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El infierno: la película, no la realidad*


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07/05/2011


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*A propósito de sus 14 nominaciones al Ariel en México.

 

Rondar con sátira y mofa la recalcitrante y desesperanzadora realidad de los mexicanos, pareciera ser la vocación del director de cine Luis Estrada: con su última película cierra una trilogía no intencionada para él y su guionista Jorge Sampietro, que retrata los nada oscuros abismos de la política mexicana contemporánea y que inició con ‘La Ley de Herodes’ (1999) y sus referencias al priato, seguida de  ‘Un mundo Maravilloso’ (2006) en el contexto del foxiato y que finaliza con ‘El infierno’, ésta sí bien intencionada narcopelícula sobre la guerra del bicentenario que encabeza el gobierno desorganizado contra el crimen organizado, dejando al relieve las prolíferas redes de corrupción, la escases de oportunidades laborales y económicas en este país cada vez más abatido por la violencia.

 

El filme parte de un lugar común: la partida y deportación veinte años después de un inmigrante mexicano, Benjamín García, que regresa sólo para encontrarse con que su pueblo San Miguel Arcángel es ahora un hervidero de narcos entre el cual, murió asesinado su hermano menor. La culpa por una promesa rota, lleva a Benjamín, ahora el ‘El Benny García’ a inmiscuirse en la red del narcotráfico que circunda por San Miguel, ahora ‘Narcángel’, y es que en ese pueblo no hay más: o se vive entre el hambre y el polvo o entre el derroche y el riesgo que caracteriza el negocio de los narcos. Es el ‘Cochiloco’, amigo de la infancia del Benny, el que le sirve de mentor en su arribo al, cómo no también humano, mundo de los grandes capos que en esta película lloran, tienen pleito entre hermanos, se enamoran, se respetan, aman y consienten a su familia, y sobre todo, castigan la deshonestidad a balazos y ríos de sangre. No faltan las mujeres del narco: el amor y el deseo del Benny para con su cuñada, la obediencia de Don José para con Doña Mari, y la paga para todas las demás.

 

El reparto brilla por sí mismo, lo encabeza Damián Alcázar (el ‘Benny García’), le acompañan Ernesto Gómez Cruz (Don José), Joaquín Cosío (el ‘Cochiloco’), Salvador Sánchez (El padrino), María Rojo (Doña Mari), Jorge Zárate (El ‘Huasteco’), Daniel Giménez Cacho (Capitán Ramírez), Elizabeth Cervantes (La Cuñada), y hasta un cameo con Mario Almada, interpretando claro, un capo norteño.

 

‘El Infierno’ dispara como ametralladora referencias directas a la política actual y sus protagonistas. Por eso, la película es más que su duración – 2 hrs. 25 min. –, o su bien cuidada banda sonora que combina a Michael Brook con diversos exponentes del narco corrido o la música norteña, es más que los detalles en la utilería y el vestuario. La película es un retrato crudo de un sistema fracturado al paso de 30 años por el uso, desuso y abuso del poder político, que decanta en una crisis social desbordada en violencia, novedosos símbolos religiosos – Martín Valverde, como santo predilecto del narco –, desigualdad social, complicidad de la iglesia, la migración inútil, y una insensibilidad que tristemente va en aumento: ninguna escena en la película es desconocida para el espectador o por lo menos inimaginable.

 

Sí, hay escenas de mucha violencia visual, pero ninguna que no veríamos en los diarios de las esquinas o armoniosamente censuradas en los noticieros de televisión. El lenguaje de los personajes no es de santos, pero tampoco hay palabras nunca escuchadas. Para la RTC juntas, imágenes y palabras, asustarían a algunos: de ahí su polémica clasificación C, que indica en su contenido lo explícito de la violencia, el sexo, el consumo de drogas y el lenguaje soez. Cuando su estreno, mucho se ha comparó esta clasificación con otras películas, americanas por supuesto, que se han visto beneficiadas con una clasificación B-15 permitiendo su exposición a mayor público. Con su estreno circularon en el país  314 copias del filme visto por 2 millones 68 mil 95 personas logrando el 5° lugar en taquilla nacional y una recaudación de más de 82 millones de pesos.

 

Compitió por la mejor película extranjera en los Premios Goya 2001 y obtuvo 14 nominaciones a los Premios Ariel, máximo reconocimiento al cine en México, en las categorías de mejor película, mejor director, mejor actor, mejor coactuación masculina y femenina, mejor guión original, y mejor fotografía, sonido, diseño de arte, vestuario, maquillaje y efectos especiales. En fin, mejor película.

 

El infierno es una muestra de eso que ya sabemos: que México es un país que sabe mofarse de sí mismo, que toma con irónica filosofía las desgracias que le suceden y que se envalentona cuando no hay remedio, de manera que  si no fuera por la risa que provoca, y la paradójica esperanza que genera la película, el infierno que retrata y nos acecha, sería de a tiro insufrible.

Publicado en: Tandariola.

 





 

 



 

 





 



Etiquetas:   Cine
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