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Intelectuales y Kirchnerismo. El retorno a la pregunta sobre el compromiso intelectual un espacio entre Hugo y Hoederer


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23/09/2013

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Preliminares

Uno de los cambios de la última década es la aparición de la pregunta sobre el rol de los “intelectuales” en una sociedad, nuevamente se pone en discusión este gran termino, en el ultimo libro de Carlos Altamirano1, es un interesante recorrido sobre los lugares de habla, de constitución de ese grupo y el conjunto de debates en torno a los significados, leídos principalmente en una doble clave: la normativa, respecto al rol de intervención, compromiso respecto a la actualidad del tiempo vivido, o en clave sociológica, pregunta sobre quien ocupa el lugar de la palabra intelectual en una sociedad.

Estos son momentos donde las palabras se mueven en una conjunción de espacios, pero la palabra se ha vuelto pública, desnuda, situada, tensionada, en busca de remontarse mas allá de las firmas, buscando nuevas legitimaciones, mecanismos argumentativos, palabras que se encuentran disputando lo político, la palabra se ha vuelto igualitaria.

En este conte contexto frente a la idea de lo intelectual le nacen un conjunto de interrogaciones: ¿dónde se encuentra?, ¿en ese espacio de reconocimiento de reglas, escrituras, intervenciones, limites difusos que producen aperturas y estrechamientos?, ¿en un conjunto de legitimaciones que recorren trayectorias biográficas que dan cuenta del uso de las palabras en ese trayecto de nuestro ir hacia el punto determinado al nacer?, o quizás ¿en ese todos colectivo que construye esa palabra que disputa significados, lecturas, sueños, y utopías?, ¿es similar a una posición en el ejercicio de una determinada practica a ese amplio rango vinculado a las disciplinas  humanidades o es el ser humano que interviene en la disputa del ágora democrático?.

  Lo intelectual, como palabra maldita, como palabra que genera compromisos, discordias, legitimaciones de la dominación y la liberación, que recorre los caminos mas allá de lo trazado por las escrituras, por los espacios legitimados de lo impreso y el conjunto de certificaciones entregadas por las academias, ¿el intelectual como estatus? ¿Cómo palabra escondida?.... porque también así como existe la pregunta sobre el ese murmullo que puede generar en determinados momentos políticos y sociales de una sociedad, a uno le nace la sospecha de los silencios, el silencio como exilio de la palabra, para dejar lugar al triunfo de los consensos entre desiguales de la dominación.

  Como afirmamos con anterioridad, son momentos donde la palabra ha adquirido un alto grado de configuración igualitaria, muchas veces recorriendo los espacios del margen, intervención que presenta un conjunto que rompe solamente el apoyo o no de determinadas medidas, sino en ellas, se encuentran las aperturas de las discusiones perdidas en las décadas de los finales (historia, política, izquierda), nuevamente colectivamente nos hemos abierto a re-pensar, la democracia, la igualdad, la republica, la lucha de clases, la izquierda, la derecha, el odio, el amor, lo humano en su conjunto.

  Palabra que se incorporo a través de la brecha, que no es solo un camino sin argumentaciones, sino que puso en tensión los mecanismos argumentativos legitimados por la idea de final, intervenciones que se construyen a contrapelo, que retoman las palabras de los vencidos disputando su lugar a la palabra del vencedor, palabras….

Quizás la acción central de lo intelectual, pero patrimonio compartido por todos, que rompe los mecanismos constituyentes de lo desigual, porque el principio central de lo igual es la capacidad de los habitantes de la comunidad política de generar la palabra.    





1. Desde la llegada de Nestor Kirchner al poder en mayo de 2003, se planteo la necesidad de articular una relación de dialogo con el campo intelectual, proceso caracterizado por un conjunto de idas y vueltas, diálogos, rupturas, hasta la aparición de Carta Abierta, que consolido un espacio intelectual propio frente al momento de ruptura histórica que significo la movilización de los sectores patronales del campo en el 2008.

Dialogo de tensiones entre la búsqueda de la pregunta de la tarea del intelectual, y la pregunta del político en el devenir de la acción propia, interrogantes sobre las formulaciones entre la formulación de una nueva arquitectura del lenguaje que expresara los conceptos: movimiento, lo político y su nueva relación con lo social, la re-lectura de lo nacional y popular, la conformación de vasos comunicantes con las culturas de izquierda2, cuestionando nuevamente la posición del intelectual en la sociedad, su participación en las mediaciones entre la sociedad política y la sociedad civil, lugares de enunciación discursiva.

