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Protágoras: ¿El hombre es la medida de todas las cosas?


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15/12/2012


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El siglo V a.c. es conocido como “el siglo de oro” bajo el mandato de Pericles, allí la proliferación de la cultura fue algo que ha trascendido hasta el día de hoy, donde escultores, dramaturgos y, por sobre todo, filósofos, elevaron a esta ciudad de forma sorprendente, pero de esta misma manera también existieron otros que a través de los siglos han sido tratados de forma peyorativa, los Sofistas o “Profesionales de la sabiduría”, los que se debe hacer, por lo tanto, es una menesterosa distinción con los Filósofos, pues la forma en que éstos veían a la sabiduría es completamente opuesta, ya que los sofistas aun cuando pudieran viajar por toda Grecia impartiendo lecciones estas tenían un precio algo que para los filósofos ensuciaba y disminuía el verdadero propósito de la sabiduría.

Muchos sofistas se conocen por ser participes de los diálogos socráticos, y estos se pueden clasificar en dos grupos, aquellos que eran más antiguos: Protágoras, Pródico y Gorgias, y aquellos que eran más jóvenes: Hipias, Trasimaco y Antifonte. El primero de estos es con quien continuare, ya que es absolutamente relevante en el conocimiento, por su aporte al no estancamiento de las verdades.

Protágoras dirá: “en una palabra, yo he recorrido justamente el camino contrario a estos y admito ser sofista y educar a los hombres”[1] (…) “desde el mismo día en que vengas a mí, regresar a casa como un hombre mejor y, al día siguiente, exactamente igual”[2], de esta manera podemos comprender la forma en que este sofista se veía a sí mismo, su papel en la historia del conocimiento es entendido como uno de los primeros educadores.

Durante todos los siglos ha existido una enorme discusión en torno a qué es lo que se puede conocer o qué es lo que se puede enseñar, asimismo se ha hecho famosa la teoría de la “homo mensura” del sofista que se ha traído a la palestra “si el conocimiento es la conjunción del sujeto con el objeto, en necesario admitir que, si tanto el primero como el segundo son cambiantes, su producto tendrá que serlo. De ahí que el conocimiento no puede ser universal y necesario para cada uno y todos los hombres, sino individualizado en cada uno de ellos sin que pueda haber ninguna comunidad cognoscitiva (…) por ello el hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto que son y de las que no son en cuanto que no son”[3].

Han sido variadas las discusiones con respecto a este tema, ya que es menester poder definir en una primera instancia el concepto de “hombre” (ánthropos) se ha interpretado de tres formas; por una parte el hombre como individuo, el hombre concreto, que es el hombre como especie y por último el hombre que vive en la sociedad, el hombre político.

Asimismo es posible el establecimiento de la manera en que el hombre ha determinado las cosas tal como son, de qué manera se le han puesto los limites a toda la realidad per se, el hombre político es complicado, pues siendo un hombre en sociedad se establecería con muchas dificultades. El hombre como especie parecería ser la más fuerte y fugaz, sostenida por Goethe y Gomperz este ultimo (Gomperz) reflexiono: “El hombre que aparece como opuesto a la totalidad de las cosas, no puede ser el individual, sino únicamente el hombre en general. Es evidente que ésta es la significación más lógica, la que adoptaría cualquier lector carente de prejuicios… el hombre, es decir, la naturaleza humana, es la medida de la existencia de las cosas”[4].

Más creo pertinente observar un poco más la primera interpretación aunque haya sido defendida por Platón y Aristóteles, más allá  de saber que sus interpretaciones carecen de profundidad. El primero de ellos en boca de Socrates dirá sobre la Homo Mensura que, tal como dice, “este sofista no existe más que la apariencia, que la sensación, y que, dado que la sensación de suyo es verdadero, el conocimiento no puede conducir a error, y todo conocimiento o representación son verdaderos para aquel que lo tiene”[5] a lo que posteriormente ridiculizando al sofista comentando por qué ha de ser el hombre la medida de todas las cosas y no otro animal que de igual manera tiene sensaciones (Teeteto 161c).

