Resumen
El
propósito de este artículo consiste en presentar una línea reciente de trabajo
sobre el desarrollo temprano de la comprensión y el uso de objetos simbólicos.
Esta competencia simbólica constituye un verdadero desafío para los niños
pequeños, que nace de la naturaleza doble de estos objetos, ya que son objetos
físicos en sí mismos y, a la vez, símbolos de la entidad que representan. Sobre
la base de resultados de investigaciones experimentales se discuten distintos
factores que intervienen en la comprensión de objetos simbólicos, tales como
maquetas, fotografías y mapas, y su utilización como herramientas cognitivas.
Investigaciones propias ponen especial énfasis en el rol que la instrucción
juega en este proceso. La adquisición de la comprensión y el uso de objetos
simbólicos no sólo depende de la maduración, el andamiaje que proporciona el
adulto, bajo la forma de instrucción, es crucial en algunos puntos del desarrollo.
Introducción
Un
aspecto central del desarrollo cognitivo consiste en el dominio progresivo de
una variedad inmensa de símbolos y sistemas simbólicos. En la actualidad,
quizás más que antes, los niños deben aprender a dominar una gran variedad de
símbolos —letras, números, imágenes, etc.— para participar plenamente en la
cultura. Es por ello que resulta particularmente importante conocer los
procesos involucrados en el curso temprano del desarrollo simbólico.
Los
símbolos son herramientas cognitivas: iluminan la memoria, archivan datos,
facilitan el planeamiento (Vygotsky, 1978). Los símbolos amplían de manera
importante las posibilidades de aprendizaje ya que permiten la adquisición de
conocimientos por medio de experiencias indirectas al proveer información
acerca de hechos y entidades a los que no se tiene acceso directo.
Con
el término “símbolo” se alude a representaciones internas y externas. Dentro de
estas últimas se encuentran los sistemas y los objetos simbólicos. Los sistemas
simbólicos —como los números y la escritura— son conjuntos de símbolos car
entes en sí mismos de significado, per o que proveen información cuando son
combinados de modo sistemático. Los objetos simbólicos, por su parte, como los
mapas, maquetas y fotografías, son objetos físicos que representan con distinto
grado de similitud o iconicismo a entidades reales, y contienen y transmiten
información específica. En este trabajo nos ocuparemos de este último tipo de
símbolos.
Los
objetos simbólicos han sido definidos como “aquellas entidades que alguien
propone para representar una cosa a partir de algo diferente” (DeLoache, 1995:
67). De este modo, cualquier objeto puede convertirse en un símbolo o un
referente; sólo sería necesario que una persona estipule que algo, en alguna
forma, debe ser interpretado en términos de la entidad que representa para que
adquiera una naturaleza simbólica. El corazón de una relación símbolo-referente
es, así, intrínsecamente abstracto.
Todos
los objetos simbólicos comparten una misma característica: son objetos físicos
y, al mismo tiempo, símbolos de la entidad que representan, por lo que tienen
una realidad doble. Pueden ser bidimensionales (fotografías, mapas, etc.) o
tridimensionales (maquetas).
Investigaciones
en torno al desarrollo de la comprensión de objetos simbólicos: maquetas y
fotografías
A
partir de la década de 1980 se generó una línea de investigación en psicología
que se ocupa del estudio del desarrollo de la comprensión de objetos simbólicos
(DeLoache, 1987, 1989, 1991; DeLoache y Burns, 1994; Marzolf y DeLoache, 1994,
etc.). Según estas investigaciones, reconocer la función representacional de
estos símbolos —hasta los más icónicos y en apariencia más simples— constituye
un desafío cognitivo complejo para los niños pequeños.
Una
adquisición particularmente importante en el desarrollo de la comprensión de
objetos símbólicos es la emergencia del “ insight representacional” (DeLoache y
Mar zolf, 1992), que puede ser definido como el conocimiento, explícito o
implícito, acerca de que un símbolo y su referente se hallan relacionados.
Con
el propósito de estudiar esta competencia cognitiva, DeLoache y cols. (por ej.,
DeLoache, 1987, 1989; DeLoache, Kolstad y Anderson 1991; DeLoache y Burns,
1994; Marzolf y DeLoache, 1994, etc.) investigaron fundamentalmente la
comprensión de la función simbólica de maquetas por parte de niños pequeños.