Dialogo complejo entre los espacios de “autonomía” discursiva consolidados en el entramado de las modificaciones en nuestra sociedad a partir del conjunto de reformas neoliberales, mecanismos de legitimación y de circulación de la palabra, niveles discursivos que conforman nuevos entramados de pasajes.

Re-configuración de una política cultural, que pretende poner en tensión la democratización de la palabra, subjetividades con capacidad de dar un sentido y significado a lo real, a la participación y lecturas sobre lo constitutivo de la acción política, ubicando el disenso y la lucha agonistica en la arena política argentina.

Espacio heterogéneo, circulando entre un discurso de binaridad constitutiva, en la toma de posición respecto a la aparición del momento kirchnerista en la grietas del acontecimiento político nacional.

Frente a ciertos discursos, la toma de posición no implica la perdida de la capacidad de la critica constitutiva, sino que en el momento de la palabra enunciada, la misma se ubica en el espacio de la lucha de interpretaciones, de esa construcción de una nueva arquitectura del lenguaje político, recuperación de tradiciones e imaginarios sociales.

Estas luchas interpretativas adquirieron una mayor claridad, en el momento de la ruptura simbólica del rol de neutralidad discursiva de los medios de comunicación, que dejaron de ser presentados como una extensión de la “neutralidad”, y se configuraron como expresión también de los poderes económicos, ubicando su discurso como un espacio de emisión de sentidos sobre la totalidad de lo real, que configuraban lecturas rectoras de la realidad, lecturas no inocentes, la “neutralidad” emitida como posición discursiva implicaba pretender universalizar los significados de lectura sobre la totalidad de la sociedad, a partir de los intereses particulares ocultos en la puesta en escena de una estética de lo político, legitimador de formas de recepción y comprensión de la realidad, hegemonía de un lenguaje que codificaba un extensión de lo real sin vínculos entre el vocero y el dueño de la palabra, lecturas organizadas en torno a la idea de una sociedad sin conflictos, formas de estar y ser en el mundo, donde la contradicción aparecía como elemento de anomía en el cuerpo de la sociedad, contradicción excluida a los margenes de lo real, no constitutivo de una sociedad.3

Donde la idea de una “civilización”, leída en clave de la expansión del mercado como regulador de las relaciones entre los ciudadanos, ahora leídos e entendidos, como “ciudadanos-consumidores”, ubicaba como parte constituyente de su identidad, a un otro, en el margen, excluido del festín neoliberal, esperando el “derrame mágico” de las migajas sobrantes, un otro estigmatizado, ubicado en las lineas de la “Barbarie”, incompresible presencia que emergía en los piquetes, los movimientos de desocupados, en los comedores, voces de los vencidos por el neoliberalismo, que susurraban a los oídos del poder su presencia fantasmal, como diría Benjamín, una “civilización” construida sobre la “barbarie” propia de su devenir, no como un afuera, sino, parte integrante de su devenir, parida desde sus mismas entrañas.

Un campo intelectual y político que establecen lecturas, diálogos, idas y vueltas, sobre el transito de lo democrático, su desenvolvimiento en una sociedad que paria exclusión, sobre si solamente las formalidades son suficiente para lograr una definición aproximativa a pensar la democracia como vida de una sociedad, recuperación del dialogo abierto en la primera etapa del alfonsinismo, una expresión que dejaba de ser partidaria para ser instituyente del ser democrático, la relación de la primacía del “mercado” como sujeto regulador del conjunto de la sociedad.

El neoliberalismo puso en tensión parte de los supuestos de los campos regulados por el “gran campo” el Estado, ubicando al mercado como un río que inundaba con sus relaciones al conjunto de los campos autónomos.

En cierta manera, la construcción del imaginario de una autonomía discursiva, por parte de determinados sujetos sociales, tanto en el campo intelectual como en el ciertas culturas de izquierdas, se desarrollaba frente a las formalidades del andar del neoliberalismo, reflejo, en parte del proceso de des-politización impuesto por las fracciones de las clases dominantes, resultado de la crisis del Alfonsinismo en 1987, y la política de des-politización de la sociedad, y de los ámbitos académicos, durante el menemato, el kirchnerismo, en este sentido, representa un conjunto de realidades que re-politiza los espacios de producción discursiva, tanto académicos cono extra-académicos, al interpelar con un conjunto de practicas las posiciones de los sujetos sobre la esfera de lo político.