Aristóteles afirmara “muy semejante a lo expuesto es la proposición de Protágoras. En efecto, también él dijo que el hombre es medida de todas las cosas no queriendo significar con ello más lo que a cada uno le parece, posee una realidad firme. Y si ello acontece, sucede que la misma cosa es y no es y es mala y buena y así todas las demás afirmaciones conformes a las tesis opuestas, por el hecho de que frecuentemente a uno les parece buena una cosa, y a otros, su contraria, y la medida es lo que a cada uno le parece”[6], pero el error que comete Aristóteles es que algo puede ser bueno o malo, bello o feo, pero con relación a distintos hombres.

Es evidente que para Protágoras la pluralidad de representaciones que se da en los hombres, donde algunos reconocen verdades y otros falsedades, una multiplicidad de interpretaciones lanzadas en un vaivén de pensamientos y reflexiones que no son, ni serán estáticas, estas él las considera como  “unas más convenientes que otras, pero en modo alguno más verdaderas”[7], la pregunta se transformara en qué sentido convendrían una verdad u otra, el sofista lo responderá de la siguiente manera “pues lo que a cada Estado (polis) le parece justo y bello, efectivamente lo es para él, mientras que tenga el poder de legislar” (…) “esta doctrina se resuelve en estas palabras: sobre lo justo y lo injusto, lo santo y lo no santo, estoy dispuesto a sostener con toda firmeza que, por naturaleza, no hay nada que lo sea esencialmente, sino que es el parecer de la colectividad el que se hace verdadero cuando se formula y durante el tiempo que dura ese parecer”[8].

Pero, de qué manera el hombre hace posible poner los limites a lo que es cognoscible, si asumimos esta teoría como valedera diremos entre lineas que el conocimiento es necesariamente inherente a la especie humana, y solo cuando el hombre le fue posible la medición de las cosas,, se pudo, por lo tanto, a posteriori, producir esta medición y limitar la realidad, (es que acaso antes de la existencia del homo sapiens en la faz de la tierra existía un orden o, por el contrario, el orden ha aparecido como un proceso desde el hombre) un filosofo de fines del siglo XIX habla constantemente del conocimiento humano y lo pondré en correspondencia con Protágoras, F. Nietzsche dirá “Hubo una vez un astro en el que animales inteligentes inventaron el conocimiento, fue el minuto más arrogante y mas solapado de la “historia universal”, pero fue solo un minuto"[9], ¡fue inventada! osea que exclusivamente con la aparición del hombre y siendo participe de la construcción de la realidad esta misma se podría medir, desde ese punto, con toda la invención superpuesta en las mentes humanas fueron dando forma a ilusiones que con el paso del tiempo se trasmutaron en verdades, el pseudo conocimiento, en la mayoría de los casos, se ha configurado de tal manera para dar "esperanza" a los homo sapiens, más nada.

Por lo tanto cómo el conocimiento tal como se conoce se ha mantenido, más creo que debo poner la filosofía de Nietzsche en correspondencia con la homo mensura individual de Protágoras pero distinta a como Platón o Aristóteles lo pudieron haber visto, ya que este filosofo ve la difusión del conocimiento como un punto importante que durante toda su obra es posible desmenuzar, ya que, para éste lo realmente importante es la verdad en los enunciados que se pronuncian, así mismo dirá Nietzsche que aquello que proclamamos como verdadero “no reside en su grado de veracidad, sino en su antigüedad, en su grado de asimilación, en su carácter de conocimiento vital” [10], osea que la veracidad de los enunciados duran en el tiempo por su fuerza, fuerza de aquellos que han tenido la capacidad de mantener este conocimiento, pero que se mantengan no quiere decir que necesariamente sean verdadero. Un ejemplo excesivamente evidente es el pensamiento aristotélico eclesiástico que por tanto tiempo se mantuvo sobre la forma que tiene la tierra con los cielos, solo existe uno, la tierra; y todo gira alrededor de ésta, pero, luego del giro copernicano y de la intuición acertada de Giordano Bruno que fue evidenciado pocos años después por Leonardo, donde aquel pensamiento antiguo y manoseado por la cristiandad sobre el egocentrismo antropológico es lanzado al suelo y pisoteado por la ciencia en la cual sus razonamientos es aplicado exclusivamente por evidencias y no por metafísicas que han estado dándole una "forma" a la realidad (¿cual realidad más enfermizamente errada?)

