XXIX. Una justicia sin credibilidad, no es Justicia
Últimamente
vivo en una permanente confusión de los conceptos; a decir verdad,
quizá lo confuso sea esta extraña realidad de un país que muestra las
grandes mentiras sostenidas durante treinta años y que ahora están al
descubierto, como si el destino marcara el fin de una falsedad aceptada
institucionalmente. No creo en la España de hoy. Sí creo en la nación
que debió ser pero sus gentes, las especialmente
visibles y respetadas, me suponen un descrédito fehaciente avalado por
las obras que pretenden encubrir.
Los
conceptos se me convierten en auténticas mezclas de significados
ambivalentes. A propósito de la Justicia eso de lo supremo me significa
lo ínfimo y el juez lo asocio al delincuente. Tal confusión de conceptos
me inclina a pensar que la Justicia en España es una gran falacia que
nos obligan a aceptar, pese a las sospechas de corrupción que conllevan
las togas en estos momentos en que debería avergonzar pertenecer a la
judicatura.
http://www.libertaddigital.com/nacional/2012-06-13/divar-convoca-un-pleno-extraordinario-el-jueves-21-de-junio-1276461191/
Leyendo estas noticias -y al margen de la persecución política de tramposos acostumbrados a la demagogia y que buscan perjudicar a Dívar-, muchos poseen la impresión de que aquí trincan todos, además de beber del sectarismo político.
Significativo
es que 11, simples en número, magistrados del Supremo, exoneren de
culpas a Dívar, cuando los ciudadanos están recogiendo 50.000 firmas
para que dimita. Se nota el corporativismo a ultranza; el problema es
que la gente de la calle no aguanta más y en ese hartazgo están
por rebelarse de manera ya muy visceral.
Mi
propia experiencia personal me inspira repugnancia cuando pienso en los
tribunales. Algún día explicaré cuánta. Jueces esperpénticos, abogados
indeseables que se aprovechan de las tragedias para lucrarse
ilícitamente con toda clase de triquiñuelas legales; letrados que van a
la pela con la ley del mínimo esfuerzo y ni gastan los saludos con el
cliente al que representan ensoberbecidos de vanidad e indolente
autosuficiencia. Hablaré sobre lo que me asquea de algunos jueces que el
pueblo no duda en decir que son de mierda. Me dará nauseas pensar en lo
que pudo ser lo profesional en la honradez, para al final denunciar la realidad
nefasta de togas embutidas en impresentables. No existe Justicia pero
sí demasiado
respeto por quienes no merecen administrarla. Existe miedo, temor al
abuso incoherente de jueces desquiciados, inmorales, plenos de
corruptelas favorecidos por dineros ocultos. No existe Justicia sino un
simulacro de dignidad que convierte en incoherente el propósito de lo
justo. Existe un fingimiento de orden digno y algunos jueces se
posicionan solos como inmundicia que asola a la sociedad, desprotegida
ante alimañas sin deber honesto que cumplir. Estamos desprotegidos.
Afortunadamente
también por experiencia puedo admirar a jueces verdaderos, dignos,
honrados, paradigmas de rectitud, pero son excepciones que cumplen la
regla. Muchos jueces se ganan a pulso un odio de la gente que antes
admiraba los criterios de la Justicia. Sus obras los han definido
y rasado a la bajeza de las múltiples sospechas.
Algo falla si los ciudadanos de bien temen a los jueces o los aborrecen.
José
María Ruiz-Mateos, después de un suplicio imperdonable que supuso el
saqueo injustificado de su patrimonio, la persecución y la indefensión brutal, a veces ha declarado no creer en la Justicia. En
ocasiones se ha pronunciado sobre lo que le parecen algunos jueces al
tener la certeza de que estaban bien untados para dictar sentencias
amañadas. No son pocas las togas que se han puesto al servicio del
demonio para dejar desprotegido a quien solo pedía ser justamente
juzgado para tener la oportunidad de la
defensa.