2. La intervención del campo intelectual en la sociedad civil, principalmente con mayor visibilidad a partir del conflicto del 2008 con las entidades agropecuarias, han puesto en tela de debate el conjunto de estéticas de lo político4 implementadas durante las décadas neoliberales, en las cuales una conjunción de concentración de medios periodísticos, la consagración de la idea de la imposibilidad de encontrar una alternativa a la serie de políticas implementadas, es decir el recorte de las configuraciones de lo posible y la constitución de un cuerpos de experiencias homogéneas, definieron un conjunto de actos sobre lo visible, lo que se puede decir sobre ello y que sujetos podían emitir un juicio sobre lo mismo, los entramados discursivos del espacio económico, despojados de las mediaciones entre espacio de habla y emisor, establecieron una distancia discursiva entre un poseedor de un saber, autónomo de lo político, y conjunto de sujetos sociales, despojados de la posibilidad de acceder al acto de conformación de una subjetividad colectiva, pasividad de la aceptación del hecho neoliberal como única posibilidad de devenir de la re-estructuración de la sociedad.

La intervención de un conjunto de intelectuales en el momento destituyente del 2008, abrió una fuerte brecha de disenso discursivo sobre la arquitectura del lenguaje neoliberal, que implicó una nueva forma de pensar las posiciones que los cuerpos, los sujetos hablantes colectivos, se re-apropian de la capacidad de designar objetos, de organizar la realidad, una organización nueva de lo sensible, siguiendo al filosofo francés Ranciere, que ponen en tensión los regímenes de presentación y de interpretación de lo real, una re-configuración de los regímenes de percepción y significación, es decir:

“Reconfigurar el paisaje de lo perceptible y de lo pensable es modificar el territorio de lo posible y la distribución de las capacidades y las incapacidades”. 5

Este proceso de pensar las brechas de disenso en torno a los entramados discursivos, se configura como un proceso de subjetivación política, proceso que avanza sobre la capacidad de los sujetos políticos sobre la pregunta del saber que objetos y sujetos están incorporados, y cómo, en el conjunto institucional que conforma un Estado, abrir la brecha sobre como las leyes producen una definición de relaciones que instituyen una comunidad política.

Interpelación que rompe con la evidencia sensible de un orden dado por “natural”, que destina a los sujetos a ocupar posiciones de comando o de obediencia, a la participación publica o privada, una asignación de una temporalidad que estructure los mecanismos de la vida, formas de ser, ver y decir, una lógica que ubica cuerpos en lugares previamente distribuidos, que legitima voces que enuncian determinadas practicas discursivas, interpelación que se hace a través de una invención de una instancia colectiva de enunciación, re-diseñando los espacios comunes6, actividad que implica recomponer una arquitectura del lenguaje propia de la presencia de lo colectivo, a través de dotar un nuevo conjunto de significados a tradiciones políticas, re-significación conceptual, de pensar la temporalidad y los relatos que se disuelven en la sociedad, de significar una relación pasado-presente que permita una nueva configuración de lo posible.

3. Como mencionamos, al comienzo del presente ensayo, el kirchnerismo, desde su llegada al gobierno, intento establecer puentes con el campo intelectual, una dialogo con un conjunto de intelectuales enrolados en un concepto demasiado poroso y fluctuante, “progresistas”, en el se podían encontrar tradiciones que iban desde diferentes culturas de izquierdas hasta liberales republicanos, con participación en la constitución de grupos que actuaban con diferente niveles de proximidad en experiencias que iban desde el espacio sindical hasta espacios de asesoramiento de partidos políticos, este acto de dialogo intentaba recuperar la pregunta sobre el papel del intelectual en una instancia de la construcción de un modelo político alternativo al neoliberalismo.

