Resulta ridículo, incluso bobalicón, que en España, cuando hace ya años se dejó de hablar del ‘rojo’ y de la ‘roja’ con calidad identitaria por tristes posos del pasado, se haya vuelto a poner de moda el rojizo color para disfrazar, esconder y eludir el nombre de España al referirnos a nuestra Selección futbolera. Es posible que a algunas personas les guste el palabro y defiendan su validez, difusión y popularidad, bien por su simplificación a la hora de nombrar al conjunto futbolero, o bien por una cierta nostalgia a lo que en su día significó, en argot político, aquello de rojos y rojas.



