“Tribu que no sueña, es tribu muerta”.
Proverbio etíope.
No se puede seguir pensando en la
separación del ser humano y de medio ambiente como una dicotomía. Ambos
son uno solo. La humanidad forma parte del medio ambiente, y por
consiguiente, es medio ambiente. Su buen vivir, o lo contrario de
éste, es consecuencia de las condiciones en que se encuentra en su totalidad la
naturaleza que lo rodea.
El buen vivir, - sumak kawsay en
lengua quechua- a decir de Eduardo Galeano, significa vida armoniosa:
armonía entre nosotros, armonía con la naturaleza que nos engendra, que nos
alimenta y que tiene vida propia y valores propios, más allá de nosotros. Es
vivir en armonía y en equilibrio con el cosmos, con los ciclos de la naturaleza
y los ritmos de la historia y de la vida.
Este 5 de junio se festeja el Día Mundial del
Medio Ambiente, en el que países de todas las latitudes se unen en el propósito
de fomentar la sensibilización mundial sobre el medio ambiente. Los objetivos
primordiales son el de dar rostro humano a los temas relacionados con el
cuidado de la naturaleza y motivar a las personas a que se conviertan en
agentes activos de desarrollo sostenible y equitativo. Comparto algunas
reflexiones sobre el concepto “sumak kawsay” con motivo de esta fecha.
El “sumak kawsay” , utopía indígena, no es
un tema nuevo, pero sí una riqueza de sabiduría que se debe acoger como una
propuesta que nos invita a retomar los consejos de nuestros abuelos y ancestros
con respecto al cuidado de la naturaleza y del medio ambiente, del cual
somos parte.
La propuesta se combina con uno de los
cuatro puntos básicos de la educación propuestos por la UNESCO que corresponde
a “aprender a convivir”. No vivimos bien si no convivimos bien, o si no sabemos
convivir: convivir con los demás seres humanos, con el resto de las
especies, y convivir con toda la naturaleza, en una convivencia integral.
Hacer conciencia de esta convivencia lleva implícito el cuidado del medio
ambiente.
Sumak Kawsay (buen vivir) , medio
ambiente, naturaleza y la humanidad son inseparables. El buen vivir, como
propuesta indígena o utopía de cambio, “apunta a una ética de lo suficiente
para todos y supone una visión holística e integradora del ser humano, inmerso
en una gran comunidad terrenal que incluye además del ser humano, el aire, el
agua, los suelos, las montañas, los árboles y los animales; es estar en
profunda comunión con la Pachamama (Madre Tierra), con las energías del
universo y con Dios”. (Leonardo Boff).
Este antiguo paradigma retoma fuerza en
nuestro continente americano y nos muestra la sabiduría ancestral de los pueblo
indígenas que, con el cuidado del medio ambiente, propone una sociedad más
fraternal, igualitaria y justa.