El
tiempo dio la razón a Ruiz-Mateos, ganando en la Audiencia Nacional aquello que
durante décadas defendió como era su inocencia y el atropello criminal
de un gobierno de facinerosos que vivieron muy bien especulando con el
crimen de la expropiación. Cuando se sentenció la injusticia y se acordó
un pago indemnizatorio sobre la expropiación de Rumasa, la Justicia se
convirtió en morosa a conveniencia demorándose todo trato de un
justiprecio sobre el conjunto que asciende a 18.000 millones de Euros o
unos tres billones de las antiguas pesetas.
En
tanto, después de la traición
bancaria que Emilio Botín practicó contra Nueva Rumasa- antes con
Otaysa y ahora con Repsol-, José María Ruiz-Mateos es perseguido por la
misma Justicia que le adeuda 18.000 millones de Euros en connivencia con
el Estado. La hipocresía del Sistema es así pero hay que pasar por ese
rodillo que todo lo tritura para saber quién es quién en este país
arteramente falso.
Recuerdo
de joven una empresa de artes gráficas que regentaba mi padre. Allí se
realizaban trabajos para la Caja de Madrid- la estafadora causante en
origen de la estafa de Bankia- que se entregaban puntualmente: impresos
de toda índole y el catálogo de subasta de joyas que mensualmente se
editaba.
Entonces
había un tal señor Berdonces que demoraba los pagos por trabajos
realizados, en tanto presionaba para que la empresa cumpliera con los
créditos concedidos. Dejaban de pagar durante meses,
los sinvergüenzas de Caja Madrid, , retrasando los pagos que
estrangulaban la empresa mientras obligaban al cumplimiento de los
plazos con la entidad financiera. De este modo cobrar era un suplicio
agravado con el agobio que se imponía por parte de los mismos morosos.
Ciertamente, eran unos hijos de mala madre que martirizaron a un
empresario honrado con tretas propias de estafa.
Hoy
en día el patrimonio de Ruiz-Mateos y su Familia está siendo embargado
presurosamente y de manera inversamente proporcional a la lentitud con
que la misma Justicia ha demorado, durante treinta años, toda
responsabilidad adquirida sobre el crimen de la expropiación de Rumasa. Aquel 23 de Febrero de 1983 se tomó al asalto todo el Holding, a punta de metralleta, con un tiempo que demuestra que fue una acción delictiva e impune.
Recuerdan estos contrastes a la antigua tortura que consistía en atar de pies y manos a la
víctima y dejar que caballos en direcciones contrarias se arrancasen
bruscamente para despedazarla.
Los
jueces, aun dignos de llamarse así, deberían mirar por los dramas humanos que se multiplican cuando
se siguen las consecuencias sin advertir el origen de los problemas.
En
mi caso personal, la Justicia fue una pantomima de payasos a cada cual
más indeseable. Así lo relato en mi libro de La afilada navaja de Ockham
I. Ésta es la España que puede esperar un ciudadano honrado sometido
por la Justicia que debería protegerle. Así no es de extrañar que los
asesinos de Sandra Palo salgan de rositas después de un crimen
demoníaco; que las víctimas de asesinos queden en indefensión; que los
verdaderos criminales encuentren un paraíso para sus costumbres
delictivas; que sean asesinadas mujeres afectadas de violencia de género
completamente indefensas pese a denunciar la situación; que los jueces
se cubran unos a otros sin importarles la imagen de estafadores que
forjan sus sospechosos criterios. Que agentes de Policía-inmerecedores
de portar tan digna placa-abusen brutalmente de ciudadanos perseguidos
por error... En definitiva, que
eso de la Justicia quede lejos de un propósito de honestidad, convertido
en una intención de oscurantismo favorecido por la imposición.
España
es así desde hace mucho tiempo. Es lógico que una democracia basada en
misterios ocultos a propósito, no sea la democracia con la que nos han
engañado auténticos delincuentes que son considerados grandes hombres de
la patria. Ahora lo descubrimos pero muy seguramente que llevamos
viviendo en el engaño toda una vida. Solo hace falta ser víctima
inocente de la Justicia y estar advertido de lo falaz para saber
verdaderamente el percal que se nos ha ocultado.
La verdadera Justicia no está sobre la Tierra; a diario nos dan ejemplo algunos jueces para tener la certeza , tristemente, de que es así.
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