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El tibio Rajoy ante el hervidero secesionista


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18/09/2013


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  A Rajoy es muy fácil entenderle. El consejo simplista del arriolismo se hace diáfanamente previsible, pero eso es un peligro muy complejo ante tantas incertidumbres que acucian al país. Ignorar los problemas de la amenaza nacionalista es una actitud que deparará en el futuro una brecha social más allá de cadenas humanas o presiones institucionales. Jugamos en desventaja con un presidente del gobierno que pretende financiar el chantaje secesionista, con el fácil remedio de la explotación al ciudadano español que lleva décadas sosteniendo unas Administraciones Públicas ruinosas. Las rémoras se han multiplicado durante esas engañosas décadas democráticas, hasta constituir una intocable base alimenticia de miles de sostenidos pertenecientes a la casta política y allegados.



   Mariano Rajoy adolece de la falta malignidad de Zapatero, de la incapacidad del sinvergüenza para gobernar destruyendo un país. Su pecado es dirigir con integridad los designios de los españoles y eso no se le perdonará nunca si en la intención no aporta solidez para asegurar su gestión. Todo pasa por enmendar lo que está mal desde hace décadas: el despilfarro público y, especialmente, el autonómico.

   Se trata de un proceso parasitario tan arraigado que podría derivar en un  desfondamiento definitivo después del espejismo de la recuperación económica. Porque pese al trabajo realizado para levantar la situación, estaremos condenados al fracaso si ignoramos lo que es verdaderamente perjudicial de cara a un mañana que no está asegurado.

   Dadas las delicadas circunstancias actuales, el Partido Popular debería gobernar con miras de futuro, acometiendo profundas reformas que permitan sostener el entramado constitucionalista, corrigiendo los errores que el tiempo ha demostrado específicamente problemáticos y permanentemente desestabilizadores.

   ¿De qué sirve salvar la papeleta económica si no se actúa para que ello derive en una estabilidad institucional, apuntalando las actuales debilidades de un país amenazado de continuo por la insaciable voracidad de un errático Estado de las Autonomías?  ¿Qué se podía esperar de aquellos a los que se les ha dado competencias suficientes para dilapidar dinero público con la intención de aislarse de las responsabilidades que a todos los españoles nos competen? Se ha alimentado una feroz bestia de oportunismos dispares comandados por politicastros que, no contentos con arruinar las autonomías que han dirigido con irresponsable ligereza y plena corrupción, pretenden el secesionismo arrastrando a la población hacia  un caos de incoherencia e intransigencia autodestructiva.

   Europa no acepta la ilusión nacionalista de una Cataluña engañada por dirigentes que aprovechan la tibieza del gobierno de Rajoy para calentar a su antojo el hostil ambiente de la supremacía separatista… esa supremacía basada en minorías, porque no parece haber leyes conculcadas después del paso del memo y no menos maligno Zapatero y su concepto de nación discutible.

http://www.libremercado.com/2013-09-18/portazo-de-la-ue-al-separatismo-cataluna-seria-expulsada-automaticamente-1276499688/



Habrá que salvar a Cataluña de sí misma si se insiste en tan errónea visión sentimentalista y poco práctica de la autodeterminación. Así salvarnos todos antes de emprender un viaje hacia un abismo evidente.



   No podemos ser previsibles en estos momentos en que otros son imprevisibles pendiendo la integridad territorial de espadas de Damocles independentistas, cuyos finos hilos sujeta un Estado demasiado condescendiente con esas veleidades de la autodeterminación que con el zapaterismo-no olvidemos su llegada después de una matanza del 11-M aún sin resolver- se acrecentaron en un plan oculto de desintegración que todavía no parece haber llegado a su fin.

   Da igual que el principal argumento catalanista de seguir conformándose en la Unión Europea en caso de independencia, se haya ido al traste con la negativa de Bruselas. La huída hacia adelante es inevitable arrastrando a masas enfervorecidas de una ciudadanía que está siendo usada con el sentimiento-un concepto muy a propósito para esgrimir demagogias y crear ciegos seguidores- , así ocultar la falta de toda lógica en las intenciones de Mas y los politicastros que pretenden llevar a situación límite el arraigo de la autosuficiencia territorial.

   Si Mariano Rajoy no indica los límites impuestos por la ley y el consenso constitucional nadie lo hará, facilitándose el envalentonamiento de unos políticos cuyas corruptelas propias pretenden solaparse con el sentir del independentismo, en detrimento de la razón de la Justicia que a todos los españoles debería asistirnos en defensa de los intereses plurales que unos pocos perjudican.

   Mariano Rajoy es previsible en la desatención permanente al bienestar de la ciudadanía que sostiene España a pesar de los parasitarios embates de la segregación pagada con los impuestos que sangran permanentemente al ciudadano, para que siga desparramándose la sangría autonómica sin que haya la menor intención de acotar estos peligrosos pulsos que no conducen a ningún camino de coherencia política.

   A saber la insistencia de Rajoy para no plantar cara a los verdaderos causantes de nuestros males. Sin duda deben pesar las Administraciones Públicas rebosantes de paniaguados que especialmente se ceban con el sentir de una independencia. Esa independencia que sólo está en los febriles cinismos de los únicos beneficiados de la indecisión de un presidente de Gobierno que parece no acatar la Constitución y, lo que es más grave,  facilita con su postura tibia los retos innumerables de la secesión… bajo la atenta observación de los que en el futuro aspirarán a las mismas ambiciones que se supuran en Cataluña.

  “Y tú por no ser caliente ni fría sino tibia, te vomitaré de mi boca “, decía el ángel de Revelación a la Iglesia de Laodicea en el Apocalipsis. Esa tibieza, la indecisión de un gobernante apto para pensar pero parco para decidir en voz alta, puede costar que estalle una olla a presión por no haber apagado el fuego a tiempo.

Mala es la tibieza  cuando un hervidero amenaza con abrasarlo todo. No entiendo eso de gobernar “a la gallega”… Según Rajoy, en Galicia los incendios se deben de apagar soplando. Así arde el Norte y a este paso la rosa de los vientos española.





Etiquetas:   Mariano Rajoy   ·   Cataluña   ·   Independentismo

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