La antítesis de la inconsciencia: ¿Cuál es?
Escuchamos siempre con un placer algo morboso las revelaciones entregadas por los medios de comunicación acerca de los escándalos protagonizados por los sacerdotes, por los pastores, en fin por los que sean considerados públicamente líderes espirituales.
¡Pecador, afortunado! Se creen con derecho a colocarle rótulos con ecos de aprobación o desaprobación, protestan en desagravio de las ofensas y pelean la estúpida guerra de las religiones, se desgastan intentando demostrar su arrepentimiento aun cuando algunos, pero no todos dicen: “No voy a pedir perdón por estar enamorado”, o “Decidí retirarme de la vida religiosa, porque descubrí que el ascetismo, o el celibato, o cualquier otra circunstancia no son mi vocación” entonces sufren porque sus peligrosas ilusiones respecto a la religión tambalean.
“Tenemos que salir de él (sentencia la sociedad); él dice la verdad; no tiene miedo”. No se necesita la conciencia (conocimiento interior del bien y el mal) cuando se tiene consciencia (conocimiento intuitivo que tiene un individuo de sí mismo y del medio que lo rodea. DRAE).
Oprima un botón y obtendrá una reacción de acuerdo a sus inseguridades. Algunos piensan: ¿Cómo nos pudo fallar? Prefieren etiquetar a estas personas como pecadoras a decir: Yo estaba equivocado. Confiamos en la opinión preconcebida de los demás y ellos no son culpables de eso.
Santa Teresa decía: ¡Dios líbranos de los hombres santos, si no fueran tan santos sería más fácil mostrarles que están equivocados! Jesús proclamó la buena nueva, y fue rechazado. No por buena, sino por nueva. Somos distintos de los demás – por ejemplo de los sacerdotes – o de los pastores- sólo en lo que hacemos o no hacemos, no en lo que somos. Comprendiendo las cosas cambiarían. Usted no comprende lo que juzga. Y esto parece entenderlo solo aquellos hombres conscientes que no juzgan a nadie, que solo se limitan a comprender a las personas y a mirarlas a los ojos. Lo comprobé cuando después de las satíricas preguntas de los periodistas, ¿Por qué fue a un lugar público? ¿Quería que lo vieran? ¿Por qué decidió retirarse del sacerdocio? El que tiene a Dios en su corazón sabe que Dios los mira y es lo que importa.
El peligro de la religión es cuando el culto es más importante que el amor (al prójimo, a Dios, a sí mismo), cuando la iglesia es más importante que la vida. Si fueran hindúes, católicos, protestantes o musulmanes, yo les diría: “sus sacerdotes, sus pastores, su Ayatollah y sus mullahs no querrán oír esto, pero a Dios (sea cual sea su idea de Él) le gustaría más que se transformaran en personas llenas de amor que la adoración que le rindan y decir