Justicia suprema y demás monsergas

 

. Ante pájaros como éste, dispuestos a volar en las suaves y cómodas plumas del tráfico de influencias impune, queda ratificado que aquí nada es imposible. Felipe González abrió los cauces de la delincuencia aceptada saqueando el 10% del PIB español y el mayor holding privado, Rumasa, para lucrarse él y sus muchos compinches.  En tanto el majadero de Guerra anunciaba que Montesquieu, con su separación de poderes, había muerto. Todo estaba ruínmente calculado.

   Zapatero rizó el rizo con delitos de sangre y salió de rositas. Lo de pepiño estaba cantado, qué caramba, aunque pensáramos que era tan flagrante el delito como su futuro judicial. Ilusos fuimos.

http://www.reeditor.com/columna/2683/23/politica/nacional/carta/abierta/un/presunto/corrupto/todavia/aforado/llamado/jose/blanco

   Ser político es la panacea de lo delictivo y como unos y otros trincan sin importar el color, se han abonado al neutro. Cualquiera puede trincar con carné y con la cobertura jurídica de mangantes legales que roban el pudor moral que sería deseable para pensar que hay Justicia. Se han  asegurado los politicastros de que la mierda no les salpique por mucho que la lleven pegada en la cara con ese carácter felón de carroñeros que ni se limpian después de rebañar el plato de la supervivencia de los ciudadanos. No hace falta disimular ser un hijo de perra-con perdón por los inocentes animales-, porque siempre hay jueces de la misma cuerda que deben su puesto a los amos de turno en el gobierno y los sirven, sin vergüenza ni honor que valga, como canes agradecidos por la miga de los amos.

   Se escuchan a las fauces togadas deglutir los premios por los pasillos hacia los tribunales, cada vez que uno de estos devoradores de imparcialidad se toma la justicia por su mano… si no por el puño cerrado del sectarismo que los delata. Llevar una toga no es sinónimo de respeto, hay que merecerlo. Poco paradigmáticos son los que avergüenzan a un pueblo con decisiones que enguarran la dignidad institucional ya en severo declive.

  José María Ruiz-Mateos fue expoliado delictivamente por un gobierno de ladrones  protegidos por una mafia constituida por lo jurídico, lo financiero, lo político y comparsas de los medios de comunicación afines y beneficiados de la manada socialista de entonces y por Luis Valls Taberner, antaño presidente del Banco Popular, que le llevó confiado a la brutal trampa.

   Importó poco que demostrara su inocencia en 1997... nada se le devolvió y treinta años después del latrocinio estatal todavía el Ministerio de INjusticia, el 13 y 14 de Junio de 2013, se encargó de destruir documentación de Rumasa fechada en 1987. ¿Pero qué pedazo de mierda encubierta domina las vidas de los ciudadanos con tanta falsedad y criminalidad oculta?

   Muy noble fue el empresario al intentar defenderse, contra la hipócrita condición de un país de mangantes respetados, con el humor. Los tiros y las bombas habrían sido más expeditivos y eficaces a tenor del gran logro del terrorismo que campa a sus anchas en las instituciones democráticas. ¿Dónde quedó la memoria de Miguel Ángel Blanco y de cientos de seres humanos masacrados por una barbarie premiada?

España es país de cobardes, inmundos y parasitarios miserables de toda índole y al héroe se le hace pasar por villano... bastaba una trampa bancaria para condenar públicamente y de nuevo a la víctima y convertirla en forajido definitivamente. Otra cuestión es que lo vayan a conseguir.

   Muy confundidos viven los ciudadanos que ya despiertan viendo quiénes dirigieron y manejan sus vidas. Debería estar penalizado el engaño con el juicio sumarísimo de la Historia.

    Da igual que sienten posaderas en rimbombantes tribunales, la realidad está muy alejada de la elemental decencia que se espera de la Justicia, tan taimada como vergonzante, en la que no creen los ciudadanos. En otras épocas, el pueblo ya habría linchado a tantos ejemplarizantes emblemas de la impudicia institucional o se habría montado una máquina de aniquilación masiva en las plazas,  sacando en tropel a los causantes de tanta ruina para pasarlos  a cuchillo, jaleados por el griterío conforme y vengativo del populacho; paseándolos en última voluntad hacia el artilugio que fuera menester, para limpiar de basura la élite de un país cuyos gobernados no son capaces de soportar tanta escoria de continuidad y repugnantemente descarada. Esos tiempos podrían regresar.La guillotina funcionó bien y rápido.

   España podría precipitarse, inexorablemente, hacia la violencia del estallido social y, desgraciadamente, con la inquina genética de la oportunidad guerra civilista porque no es la indignación generalizada la que puede preponderar, sino la sectaria y parasitaria que aprovecharía la oportunidad para llevarse el mejor bocado una vez anunciado el salvaje banquete de la disociación y el desorden generalizado.

   Al fin y al cabo lo que tantos desean pero que son contenidos por las Fuerzas del Orden Público y esos mismos jueces que han perdido credibilidad y que cada vez se ven juzgando las carencias de los inocentes para exonerar de culpas a los responsables de esta ruina que no parece que vaya a paliarse jamás. Tanto va el cántaro a la fuente que el español se romperá en pedazos a este paso.

   Esta espiral  de inconformismo violentado es cada vez más embrollada y se dibuja por inercia hacia la desintegración del país, como lógica consecuencia de haber dejado crecer a una patulea de forajidos tras las siglas políticas que son muestra de esta miserable España de la que se han lucrado politizando la Justicia.  A muchos demagogos solo les queda saltarse el orden imperante para montar una tangana de padre y muy señor mío; así delinquir abiertamente como de costumbre cuando era solapado.

  Blanco hoy no será juzgado de peores crímenes que el de tráfico de influencias. Hubiera sido el único tonto en dejarse coger. La impunidad está garantizada a poco que sean listillos.

   Impunidad es la clave, con jueces de la misma cuerda en las poltronas de la indecencia judicial.

    Justicia amañada fue, al fin y al cabo, el objetivo público de tanta gentuza que usó la apariencia democrática para robar a destajo y normalizar el crimen tras la solemne payasada constitucionalista; ésa  que tan bien le vino a miserables que como Pepiño son librados de la Justicia y demás monsergas de ley y orden  por las  que se rigen obligadamente el resto de los hartos y asqueadísimos ciudadanos.

UNETE



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