La veteranía del tiempo me ha vacunado la capacidad de asombro contra las burradas, estupideces y extravagancias con que el rumbear de la vida nos suele sorprender. No obstante, es posible que alguna de esas estupideces de matrícula de honor, pueda aún causarnos sobresalto, bien por el grado de imbecilidad, o bien por la profundidad imaginativa de quien la promueve. Es tan elevada la variedad de estúpidas rarezas que diariamente se plantean, que es harto difícil que nos detengamos más allá de los simples titulares de la memez.




