En varias oportunidades se ha argumentado lo inconveniente que ha resultado para el sistema de salud la integración vertical, entendiéndose esta como la situación en la cual las entidades que aseguran, afilian y manejan los recursos financieros, controlan además las clínicas y hospitales donde atienden sus pacientes, apareciendo como propietarios directos o escondiéndose a través de empresas del mismo grupo o alquilando total o parcialmente a estos centros asistenciales.



