El pobre cabrán ni siquiera su nombre escogió. Se lo pusieron en honor a Zapata. Nacido de alta cuna, sabanas de seda, cuidados exagerados por su fragilidad de salud, por orden del patrón todos le rezan a la virgen para que lo conserve en vida. Los doctores cuidan del cuerpo de papa que desafortunadamente tiene y guaruras cuidan todo el día la alberca pues el niño nunca aprendió a nadar, aunque ya de grande por complejos se compró un yate digno de fiestas futboleras.