Las maquetas son símbolos que representan una entidad particular mayor
—típicamente un espacio mayor— y son, a su vez, objetos con características
físicas propias. Por ende, se puede responder al contenido simbólico de la
maqueta, a la maqueta como objeto en sí mismo o a ambos. Los niños pequeños no
muestran esta flexibilidad cognitiva; por eso, cuando se encuentran frente a
una maqueta tienen grandes dificultades en apreciar su naturaleza doble
(DeLoache, 1987).
En
estos estudios se emplea un juego sencillo: los niños observan a un
experimentador esconder un juguete en miniatura en un lugar específico de una
maqueta (por ejemplo, debajo de la cama). Esta maqueta representa una
habitación real contigua amueblada como la sala de una casa. Se le pide al niño
que encuentre un juguete similar pero de mayor tamaño en el lugar
correspondiente pero en la habitación real (escondido por el experimentador sin
ser visto por el niño). Si un niño reconoce la relación símbolo-referente puede
utilizar la información que obtuvo de la maqueta para encontrar el juguete en
la habitación. El último paso de esta prueba consiste en que el niño regresa a
la maqueta a buscar el juguete que originalmente vio esconder. Este paso es
importante para asegurarse que una pobre ejecución en la búsqueda en la
habitación no se haya debido a un olvido de la ubicación original del juguete
pequeño o a una falta de motivación en el juego.
Los
resultados de numerosos estudios realizados con esta prueba revelan un cambio
súbito, en un lapso de seis meses, en la competencia simbólica de los niños
(por ej.: DeLoache, 1987, 1989, 1991). A la edad de tres años, los niños son
capaces de reconocer la relación simbólica empleando con éxito la información
que obtuvieron de la maqueta en la habitación; su ejecución típica oscila entr
e 75 y 90% de búsquedas cor r ectas. Por el contra rio, los niños de dos años y
seis meses de edad no r econocen la relación simbólica modelo-habitación; su
nivel medio de búsquedas exitosas no supera el 20%. De for ma que, al no ser
capaces de detectar la r elación sím bolo-r eferente, los niños más pequeños
fallan a la hora de utilizar la repre- sentación del juguete que observaron
esconder en la maqueta como base para construir una representación mental de la
ubicación del juguete.
La
diferencia de ejecución entre ambos grupos de niños no puede ser atribuida a un
déficit en la memoria de los más pequeños, ya que el porcentaje de búsquedas
correctas en la maqueta (segundo paso de la prueba) es similar para los dos
grupos (alrededor de 80%). Sin duda, tampoco puede deberse a una ausencia de
habilidades simbólicas en los niños de dos años y seis meses. Aún antes de esta
edad los pequeños hablan, utilizan gestos y juegan simbólicamente, empleando
objetos para representar cosas y situaciones ausentes (por ej., Haight y
Miller, 1992; Harris y Kavanaugh, 1993; Peralta de Mendoza, 1994).
El
origen de las dificultades para alcanzar el insight representacional en los
niños más pequeños se puede explicar a partir de lo que se ha denominado representación dual (DeLoache, 1987). Para
resolver con éxito la prueba, los niños deben representarse la maqueta como un
objeto ,y al mismo tiempo, como símbolo de la entidad que representa. Sin
embargo, los niños pequeños se inclinan a comprender y usar la maqueta en
términos de su realidad física, ignorando su función simbólica. Los niños ven
el símbolo como un objeto concreto, interesante y atractivo en sí mismo, lo que
les impide ver a través de él a su
referente.
El
impacto de la representación dual ha sido estudiado en diversas investigaciones
sobre la comprensión infantil de objetos simbólicos, fundamentalmente empleando
maquetas y fotografías. Por ejemplo, en uno de estos estudios (DeLoache y
Marzolf, 1992) se permitió a los niños de tres años jugar libremente con el
modelo unos minutos antes de administrarles la prueba maqueta-habitación, la
cual resuelven con facilidad. Esta variación en la tarea disminuyó
significativamente el desempeño infantil (44%), en comparación con un grupo de
niños que no tuvo esta experiencia extra antes de resolver la pr ueba (77%). En
línea con la hipótesis de la representación dual, estos resultados muestran que
la posibilidad de jugar con la maqueta y manipular su contenido incrementa su
impacto como objeto concreto oscurenciendo de esta manera la detección de su
naturaleza simbólica. Según la hipótesis de la representación doble, si se
reduce el impacto de las carácterísticas físicas del objeto simbólico debería
ser más sencillo para los niños de dos años y seis meses reconocer su función
representacional. Para disminuir el impacto de la maqueta como objeto concreto,
se la colocó detrás de una ventana (en una especie de teatro de títeres), donde
los niños no podían tocar el modelo o su contenido. Los niños sólo observaban
al experimetador que señalaba el escondite correspondiente en la maqueta y
luego debían buscar el juguete en la habitación. Esta condición ayudó a los
niños a reconocer la relación simbólica al tomar distancia física y mental de la
maqueta como objeto en sí mismo. Su ejecución (54%) fue superior en relación
con el pobre rendimiento (15%, 20%) que los niños de esta edad muestran en la
prueba clásica maqueta-habitación (DeLoache y Marzolf, 1992).
