¡Que manera de avanzar la ciencia a pasos agigantados! Hace apenas unos días conversábamos del promisorio avance en la medicina regenerativa representado en el hallazgo del investigador japonés Shina Yamanaka y cols. al demostrar, en el 2006, que es posible reprogramar genéticamente células ya diferenciadas y devolverlas a un estado propio de las células pluripotentes. Este experimento en ratones abrió una enorme brecha esperanzadora al obtener tejidos del propio paciente (autólogos) que pudieran colocarse en los órganos dañados recuperando el pronóstico de muchas enfermedades sin temor al temido rechazo inmunológico.
Sin embargo, a pesar del gran descubrimiento debemos ser realistas y revisar lo que ha ocurrido en este tema 5 años posteriores a que Yamanaka descubriera este método.
El Gran problema que se observó a poco andar de éste descubrimiento es que se encontraron varias lesiones mutantes en las células inducidas. Se sabe que las células madres embrionarias (hES) tienen una capacidad intrínseca de formar ciertos tumores (teratomas).
De la misma forma, las células madres pluripotenciales inducidas (hiPS) puden adquirir mutaciones indeseadas casi imperceptibles que al reprogramarse viran a tejidos funcionalmente alterados. Por tanto para tener absoluta seguridad de que esto no ocurra se requiere un control de calidad cuya tecnología resulta altamente costosa.
Entonces, mientras no se sepa si estos cambios genéticos reprogramados apenas perceptibles tienen alguna alteración funcional, sería desacertado utilizar las células hiPS clínicamente en humanos. Estos hallazgos fueron un balde de agua fría al optimismo reinante tras los experimentos de Yamanaka..
Sin embargo, en Enero del año pasado (2010), el equipo del Dr. Marius Wernig de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford, dio a conocer un nuevo gran avance en las posibilidades de la Medicina regenerativa sin utilizar células madre embrionarias (hES) ni de otras procedencias (hiPS), constituyendo una llamativa demostración de flexibilidad celular. En su trabajo el Dr. Wernig produjo neuronas funcionales a partir de fibroblastos (células iN = Neuronas inducidas), sin pasar por la etapa intermedia de células pluripotentes, según se publicó en el Nature.
La pregunta que se formuló el Dr. Wernig es “«¿podemos pasar de fibroblastos de piel directamente a neuronas?», y la respuesta es afirmativa al lograr con éxito una reprogramación directa sin marcha atrás hacia el riesgoso estadio pluripotente”. Es decir, una transformación de un tipo celular, fibroblastos hacia otro distinto, células nerviosas.
Este nuevo gran avance de Wernig, tiene dos grandes ventajas: permite omitir los riesgos de las células pluripotenciales inducidas (hiPS), cuales son los teratomas o alteraciones funcionales y por otra parte evita el cuestionamiento ético de la producción de embriones con capacidad de desarrollo.
La desventaja es que estas células neuronales inducidas (iN) no tienen una capacidad de expansión por lo cual la cantidad de tejido terapéutico resulta insuficiente.
En Noviembre de 2010, el Dr. Mickie Bathia, de la Universidad canadiense McMaster, en Hamilton (Ontario), demuestra la obtención de células sanguíneas a partir de células de piel, sin pasar por el estado de células pluripotentes (ihPS). Las células producidas fueron de las tres series sanguíneas: glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas lo cual representa resultados cuantitativa y cualitativamente alentadores.
Los experimentos hechos hasta ahora han sido en animales (ratas). La siguiente prueba es la de intentar trasplante a seres humanos, aunque esto habrá de esperar hasta despejar todas las dudas pendientes.
Hasta que se resuelvan los problemas planteados en estos experimentos, la falta de expansión de estas células, la no diferenciación epigenética y el control de la inserción de los genes en regiones seguras de su genoma, habrá que seguir investigando.
El avance exitoso de estos hallazgos podrá resolver, más temprano que tarde, la reparación de tantos tejidos dañados como sea posible con aplicaciones tan atractivas como el desarrollo de modelos para estudios de terapias de enfermedades específicas. Las aplicaciones biomédicas no serían útiles solo para las enfermedades neurodegenerativas, como la enfermedad de Parkinson, sino además para otras enfermedades que afectan a la actividad neuronal del cerebro, como la depresión, esquizofrenia o incluso trastornos autistas. Resueltos los problemas bioéticos de la utilización de los embriones, estamos ad portas a lo que puede ser una nueva y esperanzadora etapa de la medicina regenerativa, que comenzó a finales del 2006, con las extraordinarias investigaciones del Dr. Yamanaka.
De acuerdo a lo expuesto podemos destacar como la ciencia médica avanza a pasos agigantados y abre la esperanza cercana de una nueva era que cambiará el concepto de la medicina del futuro.