultando intereses y sectarismo nada afines a la imparcialidad de juicio, no merecen el mínimo respeto ni consideración por el  ciudadano víctima de estos elementos indeseables de un país en permanente engaño.

  No se puede creer en la Justicia, triste, muy tristemente, pero aún queda la esperanza de confiar en las personas que la pretenden ejercer con integridad y que porfían por la independencia de los criterios frente a la marea del favoritismo que arrasó España durante décadas, particularmente bajo el mandato de gobiernos socialistas.

  Debe de existir un submundo que trasciende el aparente que vemos en la superficie. Como esa partitocracia manifiesta de pactos secretos que es capaz de encubrir, con el silencio de lo judicial, el paripé de la intentona golpista de 1981; la delictiva expropiación de Rumasa en 1983; el asesinato brutal de las niñas de Alcasser o la matanza del 11-M que dio paso a la desintegración que aún hoy padecemos. Debe existir una dimensión de las sombras donde todos los poderes estén supeditados a una malignidad aceptada que unos y otros alimentan bajo el influjo permanente de la confusión mientras nos hacen creer que hemos vivido en libertad desde la Transición. Han de existir cuentas pendientes, trapos sucios, ambiciones inconfesables así como  pecados colectivos y personales usados como chantajes para encubrir la inmundicia que haría perder la paciencia al pueblo si se llegara a revelar.

  España no es lo que parece porque está enraizada en la corrupción desde siempre y es en tiempos de crisis provocada cuando hemos advertido un carácter criminal que han avalado no pocas veces los tribunales mal llamados, equívocamente aceptados como de Justicia.

  Es sorprendente cómo funciona la maquinaria del rodillo cuando alguien decide actuar en buena lid para desmantelar esta farsa de país edificado sobre tantos misterios sin resolver.     Muy sorpresivo comprobar que nadie ha dicho nada sobre la sentencia de inhabilitación de 15 años de la Juez Coro Cillán, la única decente y al margen de la cobardía que plantó cara al silenciamiento de la matanza del 11-M para intentar develar las causas, el verdadero trasfondo, del atroz atentado que conllevó descaradamente un cambio radical en el devenir de este país que arropa a sus criminales verdugos, encaminándose al cadalso de esos planes que siguen en su proceso, latentes e indefectiblemente determinantes, que amenazan nuestro futuro. Aquí nada se ha culminado de la intención de la masacre. La cuenta atrás sigue.

  La historia de cobardía, hipocresía e indolente desvergüenza se repite. Sabiendo lo que es alguna Justicia en España debería llamarnos la atención la condena por causa menor de una Juez que intentaba desenmarañar el laberinto de la masacre del 11-M de cuyo trasfondo millones de personas atribuyen a un golpe de estado cuyas consecuencias fueron inmediatamente desarrolladas no obstante el proyecto político de Zapatero parecía bien planificado desde hacía tres años antes en conversaciones secretas con una organización terrorista.

  Treinta años antes se saqueó a punta de metralleta un Holding sin otro pretexto que el enriquecimiento ilícito de la élite del país sin que redundara en ningún beneficio para el ciudadano. Así pues no es extraño que todo el mundo calle ante la sentencia de la Juez Coro Cillán, juzgada y condenada por prevaricación en un país de justicias tan relativas como evidentemente manipuladas, siendo el caso Faisán el último paradigma de la disfuncionalidad jurídica.

  Me permito dudar de la integridad de algunos que por vestir togas sólo se convierten en esbirros disfrazados de la iniquidad y rompo una lanza a favor de los jueces independientes que cumplen con el deber de intentar impartir la Justicia que los forajidos de este país tienen comprada ideológicamente.

  Me parece muy sospechoso que la única Juez que se ha dignado a investigar la matanza pensando en la tragedia en la que están inmersas las Víctimas, se la haya condenado por un caso que ni de lejos tenía la importancia de lo que acometió Cillán. Una Juez prevaricadora no se complica la vida jugándose toda su seguridad personal. Es algo absolutamente contradictorio. Además antes sufrió un incendio en su casa después de comprobar que alguien manipuló la cerradura de la vivienda.

  Eva Casanova y Antonio del Castillo, los padres coraje  de Marta, comprueban a diario cómo la influencia sectaria obliga a la impotencia de los perjudicados. Que se lo pregunten a Fernando García, padre de Miriam, una de las niñas de Alcasser brutalmente asesinada.

  Una Juez que quiso investigar lo sucedido el 11-M es inhabilitada 15 años, mientras uno de los vagones con pruebas del foco de la explosión está abandonado sin que nadie tome pruebas para averiguar lo que estalló aquel trágico día y tirar del hilo hacia la autoría del atentado. Incongruencias que en España se han tornado en normalidades bajo el estricto silenciamiento de una casta política y judicial en las que nadie honrado y coherente en España puede confiar.

  El aviso para navegantes está activado hace décadas; quien lo obvia en la judicatura paga consecuencias y seguramente la Juez Coro Cillán lo sepa además de comprobar cómo funciona este país de la mentira, cobarde y previsible en lo hipócrita.

  Veremos si a la Juez Alaya, arremetiendo contra la corrupción de tres décadas en Andalucía,  no le surge de la nada un laberinto personal insalvable. Suma y sigue…

 

UNETE



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