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Razones e ilusionesFederico Ling Sanz Cerrada*
Decidí escribir la semana pasada un artículo para ilustrar los orígenes
de mi gusto por la política y su práctica. Asimismo, relaté que había
sido mi padre quien me enseñó cómo hacerlo y de mi familia aprendí los
valores en los que creo. Y sobre dicha colaboración, el miércoles
pasado, por la tarde-noche pude platicar con Roberto Gil y me dijo que
había leído el texto y le había gustado; le pareció interesante y
sentido. No obstante lo anterior, le comenté que no había quedado del
todo satisfecho con mi propio escrito, porque habían faltado razones
para explicar un poco mejor por qué escribí aquello y me sugirió que en
este nuevo artículo argumentara mis incentivos en particular para
escribir aquello. Abundé un poco y le comenté a Roberto que su discurso
de esa tarde, en el que se despidió del presidente Felipe Calderón como
su secretario particular había sido, en el fondo, algo profundamente
parecido a lo que yo había intentado hacer en mi artículo anterior:
explicar los orígenes de nuestra motivación política, de nuestra
vocación y de nuestra actividad. Y posteriormente, fijar una meta, un
objetivo o un horizonte por el que queremos transitar y al que queremos
llegar algún día.
Creo que las convicciones más sólidas, para la
vida en general, son aquellas que surgen desde lo profundo de la
persona. Nadie puede imponer a otro un determinado estilo de vida, de
pensamiento o de acción. Las personas nos vamos configurando poco a poco
por aquello que aprendemos de quienes están más cerca y eso también se
complementa por la propia experiencia de vida. Esta mezcla de vivencias,
de aprendizajes y de sentimientos determina el modo de ser de alguien.
Habrá quien crea que la mayor parte es genética o química (y esto es, en
parte, cierto), pero la realidad es que esta mixtura de situaciones
internas nos hace ser como somos.
Roberto Gil le dijo al
Presidente de la República que quiere ser como él, un político valiente,
que es congruente con su propia convicción y actúa en consecuencia. Y
le dijo que desde hace algún tiempo, lo observaba en reuniones en Ciudad
Juárez, fijándose la meta de llegar a ser como él en algunos años. Yo
creo que Roberto llegará lejos también. Ya lo platicaremos cuando llegue
dicho tiempo. Pero justamente esto nos indica su origen, su meta y por
dónde quiere llegar a ella. Eso lo admiro, porque tiene claridad al
respecto, en tiempos donde los políticos no la tienen tanto. La semana
pasada yo intenté hacer lo propio, diciendo de dónde vengo y a dónde
voy. Cuando veía a mi padre en los mítines en la Plaza de Armas de
Durango, pensaba que quería ser como él. A lo largo de los años esta
convicción se fue reafirmando hasta que decidí entrar de lleno a la
política, desde la teoría y desde la práctica. No sé si las razones para
escribir estos artículos son lo suficientemente poderosas o
interesantes, pero son, al menos, aquellas que están dentro de mí y,
como dije la semana pasada, son lo mejor que tengo. El motivo de
compartir esto es, entonces, porque uno quiere compartir con los demás
lo mejor que tiene. Y mi convicción sincera es que la sociedad, el país,
la economía y la política serán mejores en la medida en la que cada
quien actúe éticamente conforme a sus convicciones personales, porque es
lo mejor que tenemos, y además, es lo más fuerte.
Hoy sigo
viendo a mi padre como mi ejemplo a seguir. Así como le dijo Roberto Gil
al Presidente que quería ser como él, yo le quiero decir a mi padre que
quiero ser como él cuando "sea grande". Uno jamás es suficientemente
grande para dejar de tener modelos a seguir. Mi padre ha sido mi modelo
esencial y lo seguirá siendo. Y para terminar, también puedo añadir que,
si me dan a escoger actualmente, también quiero ser como Roberto: un
político joven y eficiente, con convicciones y sumamente carismático.
www.federicoling.com y @fedeling
*Maestro en Análisis Político y Medios de Información.