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Presidentes con canasFederico Ling Sanz Cerrada*
Pensemos en Vicente Fox o en Ernesto Zedillo. Incluso en Felipe
Calderón. Si pudiéramos comparar imágenes de los presidentes al inicio y
al final de su mandato, seguramente encontraremos claras muestras de su
paso por el poder. El más notorio son las canas. Casi todos los
presidentes terminan su encargo con el pelo blanco; probablemente
también terminen con arrugas y con un semblante de cansancio en su
rostro. ¿Cuál es la razón de que su trabajo imprima estas huellas en
ellos? Me atrevería a decir que es el poder, porque es desgastante en
términos reales.
En el caso de los Presidentes de la República
tienen en sus manos la conducción del país y de ellos dependen una serie
de cosas de vital importancia para todos los ciudadanos. Habrá
decisiones que tomen que impacten en la vida de millones de personas.
Una orden que salga de su boca es casi "palabra divina" y tendrá que
cumplimentarse de forma incuestionable (me refiero a los subordinados,
al menos). Pero también las decisiones presidenciales impactan a otros
grupos de poder real como la Iglesia, la Iniciativa Privada o los Medios
de Información. No es algo sencillo. La pesada losa que llevan sobre
sus hombros deja huella que no se puede ocultar.
La Presidencia
de la República administra mucho poder - el poder de la República - y es
una carga que desgasta a las personas. No solamente en términos
físicos, produciendo canas y arrugas, sino también emocional, social y
políticamente. Las relaciones institucionales de los actores
involucrados también van produciendo un natural agotamiento que va de la
mano con los ciclos del poder. Típicamente eso sucede claramente al
final de la administración y conforme el poder va desvaneciéndose poco a
poco. Luego entonces, si las instituciones sufren de este agotamiento,
también las personas. Las instituciones pueden ralentizarse y las
personas adquieren canas, en el mejor de los casos. Las
responsabilidades personales o institucionales parecen difuminarse, y
entonces la marcha final de la administración se vuelve más compleja.
Cuando
se administra poder, personal o institucional, es altamente probable
que la sede de dicho poder esté sujeta a esta presión. Esto es
justamente parte de lo que vamos a presenciar durante 2012, cuando el
ejercicio del poder, una vez más, cambie de manos. Lo que trato de decir
igualmente es que, en el fondo, las personas, tenemos muchas
resistencias a los cambios. Cuando el poder cambia de recipiendarios, no
solamente es complicado por el desgaste que hemos comentado, sino,
además, porque es difícil para los actores desprenderse del mismo. Esto
genera una dinámica sumamente compleja.
En este orden de ideas
hay dos aprendizajes que se pueden rescatar de todo lo anterior:
primero, las dinámicas de poder son altamente "adictivas", generan
relaciones institucionales y personales complejas producto de la
administración del mismo y generan desgaste y fricción entre todos los
involucrados (ya sean instituciones o personas). Quien quiera
administrar poder, tendrá que asumir el costo de hacerlo. A mayor poder,
mayor desgaste. Y en segundo lugar, la dinámica adictiva del poder
(como tantas otras cosas de este mundo) produce una natural y humana
resistencia al cambio y obstaculiza su desprendimiento cuando hay que
dejarlo. De cualquier manera la realidad impone un límite. Lo que es
maleable es la actitud de cada quien o la actitud de una institución
para procesar el desgaste y el cambio; la pertinencia de asumirlo si el
desgaste es mayúsculo o bien, la actitud de desprendimiento respecto de
estas dinámicas.
El 2012 será un año propicio para realizar estos
análisis (en los ámbitos internos y externos de cada uno) y de tomar
las decisiones más adecuadas al respecto. No resulta fácil decidir en
contra de las inercias naturales que todos los seres humanos
experimentamos durante nuestra vida, pero también, está en nuestras
manos que nuestra actitud sea coincidente con la realidad; de esta
manera el proceso sería menos costoso, menos complicado y menos
desgastante. Además, con ello, nos daríamos cuenta de un montón de
oportunidades que hemos pasado de lado por estar aferrados a lo que
sentimos seguro. Sin duda la apuesta de 2012 será alta.
www.federicoling.com y @fedeling
*Maestro en Análisis Político y Medios de Información