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La estafa nacional del sindicalismo


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05/07/2013


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Encomiable es la función de la defensa del asalariado, pero no en España que es una vergüenza nacional. UGT Y CCOO están al delictivo descubierto y se perfilan como causa directa de la asolación económica. De seguir las investigaciones de la corrupción andaluza, terminarán hallando réptiles hasta en el anterior gobierno de Zapatero, acaso la mayor víbora de todo este conjunto de alimañas que aflora después de encontrar el nido ponzoñoso de la corrupción socialista.

http://www.libertaddigital.com/espana/2013-07-04/ugt-a-inflaba-precios-a-sus-proveedores-y-les-obligaba-a-tener-un-bote-a-su-favor-1276494529/?utm_source=4&utm_medium=masleido&utm_campaign=masleido



Solo en un drama de esperpento se podría contar con la existencia de personajes grotescos como Méndez o Totxo, llamados a la auto extinción, pero la realidad supera a la ficción y será por ello que estos consumados engañadores hayan aparentado alguna seria honradez hasta este momento.



No sería de extrañar que a semejantes rémoras se les montara ahora un escenario judicial, porque es evidente que no son los intérpretes decentes ni honrados de esta obra con víctimas y verdugos. A la omnipotente SGAE, durante el mandato de zETAp bajo protección, le sucedió el fin de la impunidad.

El dinero no desapareció, durante ocho años, de las arcas del Estado por casualidad y los que lo dilapidaron siguen impunes ante el crimen mayor de haber arruinado todo un país.



Después de Zapatero, la mordida de impuestos del Partido Popular no ayudó a pensar que el suplicio había acabado. Si quedan supervivientes después de esta debacle, no parece ser que la ciudadanía vaya a beneficiarse de todos estos sacrificios ajenos de los políticos y los sindicalistas. Nos han recortado la libertad con la excusa de la regeneración económica y esa limitación se perfila como permanente aunque cambiara la situación de la crisis.

El  Partido Popular, de forma oportunista, dio por buenos los desmanes socialistas para controlar a la población más allá de lo exigido durante décadas democráticas. La sumisión es lo ideal para cualquier mal gobernante que pretende solventar problemas creándoselos a la ciudadanía.

Esta espiral de tintes dictatoriales, se pudo evitar al principio. Mariano Rajoy no lo hizo bien cuando asumió la Presidencia y pudo ratificar esa sospecha de ruina contra el país que pergeñó el zapaterismo. El nuevo presidente jamás debió premiar, en un estúpido acto de caballerosidad parlamentaria, los tejemanejes socialistas que nos hundieron en la miseria. Los ciudadanos no perdonan esas deferencias que implican arrostrar  lastres criminales que el PP obliga a soportar, mediante insufribles cargas impositivas y persecución con prohibiciones y  multas descaradamente abusivas.

Rajoy perdonó para culpar al pueblo, la única víctima de las torturas políticas, sociales y económicas. Un error que pagan los inocentes y que permite que las administraciones públicas sigan dilapidando lo recaudado.

El futuro oscuro se lo debemos a tanta gentuza todavía respetada-me repugna ver libre a Zapatero- que vació los bolsillos de quienes verdaderamente son la consciencia trabajadora y constructiva de un país: los ciudadanos de a pie, más inclinados cada vez a tomarse la justicia por su mano cuando las paciencias están radicalmente mermadas.

Cargar las penitencias en quienes han sufrido pecados ajenos, no es solución ante lo desesperado. Así continúa la injusticia impuesta por una corrupción desaforada, cuyos daños pretenden paliar machacando aún más a los perjudicados.

El Partido Popular no otorga ninguna esperanza subyugando a las víctimas continuadas de las trampas políticas. En absoluto ha paliado los daños de una corrupción que permanece, pasando factura a diario a todo el país.





Andalucía fue un feudo vitalicio de corrupción con los sindicatos extrayendo las tripas de sus víctimas, alimentándose carroñeramente de los trabajadores y del esfuerzo de los españoles. Apestan décadas de gestión sindical bajo la supervisión de la Junta de Andalucía. Es hora de que esta ralea estafadora sea la destripada y no con sordina y efecto anestesiante, como fue en su momento la cooperativa de viviendas PSV.

No habría que olvidar al encubridor zapaterismo de toda esta inmundicia sindical que emerge pútrida en un caso de favoritismo descarnado de los que tanto se quejaban de injusticia social, después de ayudar a Zapatero a desmantelar toda la plataforma empresarial de la pequeña, mediana y gran empresa que costó establecer durante tres décadas.

Los culpables van cayendo. La zafia Maleni-ex ministra de Fomento- surge ahora como imputada por las corruptelas que Griñán extendió en latifundio contra todos los andaluces, con hermetismo del gobierno socialista en La Moncloa y antes con la mayoría de los votantes, ignorantes ellos, que permitieron este reino de taifas que acabó arrastrando a la ruina al resto de España.

Pocos son los imputados respecto del resto de los ministros anteriores, cuando con el tiempo estamos convencidos de los males que nos condenaron.

Detrás de las corruptelas sindicalistas y de la Junta de Andalucía, se halla el reflejo nauseabundo del destrozo económico en los responsables del gobierno de Zapatero. Basta seguir indagando la trama de esta mafia política, para ratificar que España fue víctima de un latrocinio a mayor escala que la descubierta en la quinta andaluza.

Los provocadores de los males económicos que padecemos están tras los muchos desmanes ministeriales del PSOE y que al día de hoy siguen encubiertos. Así que no es de extrañar que se pretenda coaccionar públicamente a la juez Alaya, habida cuenta del despilfarro en las cuentas que nos llevarían directamente a los responsables de un crimen estatal que perpetraron impunemente... quizá 11-M incluido.



No, no sería de extrañar que lo sucedido en Andalucía sea un reflejo a pequeña escala de lo acaecido con los sindicatos y la cobertura nacional de latrocinio perpetuo que facilitó el partido socialista desde La Moncloa.

Si se sigue tirando de la cola de la serpiente andaluza, surgirá la cabeza de la víbora con sus colmillos prestos a seguir picando para proteger el nido nacional. El rastro reptil ocupa todo el territorio y durante tres décadas ha puesto huevos plagando la vida de los españoles.



¿Existe sindicalismo honrado en España? Sin duda, pero lejos de la influencia de esa mafia estafadora en que se han convertido los mayoritarios, capaces de romper la paz social con tal de seguir trincando del sacrificio de los trabajadores que hoy están al borde del abismo.



Las ruinas  son multitudinarias gracias a estos pocos bichos de la parasitación política que no encontraron mejores víctimas para explotar que aquellos con los que aún se excusan, como defensores del obrero, para saquearnos a todos.



Etiquetas:   Corrupción

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