Hemos dejado las letras a un lado, las ideas
se han posado sobre el retrete y al soltar el agua se han marchado ahogadas
entre la peste del hombre y su almuerzo. Después de esto, los versos de los
poemas, de los cuentos y los capítulos de las novelas han surgido por arte de
magia, la mano se mueve azarosa, tiembla por la cantidad de energía que de ella
brota. ¡Hemos creado una obra de arte!, ¡las masas se regocijarán frente a
nosotros por tan magnánimo hecho!
─¿En qué te has inspirado? (es la pregunta típica
del periodista tonto).
─Las musas han venido a mí, ellas han puesto
en mi cabeza lo que he escrito (es la respuesta típica de un escritor
superficial).
Absurda, tonta y poco inteligente es esa
respuesta. Las grandes creaciones literarias son pensadas, meditadas,
construidas en la cabeza. Con el tiempo, los libros y el día a día se van construyendo
obras literarias que tiene una fuerte crítica social. Hay que desconfiar del
escritor que le atribuye sus obras a un momento de inspiración, pues esto
muestra que lo escrito no fue detenidamente pensado, que fueron versos irresponsablemente.
Cuando yo empiezo a escribir no creo
en la inspiración, jamás he creído en la inspiración, el asunto de escribir es
un asunto de trabajo; ponerse a escribir a ver qué sale y llenar páginas y
páginas, para que de pronto aparezca una palabra que nos dé la clave de lo que
hay que hacer, de lo que va a ser aquello (Rulfo, El Desafío de la Creación).
Lento es el trabajo del escritor; borrador
tras borrador, hoja rota tras hoja rota, la responsabilidad ante todo. La
creación literaria no es una actividad irracional e inconsciente. Tras cada
texto hay algo más, entre líneas están expuestas otras cosas. Un verdadero escritor
es consciente de lo que escribe, cada palabra cumple una función que no podrá
cumplir en otra línea del texto, cada concepto es manejado detenidamente para
fortalecer o debilitar un argumento
Pero ¿qué ha pasado con el escritor de hoy?,
¿de dónde salen sus textos?, ¿de los argumentos trabajados fuertemente o de la
magna inspiración? ¿La literatura latinoamericana de hoy está al borde del
abismo o ya ha caído en él?
Al ver los estantes en las librerías creemos
estar muy cerca del fin de la literatura latinoamericana. Al escuchar al director
de SoHo afirmando que esa no es una revista de entretenimiento sino de
literatura, la piel se eriza, y la nostalgia nos invade, volvemos la cabeza a
nuestra biblioteca y buscamos en ella alguno que otro texto que nos recuerde
las buenas épocas de la literatura latinoamericana, Gabo, Monterroso, Rulfo,
Cortázar, Quiroga, Bolaño; tratamos de aferrarnos a ellos e intentamos olvidar
a los “grandes” escritores de SoHo.
La mano encuentra algo diferente en la
biblioteca, en el agáchese, en los estantes escondidos de las librerías,
autores lejanos del Jet Set de la literatura, de SoHo y de las revistas “literarias”
afines. Encontramos a algún peruano, chileno, colombiano, mexicano; alguien de
esta época que ha escrito algo diferente. La literatura no ha caído en el
abismo, está en el borde, pero hay un pequeño puente entre montaña y montaña
para que la buena literatura que se escribe pueda pasar y seguir su camino.
Algunos han acudido a su imaginación, a las
herramientas que han construido en la academia y en la vida. Estos escritores
han seguido el legado que escritores que les precedieron han dejado,
específicamente los del boom latinoamericano. No decidieron ser cortacianos,
borgeanos, rulfianos, pero sí tener en cuenta parte de lo que ellos
construyeron para seguir escribiendo al mundo, al hombre.
Estos autores tomaron la premisa de
Monterroso: «en literatura no hay nada escrito» (Decálogo del Escritor), muchos
han escrito y reescrito los temas que nos intrigan (hombre, amor, muerte,
angustia, soledad, vida, poder, sexo), pero no todo ha sido plasmado en un
papel, puesto que cada época y cada lugar son diferentes, y los hombres no son
los mismos a través de la historia, aunque los temas serán siempre los mismos,
el modo de contarlos cambia, cada generación utiliza de manera diferente el
lenguaje, los símbolos no significan lo mismo, cambian de significado. La
cuestión es abordar dichos temas de manera diferente. Esto no quiere decir que
lo escrito antes no sea válido, por el contrario, ratifican el hecho de que
cada época habla diferente.
Es cierto que al leer libros como La culpa es de la vaca, Técnicas de masturbación entre Batman y
Robín, El Alquimista, Los caballeros las prefieren brutas
entre otros tantos miles, pensamos que la verdadera literatura es la que se
escribió antes de los años 70, que después todo empezó a degradarse. Cuando se
ven esos textos se piensa: ¿es que ya no hay nada que contar, todo está
escrito, ya no hay escritores? Eso no es así, mientras exista el hombre, la
literatura será parte esencial de él y del mundo en el que habita, pues la
necesidad de sentirse contado, de crear nuevos mundos dónde refugiarse de la
realidad que nos aplasta y cansa, estará siempre presente.