Que el hombre sea la medida de todas las cosas quiere decir que éste, o mejor dicho, quienes tienen la fuerza de mantenerlas es quienes ponen las limitaciones al conocimiento, son quien tienen la capacidad de darle la estructura más conveniente para sus preceptos. Cuando se nombra a los hombres que han tenido ésta capacidad de forma plural, pero no es puesto como especie, sino el hombre individual, donde “algunos” hombres (o mujeres) han hecho descubrimientos que han establecido como la "realidad", transformándolos en proposiciones de verdad, entonces no por el hecho de que se hayan hechos pseudos descubrimientos no implica que necesariamente estos sean el reflejo de la verdad, al final solamente son como el niño de Heráclito[11], pues solo así la realidad es establecido, ese reino donde solo los dados establecen la realidad.

Al poner a Nietzsche en correspondencia con la teoría de la Homo Mensura es para comprender que es lo que conocemos, ya que todo eso que creemos conocer como “claro y distinto” es solamente una seguidilla de errores trasmitidos por todo los siglos, ya sean filósofos o sofistas, todos están en mutua lucha de cual “conocimiento” validez o no, esta lucha constante no se hace tan evidente en el enunciado de Protágoras “πάντων χρημάτων μέτρον ἔστὶν ἄνθρωπος, τῶν δὲ μὲν οντῶν ὡς ἔστιν, τῶν δὲ οὐκ ὄντων ὠς οὐκ ἔστιν”[12], pues el que sea la medida de las cosas en tanto que son o no son quiere decir que es una lucha donde no todos verán las cosas de igual manera, o lo que es peor, se podrán ver de forma completamente opuestas, por lo tanto, es una lucha que no tiene fin; es una lucha que avanza inexorablemente como el rio de Heráclito, eterno e imposible de conocer completamente. Donde por un lado se encuentran aquellos que puedan ver las cosas de una manera con aquellos que puedan ver el mismo fenómenos o hecho de distinta manera, y cuando una de las dos vence se establece aquello como verdadero, pero que haya ganado no implica que imperiosamente sea lo verdadero, solamente es la demostración de la fuerza del individuo que fomenta dicho enunciado, donde el enunciado en cuestión no necesariamente debe cumplir los parámetros de la veracidad.

Nietzsche nos golpea en el rostro para despertar de aquel conocimiento que creemos verdadero, tampoco lo está haciendo para poder establecer su medida sino para que nosotros tengamos la fuerza de sacarnos esas mediciones engañadoras, nos muestra un camino para poder arrancarnos de estas nociones llenas de errores pues el error más poderoso es “creer que la “invención” y la “creación” tienen el mismo significado”[13] errores que se han mantenido en nuestro “conocimiento” como formas de “verdad”, ¡como si existieran tales formas de verdad!, acerca de las cuales nos han dicho una y otra vez que son verdades o, lo que es peor, que son reales, como si existieran tales cosas[14].

Pero por qué se han mantenido tales mediciones, se había dicho que este mantenimiento había sido por una conveniencia, sin embargo ¿qué tipo de conveniencia podría existir para seguir conservando tales errores en el conocimiento?, estos que han mantenido dichos conocimientos que han impuestos de cierta manera sus visiones del mundo, se han transmitido a su vez categorizaciones de lo que es “bueno” y lo que es “malo”, estas han sido heredadas exclusivamente para una conveniencia de la especie, sobre lo que es o no útil para ésta, “de esta manera aquello que se nombra como bueno es solamente lo que ha ayudado a conservar a esta especie y aquello que no es responde de igual manera a lo que perjudica a la especie”[15].

Así podemos ver que la Homo Mensura individual pasa a la especie, este paso se ve en estos conocimientos se han podido mantener por tantos siglos, así es como cuando algunos establecen algo y tienen la fuerza para poder mantenerlo se pone en la biblioteca del conocimiento para que otros puedan leerlo y así seguir heredando un conocimiento que en cada rincón está lleno de errores.

Entonces cómo salir de este conflicto sino a través del olvido, pero esta capacidad de olvidar nos dirá Nietzsche no se debe entender nunca de manera negativa, sino absolutamente lo contrario, debe ser comprendido como “una actividad positiva en el sentido más riguroso del término”[16], este conocimiento que queremos olvidar, es la tarea que nos ha dejado Nietzsche, es el martillo que debemos llevar para derrocar aquella pseudo sabiduría, martillo que debe ser usado como una herramienta para destruir el peso que hemos heredado de la tradición, pues “la sabiduría fija límites también al conocimiento”[17], un conocimiento que ha estado impregnado desde siempre de ilusiones, un mundo aparente que ha estado luchando con el mundo real, así se ha mantenido sin juicio alguno toda una seguidilla de errores.

