.- reflexión: el Legislador.
A un legislador se
le llama diputado o senador. Algunos los llaman de otra manera con
calificativos muy acertados que van de acuerdo a sus resultados, esfuerzos de 3
o 6 años según sea el personaje, el partido y el gobierno.
Es importante
destacar que todos estos ejemplares pertenecen al poder legislativo, son
gobierno y representan al estado.
De lo que aquí se
va decir hay excepciones pero son las mínimas y estas están muertas. Por decir
la verdad pagaron con su vida la falta de respeto a otro gobierno que
generalmente es el ejecutivo.
Los lambiscones,
zalameros están pensionados de por vida por decisión propia. Es un mundo raro y
ellos viven en él.
Un legislador es
aquel que debe hacer leyes que no hace, dice hacer sin realizar y plácidamente
se sienta en mal estado en un sillón a dormir, soñar y crear las maldades
necesarias para el próximo futuro político.
Su obligación de
decencia, decoro, honorabilidad, transparencia, ética pasa a segundo término
dejando ser importante.
Un legislador
mexicano se jacta de sus maldades como varón prepotente, su lengua afilada como
navaja trama destrucción y practica engaño.
Más que el bien ama
la maldad, más que la verdad, ama la mentira.
Su lengua
embustera, se encanta ofender con hechos y palabras. Se burla de su gente, no
respeta a los justos y se refugia confiado en sus riquezas afirmándose en su
maldad.
Es necio en su
corazón negando todo y sobre todo la creencia espiritual verdadera. Es un
insensato descarriado del camino correcto, corrompido por sus actos que no hace
nada bueno.
Todos ven lo malo
que hacen, son rechazados, reprobados y enlodados devoran al pueblo en sus
aspiraciones legítimas, tejiendo complicidades despreciables para avergonzar,
atacar, disparar contra este. Las balas hacen menos daño que las burlas.
Son violentos y con
su poder se sostienen en mal que va de la pobreza a la miseria de sus actos.
Sus electores son sus peores enemigos, lo hacen gemir, llorar, angustias de
todo sabor perturbando, aterrando, amenazando, oprimiendo causando sufrimiento
y enojo con insultos. El poder temporal los envanece pero no los eterniza.
Estremecen
corazones, invaden con pánico al mortal, hacen temblar de miedo sembrando el
terror. Su confuso lenguaje provoca contiendas y violencia. Día y noche con
intrigas sus fuerzas destructivas fraguan maldades vía opresión y engaño.
No pueden soportar
el insulto de un aparente enemigo, ni la humillación de un adversario sin
combatir con guerra sucia para aplastar la razón y la justicia que no es acorde
a sus intereses.
Esto es una cultura
sembrada hace años con profundo arraigo. No cambian de conducta, levantan la
mano a sus amigos y cómplices, los encumbren de sus pésimos actos sin cumplir
sus compromisos.
Su boca es blanda
como la manteca, sus pensamientos belicosos, sus palabras son suaves como el aceite
pero solo son espadas desenvainadas listas a lastimar.
Tuercen las
palabras sabias, conspiran y se mantienen al acecho, vigilan y ansiosos de
agredir agitan su respirar listos para ejecutar el salto sobre sus víctimas.
Es muy doloroso no
poder reflexionar de otro modo sobre estos abusadores legislativos ya que solo
su conciencia la señala no acusa.
El predicador
económico.