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Chile: De lo Patético a la Verdad


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23/09/2013


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Caso Pinochet (La detención del Dictador en Londres avergonzó a Chile, dejando en descubierto la transición gatopardista acordada entre la Concertación y la Dictadura )


Qué patético ha resultado para Chile la detención del Senador Vitalicio Augusto Pinochet en Londres. Porque detrás de las Cortes Españolas que han respaldado al Juez Garzón para proseguir acciones en contra del ex Comandante en Jefe del Ejército, ex Presidente de la República, ex - Jefe de la Junta Militar, que tomara el poder tras el quiebre institucional del 11 de septiembre de 1973, existe una tendencia ética universal que le da nuevos alcances al derecho internacional.

Patético porque por hechos fortuitos ajenos a la voluntad e imaginación del más maquiavélico enemigo, Pinochet ha sido detenido en Inglaterra y se ha debido desnudar ante su Corte la transición política de Chile, con esas peculiaridades difíciles de entender para los extranjeros. Patético porque se ha abierto a partir del arraigo y detención en Londres de Pinochet, una herida profunda, esta realidad no resuelta de los detenidos y ejecutados políticos, que los chilenos, apostando a consolidar la democracia, habíamos dejado enfriar con sangre de horchata, esquivando tocar el tema, impregnados todavía del miedo que dejó en la convivencia el primer período del gobierno militar.

Patético porque se ha tenido que lavar en casa ajena una ropa sucia que quería dejarse gentilmente para la historia. Patético porque se ha descubierto un país dolido que está cruzado aún por el miedo, que mantiene posiciones de soberbia y descalificación, que ha asumido la transición evitando al máximo tocar temas conflictivos, resignándose a la vista gorda de muchas situaciones urticantes con el criterio del mal menor. Una transición muy particular que ha querido afirmarse mucho en lo económico, postergando por la herencia de un sistema político lleno de amarras, la deuda existente con compatriotas que fueron perseguidos; que por pensar distinto o por ser disidentes, fueron vistos como enemigos.

Aunque la historia oficial surge de los vencedores, nadie podrá negar en Chile el terror que puso en la convivencia la doctrina de seguridad nacional, siendo la DINA y la CNI sus expresiones más tenebrosas. Por mucho que se quiera justificar excesos en función de un estado de guerra interna, hasta en una guerra se tiene consideración humana con el enemigo vencido.

El horror de la guerra sucia de los setenta estaba orbitando sobre el exitoso modelo económico chileno y la catarsis se ha venido a dar, por esas cosas del destino, en un escenario lejano e impensado, a raíz de descuidos jurídicos del propio Pinochet y sus asesores, creando una situación en donde la capacidad de manejo del gobierno chileno ha sido baja. La defensa planteada ha sido invocar a todo trance la inmunidad diplomática otorgada al Senador Pinochet como cuestión de Estado. Nadie ha alegado inocencia del inculpado en los delitos de que se le acusa.

Cuando en las audiencias de los Law Lores se ha conocido de boca de la propia defensa británica del Ex General, que efectivamente la DINA se reportaba a él como Jefe de Estado, se devela una situación que estaba en lo tácito, en la lectura entre líneas, en los eufemismos que han caracterizado nuestra transición. Fue el propio Pinochet quien expresó alguna vez “aquí no se mueve ni una hoja sin que yo lo sepa”.

Otro aspecto patético para nuestro país es el haber sido víctimas en nuestra soberanía de los nuevos alcances de la globalización. Porque hasta aquí se aceptaba con sumo agrado los nuevos compromisos en los ámbitos económicos y comercial. Sin embargo hoy aparecen rasgando vestiduras con nacionalismos exacerbados, las mismas personas que han creído en el neoliberalismo como en una religión post moderna. La extraterritorialidad de las leyes norteamericanas y europeas en materia de protección a sus inversionistas en ultramar, o la consideración del Estado como sujeto comercial privado incluso cuando actúa comprando armamento para su defensa, son evidencias muy antiguas de la globalización y sus nuevas connotaciones [1]. Europa hace mucho tiempo que mantiene instancias regionales en lo judicial. En las cumbres presidenciales regionales del Grupo de Río también se ha planteado avanzar en una cooperación en lo judicial y es así como se ha tratado supranacionalmente temas como la corrupción o las nuevas amenazas sobre las democracias, el terrorismo y el narcotráfico. Es que la globalización también ha significado que en el ámbito de la justicia los Estados hayan ido trasladando jurisdicción hacia niveles supranacionales. Y ha sido éste precisamente el caso de la controversia en Londres, donde el tema es si se pone o no por encima de la soberanía nacional y la inmunidad diplomática otorgada a un Senador de la República, la voluntad política de otros Estados y el peso jurídico de convenciones internacionales, en orden a perseguir a quienes cometan delitos lesa humanidad, como se ha definido al genocidio, la tortura, las desapariciones o el tráfico de niños nacidos en cautiverio de sus padres.