Las vanguardias literarias de hoy tienen que
continuar con la ardua tarea de ir contra el sistema, de crear, no sólo mundos
posibles, sino que a través de estos la crítica social debe estar siempre presente.
No se puede pretender solamente cambiar el mundo, es necesario escribirlo,
contarlo.
La toma de posición de los autores de hoy en
día debe estar fuertemente cimentada y no tener como pilar la inspiración,
concepto que hace que la literatura sea una creación irracional, inconsciente y
por ende irresponsable. La literatura creada de manera responsable está lejos
de la inspiración. La labor de los escritores de este siglo es pesada, no
buscar arduamente la fama y tratar de que las leyes del mercado no corrompan su
obra:
Las leyes del mercado son
inexorables, y no somos los escritores de cuentos ni los poetas ─hermanos en
este negativo destino─ quienes vamos a cambiarlas. Pero como decía el
Eclesiastés refiriéndose a la Tierra, generación va y generación viene: mas el
cuento siempre permanece (Monterroso, Discurso de recepción del premio Príncipe de Asturias).
Hay mucho por escribir. El trabajo ahora es
crear nuevas formas de hacerlo, buscar maneras diferentes de crear mundos,
zafarse de los modelos que se han utilizado hasta ahora. La literatura ha
tomado un nuevo camino, pero muchos no se han dado cuenta de ello. Así lo
afirma Monterroso hablando del cuento, «ciertos cuentistas aún no se han
enterado de su evolución, y al escribirlos todavía siguen el cumplimiento de
antiguas reglas, como aquella de la exposición, el nudo y el desenlace, cuando
no la del final sorpresivo» (Discurso de recepción del premio Príncipe de Asturias). La teoría que actualmente acompaña la literatura tiene nuevos argumentos, nuevas estructuras, es claro que no se deben ignorar las teorías precedentes, pero tampoco hay que aferrase a ellas.
Los cuentos de Jorge Franco son muestra de lo
viva que se encuentra la literatura en Latinoamérica, es uno de esos escritores
nuevos que ha tomado un camino diferente en este arte. Quizá él haga parte de
las vanguardias actuales, aunque no es muy claro por dualismo en el que se
encuentra su literatura, entre novelas de fama escritas para cine y entre los
cuentos con una nueva perspectiva.
Franco se ha dado cuenta de lo que Monterroso
decía en uno de sus discursos: «La vida es triste. Si es verdad que en un buen
cuento se encuentra toda la vida, y si la vida es triste, un buen cuento será
siempre un cuento triste» (Discurso de recepción del premio Príncipe de Asturias). Quizá una de las cosas que le falta a Franco es una toma de posición, frente a la literatura, mucho más clara y no tan disimulada, como lo ha hecho hasta ahora.
Es otra la postura de Roberto Bolaño, una más
cruda, dispuesto a defender su literatura y la literatura. Fuerte crítico de
escritores de poco talante, de escritores de pluma ligera. Así lo muestra en
una de sus últimas entrevistas:
─¿No cree que si se hubiera
emborrachado con Isabel Allende y Ángeles Mistretta otro sería su parecer
acerca de sus libros?
─No lo creo. Primero, porque esas
señoras evitan beber con alguien como yo. Segundo, porque yo ya no bebo.
Tercero, porque ni en mis peores borracheras he perdido cierta lucidez mínima,
un sentido de la prosodia y del ritmo, un cierto rechazo ante el plagio, la
mediocridad o el silencio (Bolaño, 2003: La última entrevista de Roberto Bolaño «Estrella distante»).
Ya que los críticos que los medios promueven
no tiene el suficiente filo en su lengua y sus palabras para poder llamar a las
cosas como son, es deber de los escritores ser capaces de criticar a otros escritores
contemporáneos, sin temerle a las maquinarias industriales que respaldan al
criticado.
Función principal de los escritores de las
nuevas vanguardias es ir contra los discursos de poder y no dejar que la
literatura que construyen sea absorbida por ellos, crear literatura donde la
realidad se vea fuertemente influenciada por la subjetividad de los personajes,
donde la fantasía sea el lente que muestre la realidad en la que vivimos.
Escribir no es una facultad puesta en la
cabeza de ciertos hombres por los dioses, la inspiración ya no es un argumento
válido en el cual el autor puede esconderse. La literatura es una labor que se
debe desempeñar de modo responsable y riguroso. Escribir es algo que cualquiera
puede hacer, pero escribir bien son muy pocos los que logran hacerlo, puesto
que para ello se necesita de un discurso lo suficientemente sólido en el cual
basarse, es un trabajo arduo, aunque no lo parezca, escribir es un arte; «ser
escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por
antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de
día y de noche» (Monterroso, Decálogo del
escritor).
Twitter: Miguel_AngelC
Facebook: Palabras Sucias
Página web: palabras-sucias.com