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La Impronta de la Cooperación


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17/02/2017

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¿Qué duda cabe de vivir en un sistema estresante, con un crecimiento de la violencia y la depresión, con una sensación de indefensión creciente, a merced de facinerosos que administran y profitan de un modelo depredador de la naturaleza, de las familias y de las personas?




Sin embargo, es preciso salir del agobio, mirar las posibilidades de cambiar tu entorno. Ser inteligente es tener la capacidad de revertir situaciones negativas para convertirlas en oportunidades de mejoramiento. Suena a eslogan de coaching, pero es la experiencia de haber vivido situaciones límite y haber sabido remontarlas con éxito. Las personas y las familias que sobreviven a las condiciones de un sistema de capitalismo salvaje, son las que tienen la capacidad de mantener espacios para relacionarse a escala humana, en base de valores como la confianza, pero sin descuidar las alertas tempranas para eludir la trampa, la deslealtad que se cruza como peste de las organizaciones sociales.

Cuando el canibalismo se toma como una conducta de “competitividad” , la sociedad declina, se pierde la ética pública y privada. Cuando esos depredadores reciben el obsecuente aplauso de seguidores a conveniencia, estamos en un cuadro grave de descomposición de la democracia. Con la política alejada de los principios de austeridad, probidad y servicio público, más la influencia perversa de operadores económicos que deslealmente actúan desplazando a competidores vía cohecho, colusiones, monopolios, carteles, estamos enfrentados a una debacle anunciada, con situaciones de abusos, impunidad que, tarde o temprano revientan en convulsiones sociales rupturistas, demoledoras.

¿Cuál sería una actitud responsable de la ciudadanía frente a este decaimiento moral de la sociedad?

Primero que nada, evitar caer en el fatalismo, en el pensar que nada se puede hacer, en que mejor no me meto, que todos roban igual, que a mí nadie me regala nada, que no me meto en política.

Segundo, hacer el esfuerzo de generar redes de confianza cívica, de convergencia en aspectos fundamentales, como el concepto ético de Decencia, de respeto mutuo, de deberes más que derechos. Capacidad de expresar en esas redes un compromiso sincero de sumarse a acciones cívicas, declinando dogmas, actuando con tolerancia, sin imponer ideas, pero sin transigir principios fundamentales.

Avanzar como en las catacumbas de los primeros cristianos en una colaboración genuina, que rescate una dimensión humana dentro del imperio de la codicia. Buscar acciones de acercamiento después de medio siglo de confianzas tronchadas por el miedo, volver a creer, correr el riesgo de sentarse codo a codo con el que ayer quizá fue tu adversario, obviar los egos e individualismos.

Compartir, otro verbo difícil de aplicar, tratar de dar pero evitando a los aprovechadores que pululan en el juego propio del sistema populista. colocar algunos requisitos de ingreso a una red invisible de pertenencia: buscar un mínimo común denominador en cuanto a actitudes personales para interactuar en colaboración.

Generar un comportamiento de respeto mutuo. Destacando el trabajo, el emprendimiento, la empresa que opera de manera limpia, evitando descalificaciones torpes que quieren el conflicto antes que la construcción de dimensiones colaborativas.

¿Qué diferencia puede haber entre un pequeño comerciante que paga patentes e impuestos y un trabajador asalariado? Ambos laboran, uno por cuenta propia, en su negocio o empresa y el otro remunerado por su oficio, profesión y competencias. Las diferencias reales son entre ese sector medio esforzado y los poderes económicos que manejan este país, que han comprado a los políticos, que nos venden una democracia representativa fofa, con leyes secretas o medidas decretadas en las cúpulas, atentando siempre contra los ciudadanos de esfuerzo, la clase media esclavizada a una dominación salvaje y cínica.

En la colaboración se pueden articular acciones de peso cívico. Generar coordinaciones para ejercer el poder del consumidor y castigar a empresas que se coluden, que roban vía legal, con leyes a su medida, que depredan el país.

La potencialidad de la No Violencia Activa es sideral, basta con ver el caso de Rumania, las movilizaciones en España, Francia o Brasil contra la corrupción. Sólo basta la decisión personal, familiar, barrial, comunal de defender la dignidad y avanzar , de a poco, en una convivencia entre personas libres, capaces de torcer los destinos que nos han impuesto a fuerza de eufemismos, los que manejan este país, sus socios, cómplices y sicarios.

Colaborar es un desafío ciudadano. Nadie es Mahatma Ghandi ni Martin Luther King, somos simples ciudadanos que creemos en nuestras capacidades y hemos comprobado en nuestras vidas que si los buenos se unen, el mal deberá replegarse. La Unión hace la Fuerza.





Periodismo Independiente, Hernán Narbona Véliz, 17/02/2017 @hnarbona en Twitterartículo

Etiquetas:   Corrupción   ·   Política   ·   Democracia   ·   Sociedad   ·   Soberania
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