. De hecho, por estos días, un grupo de colegios de
enseñanza media han sido ocupados por sus estudiantes y sus organizaciones
representativas, como una manifestación de protesta contra las políticas
gubernamentales, que pretende dar un nuevo zarpazo a favor de la
comercialización de los servicios educacionales, buscando favorecer la
educación universitaria privada.
El modelo actual, fundado en el lucro,
entrega una educación discriminatoria, basada en la optimización de las
ganancias de los prestadores del servicio. Actualmente es uno de los mejores
negocios, que reporta grandes ganancias, entregando una educación mediocre,
selectiva y mercantilista.
La demanda de los estudiantes va en
sentido contrario, clamando por una educación fiscal, que garantice la calidad,
la igualdad de oportunidades, la movilidad social y el derecho igualitario para
todos, más allá de los ingresos económicos.
Los estudiantes repudian el actual
modelo privatizador y mercantil de la educación, basado en premisas
neoliberales y subsidiarias, donde la educación es sometida a las reglas del
mercado, transándose como cualquier otro producto, sobre factores de oferta y
demanda donde cada cual compra el servicio que puede pagar, produciendo un
abismo social entre los que pueden pagar el acceso a mejores colegios o mejores
universidades y los que tienen que aceptar colegios paupérrimos, sin recursos, o una educación terciaria deprimida por las
reglas del mercado.
Los estudiantes rechazan el proyecto de
dominación ideológica y social, que consagra el actual modelo, donde el
Ministro de Educación es un paradigma. Para ellos la educación es un derecho
social que solo puede ser abordado por el Estado, cuestión que viene a sr
compartida por sectores cada vez más crecientes de la población, y que deberá
ser uno de los grandes desafíos de los próximos años a fin de construir una
conciencia política y social favorable para ese objetivo superior.
En ese contexto se ha producido un
pequeño homenaje a uno de los colegios que simboliza el drama de la educación
chilena. Un grupo de hombres de
pensamiento libre, se ha reunido en uno de los patios de ese colegio, para
reconocer su historia y su aporte a la educación pública y su compromiso con el
rol social de la educación.
Se trata del segundo establecimiento
educacional fundado por la república, y el primero luego de que Chile conquistara
su independencia nacional: el Liceo Gregorio Cordovéz de La Serena, que este
año celebra sus 190 años de existencia. Su fundación se produjo e, 1821, por Decreto
de la República firmado por el Padre de la Patria, Bernardo O´Higgins, un
librepensador que consideraba que la educación era uno de los principales
tareas de la naciente república independiente.
Nació el liceo con el nombre de
Instituto Departamental San Bartolomé de La Serena, y con el paso del tiempo
tomaría el nombre de uno de sus principales artífices, el coronel de milicias,
patriota y político, Gregorio Cordovéz del Caso, gobernador y parlamentario,
unido a O´Higgins en propósitos y exilio en Mendoza, y que le correspondió
cumplir un importante rol en la consolidación de la república y la independencia
en la hoy Región de Coquimbo. Compartió con O´Higgins la preocupación
por la educación, y su obra destaca por ello, junto a los primeros canales de
regadío y el apoyo a la gestación de la primera Escuadra de la Marina de
Guerra, con la compra de “La Coquimbo”, conocida luego como la “Chacabuco”.
El “Instituto Departamental”, que luego
llevará el nombre del coronel independentista, ha sido el alma mater de la
educación chilena en el norte del país, y de ella emergerán luego otras
instituciones educacionales memorables: la Escuela de Minas, la Universidad
Técnica del Estado local, y la sede provincial de la Universidad de Chile. De
sus aulas han salido importantes figuras nacionales (políticos, militares,
cultores del arte, profesionales destacados, etc.). El más destacado en vida es el Premio Nacional
de Educación, Marino Pizarro.
Con esa enorme tradición, en cualquier
país, un colegio de ese tipo estaría entre los principales del país, señalando
con su trayectoria la fortaleza de su tradición y la trascendencia de su
legado. Sin embargo, hoy es un colegio
municipalizado, con pobres recursos, sin un Estado que asuma el valor de su
propia obra en el proceso de construcción cultural, que debe arrendar sus
recursos físicos (su imponente teatro y sus amplios comedores) para eventos
sociales, a fin de obtener recursos monetarios para seguir cumpliendo su noble
labor educadora promoviendo la movilidad social y el compromiso con su
historia. En la modalidad de financiamiento compartido, sus casi 600 alumnos
pertenecen al segmento de ingreso mensual que va entre los 400 y los 700
dólares.
Recorrer su construcción de más de
12.000 metros cuadrados, permite sentir la fuerza espiritual de su historia, de
su tradición y de su enorme legado cultural y social al país. Una herencia que
el sistema de educación actual desprecia para favorecer el mercantilismo y las
ganancias de los mercaderes, refugiados en mentirosas campañas publicitarias y
en supuestos logros que son incapaces de pasar cualquier test de medición de
resultados en calidad, y que carecen del mínimo compromiso con el rol emancipador
de las conciencias que debe cumplir la educación.
Fue un agrado acompañar al ex rector de
la Universidad de Chile y actual Gran Maestro de la Masonería Chilena, Luis
Riveros, al rector del Liceo Gregorio Cordovéz, José Araya, y al Alcalde de La
Serena, Raúl Saldívar, para descubrir una placa de homenaje a los 190 años de
historia de este establecimiento que es el alma mater de la educación del norte
chileno, y que es un paradigma histórico de lo que los estudiantes chilenos
quieren hoy y demandan hacia el futuro. En cada una de las alocuciones ese deseo profundo de contar nuevamente en Chile con una educación mejor, pública, laica y con un profundo sentido social, estuvo fielmente representado y reivindicado.