De esta manera, el kirchnerismo naciente interpelaba a varios de los supuestos “naturalizados” durante el periodo anterior, poniendo en tensión un conjunto de preguntas en torno a la relación intelectual y política, supuestos en torno al rol de la critica, sobre que espacios se ejerce la misma, es decir, sobre que poderes que articulan una sociedad capitalista, pregunta implícita sobre que se entiende por autonomía discursiva del intelectual, sobre la idea de neutralidad del sujeto participante, o sea un conjunto interrogativo sobre los imaginarios sociales sobre quienes conforman el campo, sobre los mecanismos de definición sobre quien esta incorporado, sobre sus limites, parámetros que preguntan sobre lo intelectual.7

Un ejemplo de lo expuesto en los párrafos anteriores, es la situación descripta por el filosofo Jose Pablo Feinmann en su libro El Flaco8 donde ronda en torno a lo largo del mismo una especie de una recreación, principalmente a partir de la decisión del ex-presidente de dejar de lado la idea de de la construcción de un nuevo movimiento transversal para dirimir poder dentro de la estructura partidaria del Partido Justicialista, del dialogo que se realiza en el acto III de Las Manos Sucias9, entre Hugo y Hoederer.

En ese acto de la obra teatral se articula en torno a la pregunta sobre la relación entre política e intelectualidad, pensar los grados de la autonomía intelectual y la practica de lo político, entre las éticas de la convicción y la ética de la responsabilidad planteada por Weber, un dialogo que marca las tensiones entre el campo político y el campo intelectual, una marca que estará presente en el campo intelectual argentino como tensión interrogativa a partir del periodo post-dictatorial, y que la llegada del kirchnerismo al poder, volvió a colocar en el debate.

El dialogo sartreano, puede ser leído sobre como los mecanismos interrogativos de quienes, desde del campo intelectual, se realizan la interrogación sobre lo político, y dentro de esto la pregunta sobre el compromiso político, un espacio que encuentra la tensión constitutiva entre lo teórico y la praxis política, entre el espacio de lo ideal y lo real, tensión que retoma Hoederer, al explicar a Hugo, sobre la imposibilidad de realizar y poseer un compromiso político sin previamente aceptar, y tomar como punto de partida, lo que los hombres son, es decir, actuar, en algunos casos, sobre las circunstancias pre-establecidas que configuran el accionar de los sujetos sociales10, que configuran el campo de lo posible mediato, sin dejar de ejercer una proyección sobre lo posible en el futuro11.

En este sentido, la intervención del sujeto no implica necesariamente dejar de lados los principios rectores, sino reconocer que el campo de lo político, es necesariamente un espacio de conflicto, donde las fuerzas y/o subjetividades intervinientes no participan en igualdad de condiciones, y, su vez plantea como eje para la reflexión la naturaleza de no-autonomía argumentativa del intelectual, sino que la misma es una construcción que proviene de la ruptura significante, para el caso argentino, de la dictadura cívico-militar como acontecimiento, condicionante a su vez de la naciente democracia argentina, que luego de la experiencia del gobierno de Alfonsín, se construyo como un el discurso exiliado y circulante en el espacios académicos, o tal vez, en espacios ubicados en la zonas limites de participación en la sociedad civil, este ultimo actuando como discurso interviniente, pero con escaso grado de recepción en la arena publica.

El campo intelectual argentino, empezó a designarse en función del grado de participación en la esfera de la academia como rectora de la pertenencia o no del mismo, modificación que fue acompañado por la serie de reformas neoliberales del gobierno de Carlos Menem, que instituyo un entramado de una nueva legitimación, articulada sobre la conformación de los mecanismos de financiamiento de la investigación, generadora de nuevas practicas y experiencias académicas.

En cierta manera, la consolidación de estos mecanismos instituyo un posición de presentación de lo académico como de “neutralidad científica”, respecto a lo conflictivo de la arena política, es decir estableció una fisura entre lo académico y lo político12.

El hablar, la emisión discursiva, que legitimaba dicha fisura en los últimos tiempos ha sido puesta en tensión.

El dialogo sartreano que se establece con mayor fuerza en el acto III de las Manos Sucias, tienen como marco de referencia a las subjetividades pensando e interrogándose sobre político, no es solo un debate entre dos sujetos que separan lo político del rol de intelectual, en ambos casos, tanto Hugo y Hoederer son lo político y lo intelectual, no hay división social del trabajo, en toda la obra no esta establecida dicha separación, sino que esta atravesado por el lugar hegemónico del lugar del habla, es decir, intelectual-político o político-intelectual.

De esta manera, la obra teatral presenta el conflicto entre lo político como un conjunto de principios rectores que regulan nuestra presencia en el ámbito de la praxis, y, por otro lado, la política, que incorpora el contexto sobre el cual se ejerce la misma.

