¿El crimen imita al arte o el arte imita al crimen?

 

. No sabría si analizar las desventajas socioeconómicas del personaje comparadas con los “privilegios comerciales” de la usurera-buitre y concebir a Rodia (apodo del personaje) como una especie de bandolero social haciendo justicia al margen de la ley. Tal vez aceptar el espíritu de la perversidad, ese del que habla Allan Poe, apoderándose del corazón humano y llevándolo a cometer actos más allá de los límites de la moral. Quizás nuestra sociedad esté basada en principios hipócritas que de vez en cuando son trastocados por individuos que liberan instintos “primitivos” auténticamente humanimales, en este caso, el asesinato. Como ejemplo de esta sutil ambigüedad tenemos al ciudadano indignado ante el homicidio en su comunidad a la vez que exalta el valor del soldado dispuesto a defender la patria en nombre de la soberanía.

  • Pero esa discusión ya la habían tenido Sigmund Freud y Erich Fromm con el Eros y el Tánatos y los llevó a crear dos corrientes de pensamiento tan semejantes como distintas. Freud ubicaba una pulsión de muerte en el hombre opuesta a la de la vida y a partir de esa lente las conductas podrían corresponder a un instinto o al otro o a ninguno (para los escépticos). Por el contrario Fromm atribuía nuestra tendencia destructiva a construcciones culturales proclives a ser reorientadas hacia la creación. Esa subjetividad del mal ha inspirado tantas obras de filosofía y arte desde Friedrich Nietzche con la idea del superhombre, a Benito Pérez Galdós con su equilibrio del bien y el mal proyectado en el torpe altruismo de Nazarín, a Alfred Hitchcock con su debate filosófico del fuerte y el débil en la soga, etcétera.  Independientemente de la postura de cada uno,  la cuestión sigue dando pie a reflexiones en la actualidad y es que ¿donde podríamos ubicar la maldad de seres humanos enviando seres humanos a descuartizar a otros seres humanos? (y hacer de ello un modos vivendi) ¿Acaso hemos llegado a un punto donde se tolera la violencia alrededor a cambio del flujo económico que brinda el mercado de drogas y armas? Al parecer sí.
  • Rodia se debate entre la idea del superhombre. Entre el cordero de Fromm y el lobo de Hobbes, por momentos pareciera ubicarse como un ser superior alejado del rebaño, descubriendo su naturaleza predadora. En otra faceta se convierte en víctima de los monstruos de su inconsciente buscando la manera de evidenciarse sediento del castigo que alivie la culpa. ¿O acaso al haber cometido el crimen perfecto pretende alardearlo como en el gato negro de Poe? Este superhombre de Nietzche inspiraría a “el lobo” (Hitler) a sentar las bases ideológicas que derivarían en una guerra mundial. Un hombre ordinario con poder extraordinario, diría Fromm, llevando las tendencias destructivas de su personalidad a la identidad colectiva de la nación germana.
  • Tal vez nuestra pregunta acerca de la subjetividad del mal sea irrelevante y solo se derive de nuestra necesidad de entenderlo todo en base a díadas como lo describe Levi-Strauss. Y es que resulta más sencillo comprender al mundo si lo dividimos en seres buenos y malos, superiores e inferiores, vaqueros e indios. Pero dicha clasificación no nos aporta mucho cuando nos percatamos que la realidad tiene más de gris que de blanco o negro. Y es que las armas se convirtieron en una manera de mostrar la hombría, el desprecio a la muerte en un síntoma de masculinidad, la muerte en objeto de culto. Resulta interesante analizar las letras de narcocorridos pues reflejan las percepciones del vox populi: “como Pancho Villa peleando en guerrilla limpiando el terreno con bazuca y cuerno que hacen retumbar”. Socialmente el narcotraficante se ha convertido en la figura del bandolero social. Ese Robin Hood que bajo la sombra del “estado tirano” reparte entre los pobres el dinero de la droga y las armas. Se puede argumentar que se trata solo de una estrategia para lograr hacer cómplice al pueblo, lo cierto es que los narcos se han ganado la admiración del pueblo que los convierte en un modelo a seguir, un mito que cubre los espacios que el estado ha perdido.
  • En este punto cabe preguntarnos ¿Por qué la literatura se nutre de los asesinatos? ¿Es acaso nuestra necesidad de explorar los instintos más ocultos de la psique? ¿Es acaso una manera de nutrir el desarrollo de una historia? ¿Qué sería de Hamlet sin que el rey hubiese sido asesinado? Quizás una comedia donde el tío Claudio compartiría el trono y la esposa con su hermano mientras celebran la boda alegre de Ofelia y el príncipe. Sin homicidios, tal vez, la producción literaria de Edgar Allan Poe dejaría de tener mucho sentido. ¿Qué sería de Crimen y Castigo sin el asesinato? Desde la visión Frommiana, Raskólnikov probablemente lograría asociarse con la usurera y crear una cooperativa que beneficiaría a las poblaciones vulnerables de la comunidad.
  • De pronto la narco-cultura permea todos los sectores de nuestra sociedad. El popular narco corrido, el narco cine, la narco política, narco literatura. Buchones a diestra y siniestra, niños que sueñan ser el próximo Chapo Guzmán, el próximo Pablo Escobar, el Tony Soprano. Mujeres que sueñan con ser Teresa Mendoza o la novia buchona del próximo Tony Montana. Jóvenes dispuestos a morir jóvenes a cambio del hedonismo de una vida corta y la trascendencia de un buen narcocorrido. Aquí encontramos una palabra clave: ¡trascendencia! ¿No representa Raskólnikov el alter ego de la trascendencia de Dostoievski? Rodión Románovich Raskólnikov es un juego de palabras que significa: La patria de los Románov ha quebrado, ¿Y si la cuestión se reduce a un rechazo a la monarquía y sus desigualdades? ¿Un llamado al pensamiento de la revolución?  Y si Raskólnikov fuera nuestro contemporáneo tal vez cargaría una Kalashnikov al hombro, todo un sanguinario loco bien ondeado…
  • UNETE



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