Si
lo que interfiere con la apreciación que los niños hacen de la maqueta en tanto
símbolo es su naturaleza concreta tridimensional, la tarea debería
simplificarse al utilizar un medio puramente simbólico, como una fotografía. A
pesar de que una fotografía es también un objeto concreto, no posee otro papel
más que el de ser una representación simbólica. Por lo tanto, en este caso no
se requeriría una representación doble. Para probar este supuesto, en una serie
de estudios (DeLocahe, 1987, 1991; DeLocahe y Burns, 1994) la información
acerca del juguete escondido fue transmitida por medio de una fotografía,
siendo la predicción que la ejecución de los niños de dos años y seis meses
mejoraría. Esta predicción es contraria a la visión corriente sobre la mayor
eficacia para transmitir información a los niños de los objetos
tridimensionales, que ellos pueden manipular sobre las fotografías y los
dibujos. Los resultados mostraron una mejoría significativa en la ejecución
infantil, confirmando la hipótesis que una fuente de dificultad que tienen los niños
de dos años y seis meses se relaciona con la necesidad de mantener una
orientación doble hacia la maqueta.
Si
bien a los dos años y seis meses los niños comprenden la relación fotografía referente,
a los dos años no muestran evidencia alguna de realizar esta conexión simbólica
en la prueba de búsqueda (DeLoache y Burns, 1994; Peralta y DeLoache, 2004). De
lo anterior se desprende que en el transcurso del ter cer año de vida se
observa un cambio sustancial en la capacidad de comprensión infantil de fotografías,
cambio que también se produce en la comprensión de otro medio simbólico
bidimensional: el video. Recién a los dos años y seis meses los niños son
capaces de utilizar la información que obtienen vía una imagen de video para
resolver la tarea de búsqueda (Troseth y DeLocahe, 1998). Estos patrones son
notablemente similares al rápido desarrollo que tiene lugar seis meses más
tarde para los objetos simbólicos tridimensionales como las maquetas.
Estos
estudios también han revelado que existen diversos factores que actúan en
conjunto, y que facilitan u obstaculizan la comprensión infantil de un objeto
simbólico dado.
Interjuego
de factores: similitud, experiencia, instrucción
Uno
de los factores que afectan la comprensión de objetos simbólicos es la similitud
o iconicismo, es decir, el grado en que un símbolo es físicamente similar a su
referente. A mayor similitud física entre una maqueta y el espacio que ella
representa, más sencillo será para los niños reconocer que ambas entidades
están relacionadas simbólicamente. Para que los niños de tres años sean capaces
de detectar la correspondencia entre una maqueta y la habitación que ésta
representa, es necesario que los objetos de ambos espacios sean idénticos
—salvo por su tamaño— y respeten la misma disposición espacial. Si la similitud
entre los espacios se incrementa, aunque disminuya la diferencia en tamaño
entre ellos (de una escala 1:7 a una escala 1:2), los niños de dos años y seis
meses logran reconocer y utilizar la relación maqueta-espacio mayor (DeLoache,
Kolstad y Anderson, 1991).
Cabe
destacar que el efecto facilitador de la similitud en la detección de una
relación simbólica no es un simple problema de identidad perceptual entr e el
símbolo y su r efer ente. Estudios sobr e razonamiento por analogía evidenciar
on el papel de la similitud física en el acceso a representaciones afines; a
mayor similitud entre una situación y otra, más fácilmente la representación
mental de la primera pr omoverá el acceso a la r epr esentación de la segunda
(Gentner , 1989; Gentner y Namy, 1999).