Ha sido esto una muestra de una nueva conciencia de la humanidad globalizada, que debilita objetivamente los compartimentos estancos del Estado Nación y obliga a moverse en un contexto jurídico internacional que va pesando por sobre las legislaciones nacionales. Un proceso de globalización que desde lo económico Chile había jugado a ultranza, y que ahora lo deja inmerso en contradicciones notorias, cuando se encuentra sometido, a su disgusto, a la revisión de hechos ocurridos en su territorio sobre ciudadanos extranjeros, por parte de tribunales extranjeros.

Si quisiésemos dar evidencia de la connotación de estas nuevas tesituras en el derecho internacional, desde el punto de vista ético, esto podría dar pie a que América le representara a España el genocidio que se produjo durante la conquista. Y cabría esa posibilidad teórica porque el principio es que los delitos lesa humanidad no prescriben. Estas son aristas nuevas que han sorprendido al mundo y que están sentando precedente para que en el futuro ningún delito de esas características tenga la impunidad de los ámbitos locales.

La verdad aunque duela, lo más pronto posible.

Contra los decires de los seguidores de Pinochet, el sistema democrático chileno no está amenazado porque hoy las Fuerzas Armadas no están en el contexto del 73, no existe desgobierno, hay un interés empresarial en que estos eventos no empañen el clima-país, y, por último, la ciudadanía privilegiará siempre la estabilidad democrática por encima de histerismos golpistas de una minoría.

Sin embargo, el tema ético, sumado a otras variables descuidadas por el régimen actual, tales como el medio ambiente, los jóvenes o las minorías étnicas, pasarán a ser hoy el sesgo diferenciador de los discursos políticos y esto puede fracturar las alianzas y dar nuevas coordenadas al espectro político.

Se espera que la Iglesia Católica impulse una Segunda Comisión de Verdad y Reconciliación y con esto logre conocer el paradero de los detenidos desaparecidos.

Están pendientes otros juicios en Chile en contra del Senador Vitalicio. Es improbable quetengan algún destino, pero está claro que en un período pre-electoral se agitarán temas que todos habían postergado en aras de la gobernabilidad, la estabilidad o el realismo político.

Los jóvenes que hasta hoy han representado un abstencionismo de más del 60% del electorado potencial, podrían dar un gran vuelco a la política chilena si, a partir de esta catarsis histórica, se inscriben masivamente en los registros electorales y generannuevos líderes, no contaminados con tanta mentira.

Eso sería para el sistema partidista un terremoto político. Porque los jóvenes han estado sumidos en una abulia y tal vez esa falta de esperanza sea la conciencia de que las cosas se han congelado a contramano de la verdad, para evitar cambios de fondo. Por eso quizás, ellos han rechazado por intuición y sanidad mental una institucionalidad en donde la verdad ha irritado y por lo mismo se la ha evitado con pasos de firulete.

El chileno de carne y hueso, el chileno endeudado de hoy, el chileno que quiere sobrevivir a esta etapa de odios, necesita recuperar una identidad de dignidad colectiva. Necesita partir de una vez por todas de una relación franca y abierta, en donde quienes abusaron pidan perdón y quienes sufrieron concedan ese perdón. Son señales de una reconciliación de fondo que Chile no ha hecho y que profundamente necesita. Para volver a creer en la institucionalidad democrática, volver a comprometerse en política como un servicio público, con nuevas utopías.

Esgrimiendo ideas por encima de la fuerza y asumiendo que las conveniencias coyunturales, por pragmáticas y necesarias que parezcan, tarde o temprano deben rendirle cuenta a la moral, a la historia verdadera.

Quito, Ecuador, martes, 17 de noviembre de 1998





[1] El autor escribió en 1985 el artículo “La Inmunidad del Estado Soberano: la relatividad moderna de un principio clásico”, Revista Gaceta Jurídica Ediar Conosur, Marzo/98.







Etiquetas:   Ciudadanía   ·   Historia de Edad Contemporánea   ·   Democracia   ·   Derechos Humanos   ·   Sociedad   ·   Dictadura

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