En este sentido, Hoederer no es representante de lo pragmático hegemonizando lo político, y Hugo, el autónomo intelectual, cuyo objetivo si bien es el de ubicarse como el vigilante de la acción de Hoederer, y que tiene la orden partidaria de asesinarlo si es el caso, interesante metáfora a la que volveremos, sino que es participante de un debate interno sobre el régimen de legitimidades que se dan en el entramado de las relaciones de la acción política sobre lo real, se puede resumir en el siguiente conjunto interrogativo ¿cual principio actuá como central? ¿cual corre el riesgo de inmovilidad?.

Es sobre este conjunto interrogativo sobre el que se sustenta lo que podríamos decir la base argumentativa de Hoederer cuando le dice a Hugo, si el principio rector de la acción política se instituye como dogma, y no se toma la humanidad, como algo lo que es, y la convierte en sujeto rector y habitante de un mundo ideal, puede producir un doble movimiento: la inacción, o el riesgo de la destrucción de la sociedad.

En este dialogo que se establece, adquiere una centralidad para comprender una parte de la primer relación entre intelectuales y el gobierno de Nestor Kirchner, y sobre el que se sustenta gran parte del libro de Feinmann, Hugo le reprocha a Hoederer, que las relaciones que establece con los otros partidos enfrentados a la ocupación corre el riesgo de generar transformismo que cristalice el pasaje del partido para la revolución a un partido de gobierno, dejando de lado el principio rector del partido revolucionario que es es la toma del poder, y no un conjunto de posibles alianzas que pueden ser cooptadas por el sistema político post-ocupación.

En este contexto se produce la pregunta, realizada por Hoederer, que tiene una centralidad para comprender político, en situaciones de desigualdad en la correlación de fuerzas adversa ¿cómo se conserva el mismo?, y ¿desde qué realidad se interpela al mismo?.

Hugo al presentar como única variable de intervención el espacio del principio, recorta el espacio sobre la intervención y de la construcción de lo político, no deja la posibilidad de constituir lo político en una extensión de los riesgos de la praxis como elección sobre las configuración de lo posible implícito en el presente, elección y responsabilidad en una elección entre caminos posibles, pero contenidos como punto de partida en el acontecimiento del presente, acción de elección que adquiere niveles de responsabilidad, porque como plantea Hoederer en el dialogo, la política se hace para los vivos, es decir sobre los sujetos reales, que respiran, aman, es decir, sin amor hacia el hombre real no hay posibilidad del ejercicio de la política como acto de constitución de una alternativa al acontecimiento fundador.

En esta lógica del devenir de lo político en el dialogo de Sartre, se produce la intervención de Hoederer sobre la relación entre los medios y los fines, sobre la inocencia del poder:

“Exactamente. Hoy es el mejor medio. ¡Cómo te importa tu pureza, chico! ¡Qué miedo tienes de ensuciarse las manos! ¡Bueno, sigue siendo puro! ¿A quién servirá y para qué vienes con nosotros? La pureza es una idea de fakir y de monje. A vosotros los intelectuales, los anarquistas burgueses, os sirve de pretexto para no hacer nada. No hacer nada, permanecer inmóviles, apretar los codos contra el cuerpo, usar guantes. Yo tengo las manos sucias. Hasta los codos. La he metido en excremento y sangre. ¿Y qué? ¿Te imaginas que se puede gobernar inocentemente?”13

La acción política contiene en si, la negación del acto de inocencia, mas cuando se gobierna sobre sociedades de clase.

Son las circunstancias las que determinan el accionar, las medidas a tomar, la correlación de fuerzas en un momento determinado, pero volvemos a la idea, negar que la política no es inocente, no es ubicarse y actuar sobre un paradigma pragmático es pragmatismo actuante, sino pensar que la acción esta condicionada por el contexto de participación, es decir, los hombres actúan no en las situaciones ideales sino sobre el entramado que la historia les construyo como presente.

En este sentido, Hoederer se mueve con principios humanistas, el amor al hombre, situado en el contexto es el que lo lleva a la acción, no una subjetividad ideal sino de carne y hueso, principios del humanismo que contiene la posibilidad del acto de violencia, pero que se reconstruye sobre el principio de temor de la muerte del otro: “Prefiero la gente que teme la muerte de los demás: es prueba de que sabe vivir”.