Según
Gentner y cols., los procesos de comparación presentes en el razonamiento
analógico promueven el insight en procesos cognitivos más profundos o de orden
superior com,o por ejemplo, el insight simbólico. Estos autores denominan
“salto relacional”a la progresión que se produce desde la apreciación de
similitudes directas entre objetos hasta la apreciación de similitudes entre
las relaciones que mantienen los objetos. El proceso de comparación constituye
la ruta a partir de la cual los niños lograrían alcanzar un conocimiento
relacional (Lowenstein y Gentner, 2001; Salsa y Peralta, 2007).
Como
DeLoache (2002) señaló, las pruebas de búsqueda en sus estudios constituyen,
esencialmente, problemas de razonamiento analógico en los que los niños deben
realizar inferencias desde la base —es decir, el símbolo— hacia el blanco; en
estos casos, la habitación.
Otro
de los factores que operan promoviendo el insight representacional es la
experiencia que el niño tiene con símbolos. Al hablar de experiencia simbólica
nos referimos tanto a la experiencia con símbolos en general, ligada a la edad,
como a la experiencia específica previa con símbolos similares en contextos
particulares.
Sin
duda, la edad influye en el progreso evolutivo de los niños, incluyendo las
habilidades verbales, la flexibilidad cognitiva y el control ejecutivo sobre la
conducta. No obstante, también es posible pensar que la experiencia con
símbolos que los niños adquieren con la edad puede tener un impacto en la
adquisición de los sistemas externos de representación. La cantidad y calidad
de experiencias en actividades simbólicas tan comunes en la vida de los niños
—el juego de ficción, la interacción con libros y revistas con figuras, la
exposición a la televisión o a los medios escritos— ejercerían una influencia
relevante en el desarrollo de la comprensión de un objeto simbólico.
El
efecto de la experiencia simbólica específica ha sido claramente establecido en
una serie de estudios de transferencia. En estos estudios, un grupo de niños resuelve
primero una tarea en la cual normalmente a esta edad son exitosos. Uno o dos
días después se les administra una prueba más compleja, cuya resolución requiere
la detección de una r elación simbólica me nos obvia. Esta tarea más difícil es
resuelta ambos días por un grupo con- trol. Este tipo de diseño experimental
permite comprobar si los niños son capaces de mantener y transferir el insight
representacional alcanzado en la tarea más sencilla a una más difícil, que en
principio, por sí solos, no lo gran resolver.
Se
observaron efectos de transferencia a distintas edades (tres y dos años y seis
meses), entre tareas con maquetas de diferentes niveles de similitud per ceptual
y transferencia entre diversas clases de objetos simbólicos incluyendo
fotografías, maquetas, mapas e imágenes de video (DeLoache, 1991; Marzolf y
DeLoache, 1994). En uno de estos estudios, por ejemplo, la experiencia previa
en una tarea con una maqueta similar en escala al espacio que representa (1:2)
permite que los niños de dos años y seis meses tengan posteriormente éxito en
la prueba más difícil, con espacios mayores no similares en escala (1:7)
(Marzolf y DeLoache, 1994). A la misma edad, los niños demostraron también ser
capaces de resolver la prueba con maqueta y escala no similar gracias a la
experiencia previa en una tarea de búsqueda con fotografías (DeLoache,
1991).
Finalmente,
la instrucción definida como la cantidad y el tipo de información que se brinda
al niño acerca de la correspondencia entre un símbolo y su referente facilita y
promueve la comprensión de los objetos simbólicos.
Aunque
DeLoache y cols. estudiaron extensivamente el desarrollo de la comprensión
infantil de objetos simbólicos, la contribución que la instrucción del adulto
hace a este proceso evolutivo es todavía, en gran medida, desconocida. Es
precisamente en este aspecto en el que los trabajos de Peralta y cols. se han
centrado en los últimos años (Peralta y Salsa, 2003, 2004; Salsa y Peralta,
2007; Peralta y Maita, 2007). En estos estudios, el papel de la instrucción del
adulto se examinó variando la cantidad y tipo de información suministrada a los
niños en tareas de búsqueda con maquetas y fotografías.