Este hombre que ha tomado la elección de olvidar es el camino por el cual Nietzsche señala como el más lucido, un camino absolutamente difícil, pero, considero, el único real, olvidar es el acto que se tiene que tomar en un momento en el cual todo se mantiene con aquellas etiquetas de verdad, mentiras con etiquetas de "verdadero" y "real". No son más que simples espejismos, personas que no se dan cuenta que aquello que creen tener no existe, precisamente es quien tiene una convicción clara en que “eso” que tiene delante contiene estas falencias puede fugarse de este conflicto, una tarea peligrosa pero en ningún momento imposible.

Pero acaso existe una relación en esta “verdad” con lo que pensamos, Gilles Deleuze reflexiona apropósito y dirá:“Nietzsche no critica las falsas pretensiones de la verdad, sino la verdad en sí y como ideal”[18] , y mantener este error ha sido el que ha estado actuando desde los antiguos filósofos que han hablado de los ideales, ideales que se han prostituido, manteniéndose y fusionándose cada vez más profunda en los rincones más oscuros de nuestro pensamiento que creemos que son inherentes con la especie, ¡otro gran error! (...) “pero ¡basta! ¡Basta! Ya no lo quiero soportar más ¡aire viciado! ¡Aire viciado! Ese taller donde se fabrican ideales me parece que apesta a mentiras”[19].

Finalmente, poner en relación la homo mensura de Protágoras con la filosofía de Nietzsche es para comprender de que manera aquellas nociones que se han mantenido por tantos siglos es solo la evidencia de una fuerza que ha vencido, pero no quiere decir que necesariamente sea esa verdad tan buscada por tantos… ¿el hombre es la medida de todas las cosas? ¡Si, acaso no es evidente!, pero esta medida no quiere decir que (como se ha dicho de sobre manera) sea la verdadera verdad sino solamente una imposición de una pseudo verdad, dejando una pregunta aun más compleja, aun más inquietante que reflexionar sobre la inexistencia de verdades reales ¿acaso soy capaz de reconocerlas? Si he vivido por tanto tiempo con enunciados que están plagados de errores semánticos y metafísicos ¿existe alguna forma, algún método para erradicarme completamente de ellos? O aun más ¿es posible que exista una realidad diferente a la que es cognoscible aun sabiendo que no es real? No sería precisamente una contradicción, pero sería un error aun mayor e ingenuo pensar o considerar que toda la realidad ha sido azarosa, todo tiene un propósito y la ultima finalidad existente, que es motivo además, de por qué no se evaporan como el éter del pensamiento antiguo es por el control que entrega, dejando un último y aun mas terrorífico cuestionamiento ¿acaso existe, realmente, la libertad? .  

  

  



[1]  Platón, Protágoras 317b



[2]  Platón, Protágoras 318a



[3] Sofistas,  Protágoras, traducción José Barrios Gutiérrez.



[4] Gomperz, “Griechischi Denker”, Leipzing, 1931, Tomo I, pp. 478 - 480



[5] Ibíd. 3, p 20



[6]  Aristóteles, Metafísica, XI 6, 1062b 12



[7]  Sexto Empírico, “Hipotiposis pirrónicas”



[8] Ibíd. 7



[9] F. Nietzsche, Acerca la verdad y la mentira en sentido extramoral, traducción José Jara.

 



[10] F. Nietzsche, La ciencia Jovial, §110 Origen del conocimiento.



[11]  Heráclito §52 “El tiempo es un niño que juega, buscando dificultar los movimientos del otro: reinado de un niño”-  también lo traduce otro compilador de la siguiente manera: “El tiempo, niño es que juega con chinitas sobre ese reino del niño que es el tablero” – Compilador; Juan David García - Bacca .



[12]  Diógenes Laercio, IX, 51



[13] F. Nietzsche, Mas allá del Bien y del Mal §17



[14] F. Nietzsche, Ciencia Jovial  §110



[15] F. Nietzsche, Ciencia Jovial §3



[16]F.  Nietzsche. Genealogía de la Moral, II, §1



[17]F.  Nietzsche, Humano Demasiado Humano, §5



[18] G. Deleuze, Nietzsche y la filosofía, el concepto de verdad



[19] F. Nietzsche, Genealogía de la Moral, I, §13















Etiquetas:   Filosofía   ·   Sociedad
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