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El autismo en la edad adulta


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17/07/2012

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Debido seguramente a que el autismo es un trastorno de inicio infantil, cuando se habla del mismo se tiende a hacerlo exclusivamente de la población más joven, ignorando muchas veces a las personas adultas que padecen el síndrome.

Como es sabido, el autismo o, para utilizar una nomenclatura más actual, los trastornos del espectro autista (TEA), constituyen alteraciones del neurodesarrollo caracterizados por dificultades innatas de la interacción social y la comunicación, y por un patrón de intereses y actividades muy restringido y estereotipado. Los TEA tienen un carácter crónico y las diferencias interindividuales son muy importantes, con grados de afectación muy variables.

¿Pero qué sabemos de las personas afectadas cuando llegan a la edad adulta? ¿Cómo evolucionan estos niños y niñas que presentan estas graves dificultades para interaccionar y comunicarse con los demás?

Los estudios de seguimiento de muestras de personas con TEA, desde la infancia hasta la edad adulta, ofrecen resultados dispares, que evidencian la enorme heterogeneidad, no sólo de los cuadros clínicos iniciales, sino también de otros muchos factores ligados estrechamente a la evolución posterior, como los entornos familiar, social o escolar, los tratamiento recibidos, o el tránsito a la vida adulta. Sin embargo, hay datos globales que permiten extraer conclusiones válidas para la mayoría de casos.

Con respecto, por ejemplo, al cociente intelectual (C.I.), los resultados indican una notable estabilidad de las puntuaciones desde la infancia a la edad adulta, pero al mismo tiempo hay constancia de que ciertas personas (caracterizadas por mostrar un C.I.  inicial bajo y crisis epilépticas) pueden manifestar un deterioro significativo de su inteligencia al llegar a la adolescencia.

En relación a los niveles de actividad, del mismo modo que durante la infancia muchos niños o niñas afectados de TEA se muestran hiperactivos, al llegar a la edad adulta una proporción importante de esta población se vuelve muy hipoactiva, pasiva. Este hecho, tiene importantes repercusiones en el quehacer diario de estas personas y debe ser tomado muy en consideración, en el momento de diseñar los programas de intervención.

Una característica muy relevante de los TEA, es que los progresos en muchas áreas tienen un carácter más cuantitativo que cualitativo. ¿Qué queremos decir con esto? Pues que las mejoras que podamos observar en distintos ámbitos, como pueden ser las relaciones sociales o la comunicación, no comportan necesariamente una modificación de la estructura nuclear del trastorno. Por ejemplo, un niño afectado de TEA puede con los años y con un tratamiento adecuado, disminuir su tendencia al aislamiento y tolerar mucho mejor los contactos sociales, pero al mismo tiempo podremos observar que los rasgos idiosincráticos de sus relaciones interpersonales no se modifican, por lo que seguirá manifestando poca flexibilidad y espontaneidad, y mayor dificultad en entornos o situaciones poco estructurados.

Otro aspecto importante de la población adulta con autismo, es el referido a los problemas de conducta, también denominadas conductas desafiantes o interferentes. No hay datos que indiquen un aumento de los problemas de conducta a partir de la adolescencia, pero el hecho es que muchas familias refieren una mayor problemática. Esto se debe, generalmente, a un incremento de los efectos de las conductas desafiantes, debido al aumento de peso y tamaño de los afectados.

Un tema al que tampoco se le da excesiva importancia, es el de los trastornos psiquiátricos asociados a los adultos con TEA. Los estudios de seguimiento muestran, sin embargo, que un porcentaje significativo de esta población presenta sintomatología psiquiátrica, siendo los síndromes más frecuentes la depresión y el trastorno bipolar. Síndromes que se observan sobretodo en el subgrupo de alto funcionamiento.

Es evidente, que para satisfacer las necesidades asistenciales y terapéuticas de los adultos con TEA, se requiere una red de servicios muy heterogénea, con centros de día, residencias, hogares protegidos, servicios de apoyo y asesoramiento, y de respiro familiar.

En próximos artículos, seguiremos hablando de los adultos con TEA, pero centrándonos en la intervención psicológica.

 

 

 





Etiquetas:   Salud Mental   ·   Autismo   ·   Adultos
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