La
instrucción no es un simple proceso de transmisión de información del adulto al
niño, sino que supone una transformación o reconstrucción del conocimiento del
niño en un contexto de aprendizaje (Lawrence y Valsiner, 1993). Por
consiguiente, para investigar el impacto de este factor es indispensable
identificar cuándo la comprensión de una herramienta simbólica puede
experimentar un proceso de cambio y, por lo tanto, ser sensible a la
intervención del adulto. Es por este motivo que la mayor parte de nuestras
investigaciones sobre el desarrollo de la comprensión simbólica de las maquetas
y fotografías se centra especialmente en niños de dos años y seis meses de
edad.
En
cuanto a los estudios con maquetas, el grado de similitud física se mantuvo
constante; se utilizaron dos espacios altamente similar es de escala pequeña (1:2) con el fin de facilitar la
tarea y estudiar así la detección de esta relación simbólica en niños menores
de tres años. Los resultados de estos estudios muestran que, si bien son
necesarios espacios pequeños y un nivel alto de iconicismo para que los niños
de dos años y seis meses resuelvan la tarea, esta simplificación de la prueba
no es suficiente: las limitaciones simbólicas de los niños más pequeños
necesitan ser compensadas con instrucciones explícitas y detalladas. Se analizó
también en detalle el tipo de información que promueve el acceso a la
comprensión simbólica. Se encontró que los niños de dos años y seis meses
precisan que el adulto señale, antes de iniciar cada búsqueda del juguete en la
habitación, el paralelismo de los acontecimientos que tienen lugar en ambos
espacios; esto es, que los juguetes están escondidos en los mismos lugares.
Parecería ser que en los niños muy pequeños interfiere en el logro del insight
representacional una dificultad para codificar y retener información sobre la
relación entre los espacios; el efecto central de la instrucción sería entonces
ayudar a los niños a mantener activa la representación mental de la relación
maqueta-referente.
También
se investigó si la experiencia específica previa con instrucciones completas
tendría efectos de aprendizaje y transferencia en la ejecución posterior de los
niños de dos años y seis meses en la misma tarea simbólica, pero sin
instrucción. Los resultados obtenidos revelan que el insight representacional
alcanzado con la instrucción explícita del adulto se mantiene y transfiere a
una tarea que los niños deben resolver por sí solos y que inicialmente está más
allá de la competencia simbólica independiente de estos niños. Esta evidencia
de transferencia es especialmente importante en tanto que refleja, por primera
vez en el marco del modelo teórico aquí discutido, la interacción entre
instrucción y experiencia específica previa en el desarrollo de la comprensión
y del uso de un objeto simbólico.
Con
respecto a los orígenes de la comprensión de fotografías, nuestras
investigaciones demostraron claramente la influencia de la instrucción. Si bien
diversos estudios muestran que a par tir de los 2 años y 6 meses los niños
comprenden y utilizan la función representativa de una foto en diferentes
situaciones de resolución de problemas (DeLoache y Burns, 1994; Harris, Kavanaugh
y Dowson, 1997), los resultados de nuestros estudios revelan que estos niños
pueden enfrentar serias dificultades a la hora de usar simbólicamente una fotografía
sin la guía de un adulto. Para resolver la tarea de búsqueda, los niños
precisan instrucciones explícitas: específicamente que se les señale que la
fotografía muestra el lugar donde el juguete está escondido. Sin esta
información, y a pesar que las fotos sean altamente icónicas y representen
objetos familiares, los niños no son capaces de construir a partir del símbolo
una representación mental de su referente que les permita inferir la ubicación
del juguete en la habitación. El apoyo instruccional permite a los niños usar
una representación bidimensional como fuente de conocimiento acerca de la
realidad.
Lograr
una comprensión de la función representativa de las fotos es indudablemente un
proceso lento en el desarrollo que involucra mucho más que reconocer su
naturaleza dual. Del mismo modo que para el desarrollo de la comprensión de
objetos tridimensionales como las maquetas, el insight representacional
alcanzado a los dos años y seis meses en la comprensión simbólica de
fotografías es tan frágil que los niños son en extremo sensibles a la
instrucción del adulto.
El
caso de los mapas
Las
investigaciones sobre los inicios del desarrollo de la comprensión de
representaciones bidimensionales menos icónicas que las fotografías, como los
mapas, son sumamente escasas. Los estudios sobre comprensión de mapas se
realizaron fundamentalmente con niños de edad escolar (e.g. Liben, 1999; Liben
y Downs, 1992; Uttal, 2000).
