Marcha de las putas: ¿No es No?

Quién le iba a decir al oficial Michael Sanguinetti que las palabras que pronunció el 24 de enero en una conferencia sobre seguridad civil en la Universidad de York, donde sostuvo que “las mujeres deben evitar vestirse como putas para no ser víctimas de la violencia sexual”, despertaría un movimiento que amenaza con propagarse por todo el mundo. No ha bastado que el aturdido Sanguinetti se haya apresurado a disculparse y que el departamento de policía de la ciudad de Toronto lo introdujera inmediatamente en un programa de reeducación y formación permanente. Sus palabras han originado numerosas protestas en todo el territorio canadiense (las llamadas marchas sluts walk) y en varias ciudades estadounidenses, comoBoston y Seattle, pero también en México DF, donde las mujeres, bajo el lema “marcha de las putas. No es No”, se disponen a mostrar su irritación desfilando el 12 de junio por el Paseo de la Reforma.

 

. No ha bastado que el aturdido Sanguinetti se haya apresurado a disculparse y que el departamento de policía de la ciudad de Toronto lo introdujera inmediatamente en un programa de reeducación y formación permanente. Sus palabras han originado numerosas protestas en todo el territorio canadiense (las llamadas marchas sluts walk) y en varias ciudades estadounidenses, comoBoston y Seattle, pero también en México DF, donde las mujeres, bajo el lema “marcha de las putas. No es No”, se disponen a mostrar su irritación desfilando el 12 de junio por el Paseo de la Reforma.
Atribuir la agresión sexual de que son víctimas las mujeres a su vestimenta constituye un desatino no sólo porque se les está achacando la culpa a éstas de la agresión de que son objeto y limitando su libertad, sino porque aunque muchas de sus actitudes y formas de vestir seguramente estimulan la imaginación y los sueños libidinosos, las causas de las agresiones sexuales parecen estar en otro lugar, como, por ejemplo, en el placer sexual que sienten algunos individuos cuando dominan violentamente a sus víctimas (así parece haberlo reconocido el tristemente famoso Edson Ives dos Santos, el cura brasilero, párroco de la parroquia agrícola de Alexia, a quien se le atribuye haber escrito el Manual del cura pedófilo) o en cierta cultura e ideología que cosifica a la mujer y que es llevada a cabo fundamentalmente por los medios de comunicación social. De ahí pues la protesta.

Si bien estamos muy lejos de aquella Atenas donde la mujer se equiparaba a un esclavo sin ningún derecho de ciudadanía, y también de los epitafios romanos que cuando se referían a ellas expresaban que habían cuidado bien la casa y tejido mejor la lana; e inclusive de principio del siglo XX, cuando adquieren al fin el derecho a votar en las mismas condiciones que el hombre, la cosificación de la mujer antes de disminuir parece que se ha incrementado.

Cuando en el año 2000 y con el apoyo del 78 % de los ciudadanos se terminó de legalizar la prostitución y los burdeles en Holanda, muchos como yo pensamos que esto bajaría la violencia y las agresiones sexuales, y hasta algunos sentimos satisfacción de que un cuadripléjico viajara desde el Reino Unido hasta ese país nórdico buscando los favores de prostitutas especializadas, como lo mostró recientemente el programa Tabú que se transmite por cable. Sin embargo, el resultado ha sido muy otro, según las declaraciones Job Cohen , ex alcalde de Ámsterdam - quien que en 2008 se vio obligado a cerrar varios burdeles y 400 ventanas de la prostitución porque, según dijo, “las cosas se habían salido de control”- , y las cifras que muestra la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención de la Mujer Prostituida (APRAMP), quienes aseguran que la legalización de la prostitución tanto en ese país como en Alemania y Australia ha incrementado los delitos de tráfico sexual (desde Europa del Este, Asia, Latinoamérica, etc.), la prostitución infantil y la violencia contra la mujer.

Tal vez la solución para esta violencia no esté en legalizar y tampoco en prohibir o, incluso, en abolir la prostitución (pues esto beneficiaría el ejercicio clandestino y sin control alguno de esa actividad), sino, como ha expuesto la Asociación APRAMP, en algo similar a la ley que aprobaron en Suecia en 1999. Ésta, acompañada de programas de educación y de inserción,penaliza la compra de sexo pero despenaliza la venta del mismo, y declara que la igualdad de género es inalcanzable mientras las mujeres puedan ser compradas, vendidas y las niñas (y niños) se prostituyan.

Pero el remedio para la violencia sexual en general pasa también porque los que piensan como Sanguinetti se terminen de convencer que los que desean dominar y se excitan con ello no necesitan ninguna excusa. De eso vamos sabiendo mucho.

UNETE



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