Los atentados terroristas del 11 de septiembre de hace 12 años, cambiaron drásticamente el curso de los acontecimientos de inicios del tercer milenio; mis más sentidas condolencias a todos los civiles muertos del mundo árabe, desde que en esa fecha los Estados Unidos invadieron Medio Oriente, pretextando el ataque a las torres gemelas que prepararon la maquinaria de guerra con que los Estados Unidos masacró, masacra y sigue masacrando a buena parte del mundo árabe, con medios tanto atroces como deleznables: bombardeos sistemáticos de la potencia imperialista para mantener su influencia en la geopolítica de Oriente Próximo como lo muestra su eventual ocupación militar en Siria; por ello mi más abierto y sincero desprecio a la Doctrina Monroe, a su Destino Manifiesto y a todos los gobiernos estadunidenses que históricamente se han perfilado como una pléyade de ambiciosos expansionistas y ladrones de naciones débiles; desde Andrew Jackson que nos arrebató Tejas en 1836, James Polk que nos hurtó con su poderoso ejército dos millones de kilómetros cuadrados más; y toda la gama de vejaciones que este imperio a cometido en el mundo en nombre de la democracia y de su divina providencia.