Si
bien los mapas son representaciones bidimensionales, a la vez presentan una
menor similitud en relación con sus referentes que las fotografías y los
dibujos, por ejemplo. En este sentido, sería interesante explorar cómo influye
el hecho de que los mapas sean objetos bidimensionales y , por ende, más
fáciles de comprender por los pequeños, con la dificultad que presentan en
tanto representaciones con bajo nivel de iconicismo.
Las
escasas investigaciones sobre la comprensión infantil de mapas han revelado que
a la temprana edad de tres años, los niños comienzan a apre- ciar algunos aspectos
de la correspondencia básica entre los mapas y los espacios que los mismos
representan. En uno de estos estudios, Marzolf y DeLoache (1994) examinaron el
uso de un mapa por parte de niños de dos años y seis meses utilizando una
versión de la prueba de búsqueda (DeLoache, 1987). Este estudio demostró que
los niños fueron capaces de transferir lo aprendido en una prueba en la que se
utilizaba una maqueta para transmitir la información acerca de dónde se
encontraba el juguete escondido, a una prueba análoga en la cual la información
se suministraba por medio de un mapa sencillo de la habitación. El mapa
consistía en una vista aérea de la habitación (podría ser equiparado a una
especie de plano). Los objetos representados, además de compartir la misma forma
y disposición espacial que sus contrapartidas reales, tenían el mismo
color.
En
una investigación pionera en el estudio de mapas, Bluestein y Acredolo (1979)
demostraron que a los cuatro años —a diferencia de a los tres— los niños
lograron completar una tarea de búsqueda usando un mapa simple que representaba
una habitación desde una perspectiva angular, cuyas figuras tenían el mismo
color que los objetos reales. La diferencia principal entre una prueba y la
otra, y que podría dar cuenta de los resultados, radica en los escondites
empleados en cada caso. Mientras que en el estudio de Marzolf y DeLoache (1994)
los objetos que servían como escondites eran claramente diferenciables tanto en
la habitación como en el mapa (cajonera, canasta, etc.); los escondites
utilizados por Bluestein y Acredolo (1979) eran cajas de color verde idénticas
unas a las otras, de forma que una figura verde en el mapa correspondía
perceptualmente a cualquiera de las cuatro cajas verdes de la habitación. Para
resolver la tarea, el niño debía utilizar información relacional, es decir, el
escondite correcto sólo podía ser diferenciado sobre la base de su posición
espacial. Este hecho posiblemente complejizó la tarea para los pequeños de tres
años.
Para
poder emplear un mapa en forma efectiva se requiere establecer conexiones
(mapeos) entre el conjunto de localizaciones en el mapa y en el espacio
correspondiente. Estos mapeos se pueden realizar con el uso de correspondencias
objeto-objeto superficiales y correspondencias espaciales más profundas (Uttal,
2001).
La
correspondencia objeto-objeto involucra una relación uno a uno entre una única
localización en el mapa y la correspondiente localización en el espacio
representado (Blades y Cook, 1994; Liben, 1999; Loewenstein y Gentner, 2001).
Las correspondencias espaciales, por su parte, involucran mapeos que tienen en
cuenta la posición espacial de los ítems. Razonar acerca de estas últimas
relaciones resulta ser una tarea muy difícil para los niños pequeños, quienes
interpretan las relaciones principalmente sobre la base de la similitud física
o perceptual entre dos objetos o conjuntos de conocimientos (Uttal, 2001).
Esta
idea tiene su correlato en una reciente línea de investigación sobre
razonamiento por analogía (Gentner y Markman, 1997; Gentner y Namy, 1999;
Lowenstein y Gentner, 2001; Namy y Gentner, 2002, etc.) Si bien tanto las
similitudes entre objetos como las relacionales pueden promover el mapeo —es
decir, potencialmente los pequeños podrían emplear ambos tipos de similitudes—,
existe evidencia de que confían primariamente en las similitudes objetales
(Baldes y Cooke, 1994; Marzolf y DeLoahe, 1994, etc.). Una vía de acceso a la
comprensión temprana de mapas estaría dada por la apreciación de similitudes
entre el símbolo y su referente. La similitud invitaría a la comparación, y
esta última conduciría a la apreciación de la estructura relacional común.