Retornando a la idea previa de Hugo enviado a vigilar a Hoederer, se constituye en una interesante metáfora sobre el papel de lo intelectual en lo político, en este sentido lo intelectual, se construye un guía, un emisor de la palabra sobre lo político, lo cual nos lleva a la pregunta sobre la ubicación del mismo ¿por afuera? ¿adentro?, la posición como punto de referencia, en determinados contextos es desnudarse ante el otro, decirle yo hablo, pronuncio la palabra desde un determinado lugar, es decir anulo la idea de espacio indeterminado, la palabra ubicada, expone al sujeto emisor en una situación de vulnerabilidad, ¿hay posibilidad de escapar de la situación de vulnerabilidad?.

Solo ocultándose en un espacio de apariencias, donde el discurso tiene múltiples extensiones de emisión, aun sabiendo que existe la posibilidad del desnudarse en los mecanismos de la argumentación, los académicos que escriben sus lineas en diarios que son opositores al gobierno, juegan con la idea de autonomía, se presentan, casi con la antigua idea del técnico, es decir, son sociólogos, historiadores, críticos literarios, politólogos, de esta manera se produce un proceso por el cual se oculta, y se presenta ante el lector, la idea de voz autorizada y legitimada por su participación en determinados ámbitos, construyendo un imaginario frente a los lectores, de una separación entre el discurso emitido y lo político.

Para terminar, podemos decir, que lo abierto por el momento político del kirchnerismo se caracteriza por la antigua dicótoma que se enfrento el mundo intelectual, en décadas pasadas sobre la posibilidad del compromiso de los mismos en la participación de la construcción de una arena política de debate entre proyectos de nación.

















































































1Ver ALTAMIRANO, Carlos, Intelectuales. Notas de investigación sobre una tribu inquieta, Buenos Aires, Siglo XXI Editores Argentina, 2013



2 Para este ensayo vamos a pensar a las culturas de izquierdas integradas tanto las orgánicas como las otras tradiciones emancipadoras, que pueden rondar el arco que va del marxismo clásico a las diferentes versiones de izquierdas liberales. De esta manera el dialogo interpela a un conjunto amplio de arquitecturas del lenguaje características de cada tradición.



3El presente párrafo es una lectura de CASULLO, Nicolás, Las cuestiones, Buenos Aires, FCE, 2008



4Tomamos el concepto de Estética de lo político que se encuentra desarrollado en RANCIERE, Jacques, El espectador emancipado, Buenos Aires, Manantial, 2010, p. 65



5RANCIERE, Jacques, El espectador emancipado, Buenos Aires, Manantial, 2010, p. 52



6Ver RANCIERE, Jacques, El espectador emancipado, Buenos Aires, Manantial, 2010, pp. 61-62



7Dentro de la bibliografía sobre el debate actual sobre el rol del intelectual se recomienda la lectura de SARLO, Beatriz, La audacia y el calculo. Kirchner 2003-2010, Buenos Aires, Sudamericana, 2011, principalmente el capitulo V “Discurso e Ideologia”, GONZALEZ, Horacio, Kirchnerismo: una controversia cultural, Buenos Aires, Colihue, 2011. Para un paranorama de la relación entre los intelectuales y la política desde la llegada de la democracia PAVÓN, Héctor, Los intelectuales y la política en la Argentina. El combate por las ideas 1983-2012, Buenos Aires, Debate, 2012



8FEINMANN, José Pablo, El flaco. Diálogos irreverentes con Néstor Kirchner, Buenos Aires, Planeta, 2011



9SARTRE, Jean-Paul, Las manos sucias/Kean, Buenos Aires, Losada, 1997



10Marx afirmaba: “Los hombres moldean su propia historia, pero no lo hacen libremente, influidos por las condiciones que ellos han elegido, sino bajo las circunstancias con que se tropiezan inexorablemente, que están ahí, trasmitidas por el pasado.” MARX, Karl, 18 brumario, Buenos Aires, Ediciones Libertador, 2007, p. 17



11Aunque se puede realizar la pregunta sobre los limites de las alianzas políticas en un contexto de correlación de fuerzas no favorables.



12Acompañado esta fisura, en el espacio de la construcción relatos sobre lo real, que se basaba en una especie de neutralidad discursiva sobre un conocimiento, era llenado por los “técnicos” que argumentaban sobre lo económico como esfera autónoma.



13SARTRE, Jean-Paul, Las manos sucias/Kean, Buenos Aires, Losada, 1997, p. 84





Etiquetas:   Néstor Kirchner   ·   Kirchnerismo

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