.- reflexión al Pendejo.
Cuando una cualidad
se generaliza esta deja de serlo. Es mejor que crean que lo eres cuando lo
mejor es que tú sepas que no lo eres.
De modos te lo dirán
seas quien seas, tengas lo que tengas, hagas lo que hagas, digas lo que digas, creas en lo que creas.
Aceptar que unos
cuantos decidan elecciones presidenciales plagadas de irregularidades,
autoritarias, sin certeza ni autenticidad en pleno siglo XXI con trampas viejas
muy propias de franquicia, manos sucias, reparto de culpas propias en gente
ajena, consignas, dinero indebido traducido en vales útiles en mercados que
solo les complace vender más, votos que antes de llegar a las urnas ya van
manchados de porquería, complicidades con autoridades dudosas que ven solo lo
que quieren pasando por alto señalamientos de expertos extranjeros, dos televisoras
coludidas con encuestadoras embarradas con dinero que manipulan números en
favor de un candidato chatarra o pirata que no lee un libro ni cuándo va al
baño.
Una serie de
locutores encargados de lanzar consignas absurdas, falsedades, provocaciones,
palabras altisonantes, discursos sobresaltados con calificativos e improperios
burdos e inadecuados y un sin fin de irregularidades dignas de premios
internacionales.
Las protestas son
pendejas de unos cuantos jóvenes no valor. Todo lo dicho no está hecho pero si
esta hecho lo no dicho, por eso el batido.
Aceptar que haya un
solo dueño de la compañía más grande teléfonos y pueda o se le permita cobrar
las tarifas más altas del mundo.
Que este dueño sea
llamado el hombre más rico del mundo, que de un servicio medianamente mediocre
con promociones engañosas para pescar incautos sin opción de comunicación.
Eso es ser pendejo.
Aceptar que desde
lo más alto del país sin rendirle cuentas a nadie, un señor proclive al brindis
de bohemio realice un monumento llamado estela de luz que nadie entiende, ni se
explica la razón de haberlo hecho, su finalidad más cerca de la vanidad y
necedad con un gasto monumental con la opacidad normal que caracteriza a estas
obras.
Como el gansito:
recuérdame. El no, nosotros somos los pendejos.
Aceptar que un
abogado de Maciel dirija la economía del país, que el senado se haga un palacio
insultante al pueblo digno más de casino que de recinto de trabajo, que los
gobernadores de los estados desenrollen la tiranía de gobierno sobre el gasto
público que más bien parece gasto personal, que unos cuantos políticos de
dudosa procedencia y sospecha plena trabajen con el bajo mundo brindándole
protección plena, que una policía que no protege pero si intimida con jueces
corruptos, un ejército en las calles que viola derechos humanos, un presidente
que se califica bien con un descalabro electoral reprobatorio, negocios turbios
de torpe vista y corto plazo, asesinatos, asaltos, secuestros, degollados,
robos y toda clase de crímenes innombrables dirigidos por cerebros
impresentables. Líderes sindicales intocables.
Otras que usted ya
conoce muy bien. Por eso y muchas cosas más es mejor aceptar ser pendejo y que
ellos lo crean, pero usted en el fondo sepa bien que no lo es.
No dejarse no es
entrar en la contienda pues los necios tienen esa cualidad y lo van a provocar.
Entienda, que si
usted pendejo ante ellos, dejen que lo crean, no pelee, menos convencerlos que
usted no lo es y solos se rendirán.
Miedo le deben dar
esos pendejos porque son muchos necios y hacen de todo para serlo más. Son
calificadores de la vida de los demás.
El predicador
económico.