Como
subrayamos anteriormente, otra importante vía de acceso al insight simbólico
está dada por la instrucción del adulto. En un estudio sobre la comprensión
temprana de mapas (Peralta y Maita, 2007) se indicó a los niños, en un mapa
simple, el lugar donde fue escondido un juguete en una habitación,
proporcionándoles información explícita acerca de la relación
simbolo-referente. La instrucción es explícita en el sentido de que no sólo se
provee información completa y detallada acerca de la relación simbólica
mapa-habitación al comienzo de la prueba, sino que cuando el niño falla en la
primera de las seis subpruebas que se le presentan, se le enseña explícitamente
cómo utilizar el mapa para resolver la tarea. Mientras que a los dos años y
seis meses los niños no lograron comprender que el mapa y la habitación están
relacionados, a los tres años, en su mayoría, los niños lograron aprender la
relación simbólica mapa-habitación a partir de la instrucción explícita
brindada por el adulto y utilizarla para resolver el problema: encontrar el
juguete en la habitación. Es decir, a los tres años de edad los niños se
hallarían en un periodo crítico para la enseñanza de la función
representacional de un mapa, en el cual son sensibles a la información que le
proporciona el adulto sobre dicha relación. Se encontró también que, recién a
partir de los cuatro años, los niños fueron capaces de resolver esta tarea por
sí mismos, sin la instrucción del adulto.
Consideraciones
finales
Comprender
la naturaleza representacional de objetos simbólicos bidimesionales y
tridimensionales constituye un verdadero desafío cognitivo para los niños
pequeños. Los resultados de las investigaciones sobre comprensión y uso de
representaciones externas por parte de niños pequeños presentadas en este
artículo muestran los procesos evolutivos y las dificultades que los niños
pequeños manifiestan a la hora de interpretar y utilizar objetos simbólicos.
Estas
dificultades se relacionan, en principio, con una ausencia general de
flexibilidad. En un punto del desarrollo, los niños pequeños son capaces de
comprender una entidad sólo en términos de su realidad física y no como representación
de otra cosa; es decir, no son capaces de detectar la naturaleza dual del
objeto simbólico. Para comprender un objeto simbólico es necesario cierto nivel
de flexibilidad cognitiva que permita a los niños mantener dos representaciones
mentales activas al mismo tiempo y establecer relaciones entre una y otra.
También
se ha observado que el proceso de comprensión de la función representacional de
estos objetos no depende sólo de factores madurativos ligados a la edad del niño,
sino que el andamiaje que proporciona el adulto bajo la forma de instrucción es
crucial en algunos puntos del desarrollo.
La
instrucción del adulto puede facilitar y promover el insight simbólico al poner
en funcionamiento una serie de procesos que no podrían ser activados fuera de
un contexto de aprendizaje. En este sentido, la instrucción de- be ser
entendida como la mediación social y semiótica que permite al niño detectar una
relación simbólica. En el marco de los estudios presentados, la instrucción se
transforma en un proceso de tutoría dentro de lo que Vygotsky (1978) denominó
zona de desarrollo potencial, ya que la información, guías y apoyos que brinda
un tutor pueden desencadenar procesos cognitivos en determinados momentos del
desarrollo.
Por
último, los resultados de estas investigaciones permiten a su vez afirmar que
existen períodos sensibles o críticos en el desarrollo en los cuales los niños
serían sensibles a la intervención que proporciona el adulto, siendo posible en
esos casos el aprendizaje de la función representacional de un objeto simbólico
dado.
Autores
MARÍA
DEL ROSARIO MAITA: Instituto Rosario de Investigación en Ciencias de la Comunicación
( IRICE), Argentina.
OLGA ALICIA PERALTA: Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (Conicet), Argentina.
REFERENCIAS
Blades, M. y Cook, Z. (1994). “Young children’s ability to understand a model
as a spatial representation”, Journal of Genetic Psychology, núm. 155, pp.
201-218.
Bluestein, N. y Acredolo, L. (1979). “Developmental changes in
map-reading skills”, Child Development, núm. 50, pp. 691-697.
DeLoache,
J. S. (1987). “Rapid change in the symbolic functioning of very young
children”, Science, núm. 238, pp. 1556-1557.
——
(1989). “Young children’s understanding of the correspondence between a scale
model and a larger space”, Cognitive Development, núm. 62, pp. 121-129.
——
(1991). “Symbolic functioning in young children: Understanding pictures and
models”, Child Development, núm. 62, pp. 736-752.
——
(1995). “Early understanding and use of symbols. Current directions”,
Psychological Science, núm. 4 pp. 109-113.
