. Sin
embargo esta siempre es traicionada a quien se le otorga e mayor o menor grado.
Tenemos la
costumbre de traicionar la confianza de los más cercanos. De los que más
decimos querer o de los familiares.
Cuantos casos
familiares ilustran lo anterior con documentales de gente ejemplar
aparentemente y que por unos cuantos pesos dan al traste con paraísos de amor y
cariño también aparente.
Hay solo dos formas
de analizar la confianza. Una es la que tenemos en nosotros mismos, la que
llevamos dentro, la interna, y que por supuesto también traicionamos de forma
recurrente por razones muy diversas.
La otra es la
externa. La que depositamos como voto sagrado en otros con la condición de que
nadie sepa de lo depositado en confianza.
Lo primero que hace
el depositario es comunicar esa confianza a todos y cada uno de sus confiados y
de deriva el chisme conocido que se dispersa como regador de agua en un campo
verde.
De inmediato viene
la excusa de yo no fui, él te juro que solo se lo dije al güero mi mejor amigo
y seguramente este traiciono mi confianza que tu depositaste en mí en primera
instancia. Buscamos no tener la culpa nunca de la confesión confiada que ahora
es del dominio público.
Hay grados de
confianza que navegan en el mar de chismes en la sociedad, que pueden ir de
simples chismes que queremos que todos se enteren de manera sigilosa hasta
confesiones serias que pueden poner en peligro a los sujetos en cuestión.
Ser cuidadoso en
esta materia es muy importante. Tal vez más de lo que podemos imaginar. De ahí
que el principio de confianza lo debemos depositar en la persona correcta para
evitar descalabros en nuestro devenir diario.
Si nosotros
queremos realmente depositar la confianza en alguien, debemos partir del mundo
espiritual al mundo humano.
Así es más fácil
partir de bases correctas y argumentos de sabiduría sólidos para enfrentar la
desconfianza que es o tan generalizada que la misma confianza. Una no vive sin
la otra o no tendría sentido.
Solemos confiar las
cosas de acuerdo al nivel de educación adquirida en el seno familiar y la
cultura que aprendemos en la escuela.
La confianza en la
familia sufre sus primeros descalabros y aunque tengamos la sabiduría del mundo
espiritual y toda su fuerza con nosotros, la traición a la confianza va a
relucir.
Sin embargo
contamos con el poder del espíritu para hacer frente con más talante a los que
venga en calidad de difamación o traición desmedida. No desaparece la
desconfianza que aparece después de la confianza. La humanidad es sabia en la
destrucción de la precaria felicidad de los demás.
Hay personas
expertas en llevar a cabo día a día actos indebidos para conocer confesiones de
gente ingenua, confianzuda o como diaria el clásico, pendejas que creen que
todo el monte es de orégano.
Es mejor y más
saludable tener más confianza en uno mismo. Tener la seguridad espiritual y no
la que da en apariencia el dinero. Esta es quebradiza, frágil y no duradera.
Sin embargo no es suficiente partir de nosotros mismos.
Es menester saber
de dónde venimos, quien manda, a quien le debemos lo que somos y nos guie hacia
el camino correcto que es impuro pero contar con su protección nos hace
mejores.
El predicador
económico.2.- reflexión a la Confianza.