——
(2002). “Early development of the understanding and use of symbolic artifacts”,
en U. Goswami (ed.), Blackwell handbook of childhood cognitive deve lopment ,
Blackwell, Oxfor d, pp. 206-226
——, Kolstad, D. V., y Anderson, K. (1991). “Physical similarity and young
children’s understanding of scale models”, Child Development, núm. 62 pp.
111126.
——
y Marzolf, D. P. (1992). “When a picture is not worth a thousand words: young
children’s understanding of pictures and models”, Cognitive Development, núm.
7, pp. 317-329. —— y Burns, N. M. (1994). “Early understanding of the
representational function of pictures”, Cognition, núm. 52, pp. 83-110.
Gentner,
D. (1989). “Mechanisms of analogical learning”, en S. Vosniadu y A. Ortony
(eds.), Similarity and analogical reasoning, Cambridge University Press,
Londres, pp. 199-241.
——
y Markman, A. B. (1997). “Structure mapping in analogy and similarity”,
American Psychologist, núm. 52 pp. 45-56.
——
y Namy, L. L. (1999). “Comparison in the development of categories”, Cognitive
Development , núm. 14 pp. 487-513.
Harris,
P. L., Kavanaugh, R. D. y Dowson, L. (1997). “The depiction of imaginary
transformations: Early comprehension of a symbolic function”, Cognitive
Development, núm. 12 pp. 1-19.
Lawrence,
J. y Valsiner, J. (1993). “Conceptual roots of internalization: from
transmission to transformation”, Human Development, núm. 36 pp. 150-167.
Liben,
L. S. (1999). “Developing an understanding of external spatial
representations”, en I. Sigel (ed.), Development of mental representation.
Theories and applications , Lawrence Erlbaum Associates, Nueva Jersey, pp.
297-321.
——
y Downs, R. (1992). “Developing an understanding of graphic representations in
children and adults. The case of GEO graphics”, Cognitive Development, núm. 7,
pp. 331-349.
Loewenstein,
J. y Gentner, D. (2001). “Spatial mapping in preschoolers: close comparisons
facilitate far mappings”, Journal of Cognition and Development, núm. 2 pp.
189-219.
Marzolf, D. P. y DeLoache, J. S. (1994). “Transfer in young children’s
understanding of spatial representations”, Child Development, núm. 64 pp. 1-15.
Namy, L. L. y Gentner, D. (2002). “Making a silk purse out of two sow’s ears:
young children’s use of comparison in category learning”, Journal of
Experimental Psychology, núm. 131, pp. 5-15.
Peralta, O. A. y DeLoache, J. S. (2004). “La
comprensión y el uso de fotografías como representaciones simbólicas por parte
de niños pequeños”, Infancia y Aprendizaje , vol. 27, núm. 1, pp. 3-17.
Peralta, O. A. y Maita, M. R. (2007). Teaching very young children the
symbolic function of a map, poster pr esentado en la segunda reunión bianual de
la Society for Resear ch and Child Development, Boston.
Peralta, O. A. y Salsa, A. M. (2003). “Instruction in early comprehension
and use of a symbol-referent relation”, Cognitive Development, vol. 18, núm. 2,
pp. 269-284.
—— (2004). “Desarrollo temprano de la comprensión
de objetos simbólicos: el papel de la instrucción”, Cognitiva, vol. 16, núm. 1,
pp. 57-71.
Salsa, A. M. y Peralta, O. A. (2007). “Routes to symbolization:
intentionality and correspondence in early understanding of pictures”, Journal
of Cognition and Development, vol. 8, núm. 1, pp. 79-92.
Troseth, G. L. y DeLoache, J. S. (1998). “The medium can obscure the message:
young children’s understanding of video”, Child Development, núm. 69, pp.
950965.
Uttal,
D. (2000). “Seing the big picture: map use and the development of spatial
cognition”, Developemtal Science, vol. 3, núm. 3, pp. 247-286.
——;
Gregg, V. H.; Tan, L. S.; Chamberling, M. H. y Sines, A. (2001). “Connecting
the dots: children use of a systematic figure to facilitate mapping and
search”, Developmental Psychology, vol. 37, núm. 3, pp. 338-350.
Vygotsky,
L. (1978). Mind in society. The development of higher psychological processes,
Cambridge University Press, Cambridge.